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Wikileaks desnuda a la CIA con archivos secretos que dejan KO al gobierno de Trump

10/03/2017 07:47 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Según el portal Wikileaks al que le ayudaron Maning y Snowden con datos de los archivos de los instrumentos de espionaje de la CIA, "el gobierno de EEUU se excede en sus atribuciones y en el mandato oficial de seguridad” y Assange los ha sacado a la luz pública

De todo lo que se ha publicado en los últimos años, olvidando ya el espionaje de la segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría lo más interesante y notable se lo debemos a la audacia de un joven de 29 años con una cierta obsesión por el espionaje llamado Edward Snowden. No es ninguna  novedad que la privacidad ha desaparecido. Somos constantemente objeto de la mirada de alguien curioso que quiere saber nuestras intimidades y últimamente nuestros secretos " industriales". Y no digamos, el poder como por ejemplo en los días del franquismo en que hasta los propios profesores y maestros registraban nuestras carpetas y revisaban los cuadernos. Pero globalmente el espionaje norteamericano o ruso se llevaron la palma en periódicos y novelas de ficción, en torno al espionaje.  Hoy entre esos muchos que nos observan está en cabeza el Gobierno de Estados Unidos, por medio de la CIA, el FBI, el NSA y todas las siglas que se puedan imaginar.

EE UU es la mayor potencia económica y militar del mundo. Tiene intereses planetarios, tropas y bases en los cinco continentes. Drones en cualquier esquina. Es el objetivo declarado número uno del terrorismo internacional, que le demostró sus intenciones y recursos el 11 de septiembre de 2001. Ha sido blanco de numerosos ataques cibernéticos por parte de su gran rival en el mundo, China. Es el país que inventó Internet y en el que han nacido y residen Google, Microsoft, Facebook, Apple, Twitter y otras marcas de menos renombre que dominan la actividad en la Red. Tiene, por tanto, los motivos y los medios para estar de guardia y el gobierno de EE UU, en colaboración más o menos voluntaria con esas empresas tecnológicas que nacieron en Sillicon Valley, posee toda la información existente en Internet, y accede a millones de datos con el propósito de localizar a sus presuntos enemigos y amigos y a los que no le gustan. Un ejemplo muy reciente podría ser la Cuba de Fidel Castro, o Corea del Norte.

Ese omnipoder cae mal entre mucha gente y más entre los que están metidos en él porque están empleados como analistas, traductores o intérpretes, para ganarse la vida. Pero el juicio de éstos puede producir resultados distintos a los que sus amos desean, si observan su trabajo desde un concepto liberal e individualista, en cuyo caso el veredicto es severo, o desde una idea opuesta al papel autoritario del Gobierno, y la reacción puede ser nociva para éste, pues de hecho se convierten en infiltrados y roban datos..

¿Qué es lo que estaba en juego en el caso del joven Edward Snowden, que se llevó miles de dossiers de la NSA e hizo públicos, en parte, en 2003?. ¿Qué es lo que realmente produjo en él una reacción inesperada para sacar a relucir ante el mundo parte de sus datos secretos que el gobierno consideró como espionaje pero el ciudadano normal los juzgó como revelación providencial que les abrió los ojos ante la realidad del mundo?.

 El norteamericano medio agradeció saber algo, gracias primero al soldado Chelsea Manning, que le reveló el interior de cosas que no estaban en los periódicos, sobre todo de la NASA, del FBI, de la CIA, de la Agencia Nacional de Seguridad, del Departamento de Estado. De estas instituciones sin rostro y de lo que decían, que eran dogmas para el ciudadano de a pie, fue Chelsea Manning el que habló muchas verdades. La gente se enteró que lo que decían Bush, el pentágono y la Casa Blanca y los poderosos eran sólo medias verdades o simples mentiras. Guantánamo era un campo de concentración, un centro de torturas. Lo que de verdad ocurrió en las Torres Gemelas, un gran montaje, sin resolver aún. El Gobierno se permitía ciertas incursiones en la privacidad del ciudadano, por cuestiones de seguridad avaladas por la ley patriótica. Todo lo cual no respondía a la lógica e ingenuidad de una mayoría de población cuyo comportamiento era intachable y no tenía necesidad de que el Gran Hermano estuviera en la sombra. Pero, ahora no se trataba de eso. Se trataba de cuáles eran los límites de la seguridad del Estado y la libertad de las personas corrientes.

Edward Snowden, un contratista privado (un analista) al servicio de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), la Intelligentsia del Gobierno, entregó al periódico  The Guardian, primero, y después a The Washington Post dos documentos que recogían otros tantos programas secretos de espionaje del Gobierno de EE UU, uno para el control de los números de teléfono y duración de las llamadas telefónicas de la compañía Verizon en EE UU, y otro, conocido como Prisma, que permite el acceso a correos electrónicos, chats, fotos y otro material intercambiable en Internet entre ciudadanos extranjeros y fuera de territorio de EE UU y gente de casa.

De acuerdo a las autoridades norteamericanas, ambos eran programas muy valiosos, habían permitido en el pasado abortar “decenas de intentos de ataques terroristas” y su revelación constituía un grave perjuicio para el gobierno de EE UU. De acuerdo a la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), que presentó una demanda contra el Gobierno, ese control del Estado es una violación de la Constitución americana. El presidente Barack Obama lo defendió diciendo que, en el mundo actual, “no se puede tener a la vez el 100% de privacidad y el 100% de seguridad”. Esos programas representan, dijo, una mínima molestia para que los norteamericanos pueden permitirse un sueño reparador.

Ahí es donde está el meollo de la cuestión. ¿Dormimos más tranquilos sabiendo que el ojo del Gran Hermano orwelliano vigila? Tal vez sí o tal vez no, pero, en todo caso, la única alternativa es permanecer despiertos.

Para analizar el impacto y las consecuencias de los papeles de Snowden es necesario inscribirlos en el tiempo en que se han producido. Así como los papeles del Pentágono, de Daniel Ellsberg cayeron sobre una población horrorizada con la guerra de Vietnam y el Watergate aterrizó en un país asqueado del juego permanentemente sucio del FBI y la CIA y las marrullerías de la política, los papeles de Snowden encontraron a una sociedad atraída ahora por los encantos ilimitados de las nuevas tecnologías y sus descubrimientos en la Red.

Según el portal Wikileaks que estaba del lado de Maning y Snowden y ellos le ayudaron, los archivos de los instrumentos de espionaje de la CIA circularon sin autorización entre los contratistas, analistas y piratas que los utilizaban. Uno de ellos, “preocupado de que la Intelligentsia del Estado se exceda en sus  atribuciones y en el mandato oficial de seguridad” y optó por entregar parte de esos Archivos a Wikileaks, para “iniciar un debate público”. Asssange dice haberlos editado para dejar fuera, en la arena pública “cientos de miles” de nombres y direcciones de informática, conocidas como IP correspondientes a objetivos de la CIA en Europa, Latinoamérica y EE.UU. En total 8.721 documentos que Wikileaks colgó en su web. 

Hoy la privacidad es objeto de ataque constante e impune por parte de alguna autoridad. Cuando se entra en un banco en Nueva York, uno es observado por una cámara tras la que hay un agente de seguridad; cuando se sube al metro o se accede a un aeropuerto, todos somos, igualmente, filmados y registrados. Simplemente paseando por la calle podemos ser grabados y, posteriormente, nuestra imagen puede ser contemplada por un funcionario, que, aburrido, podría llegar a entretenerse con algunos detalles de nuestro físico o nos encuentra “sospechosos” de algo… Hay cámaras en los más diversos escenarios públicos y privados, desde un teatro a un taxi, y a nadie parece importarle mucho si no pasa nada…

Esa realidad adquirió una proporción desmesurada cuando se trasladó al campo de Internet. Nuestros mensajes, nuestras fotos de cumpleaños, cualquier indiscreción personal, incluso nuestros más íntimos pensamientos ofrecidos al amigo o la persona amada pueden almacenarse en algún lugar de lo que, muy gráficamente, se llama “la nube”. Será una nube, pero no es un limbo. Empresas concretas y personas precisas tienen acceso a esa información, la tienen, la compran, la venden, la procesan y, eventualmente, la usan con motivos comerciales.

¿Cuál es la diferencia de que la use el Gobierno con motivos tan nobles, como la seguridad? En primer lugar, es necesario recordar que el programa Prisma no afecta, al menos en lo que se sabe, a ciudadanos norteamericanos o que residan en EE UU. Por lo demás, el espionaje es una actividad tan antigua como el propio ser humano. En otros tiempos se hacía con rudimentarias antenas parabólicas y micrófonos ocultos en un jarrón. Hoy basta un ordenador. Los países se espían unos a los otros, y espían a sus propios ciudadanos, sus finanzas y movimientos sospechosos. Cuando ese espionaje produce resultados satisfactorios, que es relativamente frecuente –piensen, en cada país, en la cantidad de indeseables detectados en los últimos años por el seguimiento de sus cuentas bancarias o sus llamadas telefónicas–, nos alegramos todos. ¡Cuántos inocentes no habrán sido espiados hasta llegar a los verdaderos culpables!. Pero, al mismo tiempo, cuando nos queda constancia de que ese espionaje existe, nos horrorizamos. Y ese horror se produce, no tanto por el espionaje en sí, sino por su carácter secreto.

Lo secreto nos asusta y, con razón, nos alarma. El secreto protege la actuación legítima de un agente del bien, pero también tapa el abuso de un funcionario inescrupuloso. El secreto deja a los ciudadanos inertes ante el Gobierno, que queda como la única autoridad para decidir qué hacer en cada situación. El secreto es, obviamente, el caldo de cultivo del autoritarismo.

Cualquiera puede entender que los gobernantes tengan que actuar en secreto en ocasiones. A nadie se le ocurre que la CIA debiera haber ido informando al Congreso sobre sus pasos en la localización de Osama bin Laden. Pero el secreto no se justifica siempre ni con tanta frecuencia como las autoridades desearían. Probablemente, no se justifica en los papeles de Snowden. No se aprecia a primera vista qué dicen esos papeles que los terroristas no dieran ya por supuesto. ¿A alguien se le ocurre que Al Qaeda se comunicaba por correo electrónico sin sospechar en absoluto que pudiera ser leídos por los servicios de espionaje?.

Las nuevas tecnologías tienen un doble filo. Sirven según la Casa Blanca a la seguridad del Estado contra el terrorismo pero también a los abusos del poder

Así pues, el problema de fondo detectado gracias a los papeles de Snowden es el del insuficiente control de la intromisión del Gobierno en las vidas privadas de los ciudadanos. No el ataque en sí a una privacidad que ya no existe, ni el hecho mismo de que EE UU, como le corresponde, espíe para protegerse, sino la preocupación por la extensión de ese espionaje debido a la falta de control democrático. El Congreso era informado, pero en secreto. Un juez firmaba la autorización para ese espionaje, pero era el juez de un tribunal secreto –creado en 1978 y conocido por las siglas de FISA- que en último año aprobó todas, absolutamente todas, las solicitudes de intervención presentadas por los responsables de seguridad. A todas luces parecen garantías escasas para una recolección tan masiva de datos.

El último ángulo controvertido de esta historia es el del papel de las empresas de Internet, que ahora tratan de limpiar su imagen. Facebook dijo que en 2012 había recibido alrededor de 10.000 peticiones de distintos niveles del Gobierno para acceder a cuentas de sus clientes. Microsoft informó de haber recibido entre 6.000 y 7.000 reclamaciones similares. Difícil resistirse a esas peticiones, que iban firmadas por el correspondiente juez de FISA. Pero esas empresas y otras grandes de Internet que recientemente hicieron públicas reclamaciones de más transparencia, se deben también a sus clientes, con los que se han comprometido a no desvelar sus datos privados.

De nuevo, nos encontramos ante un dilema muy propio de este tiempo y dificilísimo de resolver. La tensión entre el interés público y el espacio privado existe desde que las personas conviven. En nombre de atender el bien de la mayoría se han cometido grandes gestas y tropelías a lo largo de la historia de la humanidad. Los papeles de Snowden prueban que la tentación de actuar por encima del conocimiento de los ciudadanos, aunque sea en su propio favor, no solo no ha desparecido sino que se ha incrementado y hecho más peligrosa en la era de Internet.

Las tripas del programa de ciberespionaje con el que los servicios de inteligencia de Estados Unidos deja de ser un secreto gracias a Wikileaks. El presidente Trump se queda desnudo a la vista de amigos y enemigos, en ridículo. La plataforma fundada por Julian Assange para la revelacion de información confidencial, comenzó la publicación de miles de documentos internos de la CIA y que, de confirmarse su autenticidad quedaría al desnudo la forma en que operan la CIA, y el servicio secreto norteamericano para piratear teléfonos, ordenadores y televisores con Internet y convertirlos en micrófonos para espiar a sus usuarios. La publicación de estos códigos y herramientas suponen el mayor escándalo desde el caso Manning o Snowden y ponen de relieve un grave agujero de seguridad en la CIA, donde la nueva Casa Blanca de Trump ha ordenado una operación de limpieza.

El pinchazo telefónico  habitual y el control de la red de la  CIA sobre el ciudadano han puesto contra las cuerdas a Trump, al ser aún más públicas las maneras de la CIA y el control de Internet, según Wikileaks.

 

La plataforma asegura que se trata de la mayor filtración de documentos de la historia de la CIA, la cual, según Wikileaks, “ahora pierde el control de la mayoría de su arsenal de hacking, incluyendo software, virus maliciosos, troyanos, sistemas de control remoto y documentación asociada”.

“El archivo parece haber estado circulado de forma no autorizada entre antiguos hackers y proveedores del Gobierno, uno de los cuales le ha proporcionado fragmentos a Wikileaks”,   se añade en un comunicado.

Una parte de la filtración, a la que Wikileaks se refiere como "Año cero", consiste en 8.761 documentos y archivos de una red de alta seguridad aislada y situada en el centro que la CIA tiene situado en Langley, Virginia. El llamado programa "Año Cero" incluiría toda una serie de armas informáticas para poder hackear teléfonos y dispositivos producidos por compañías norteamericanas, como los iPhone de Apple, el sistema Android de Google, el Windows de Microsoft o los televisores Samsung con conexión a Internet, que se convertían en micrófonos encubiertos a través de los cuales espiar a sus usuarios, incluso aunque los aparatos estuvieran apagados. El método de ataque a la televisión Samsung se diseñó, dice Wikileaks, en cooperación con Reino Unido.

Portavoces de la CIA se han visto obligados a decir que no harían comentarios sobre la autenticidad o contenido de dichos documentos, aunque distintos expertos consultados por medios americanos les han dado total credibilidad.

La plataforma asegura que se trata de la mayor filtración de documentos de la historia de la CIA.

Las técnicas de las que hablan supuestamente permiten a la CIA sortear el encriptado de plataformas de mensajería como Whatsapp, Telegram, Signal, Confide y Cloackman al entrar en ellos y obtener contenidos antes de que el encriptado se active. Esto causa un terremoto también entre las tecnológicas afectadas, pero Wikileaks sostiene que no ha filtrado toda la información que posee, sino algunas ciberamas hasta que haya "un consenso" sobre su naturaleza y cómo deberían desvelarse.

Los documentos abarcan el periodo de 2013 a 2016 y, según Wikileaks, se han eliminado algunos elementos identificativos para llevar a cabo un análisis profundo sin descubrir a nadie(de los que han conseguido algunos de los 8.761 documentos. Entre estos elementos eliminados figurarían objetivos y maquinaria de ataque en Estados Unidos, América Latina y Europa y los conflictos bélicos en que están metidos.

Munición para Trump

Están por verse las consecuencias políticas de esta filtración. Trump ha tenido una reacción de temor y acusa a sus enemigos demócratas, empezando por Obama. Será difícil meter a los musulmanes en el mismo saco pero Trump lo ha hecho. A finales de año, las agencias de inteligencia de Estados Unidos acusaron a Moscú de orquestar una campaña de espionaje durante las presidenciales que se acababan de celebrar, pero sólo que al revés, ya que durante las elecciones acusaron al Kremlin de filtrar correos privados del Partido Demócrata -que Wikileaks publicó- y difundir noticias falsas, entre otras estrategias, pero con el fin de degradar la candidatura de Hillary Clinton y favorecer la llegada de Donald Trump al poder.

Este episodio enfrentó a Trump, poco después presidente electo, contra sus propios servicios secretos, a los que restó credibilidad. Y ha tratado de difamarlos. Después de la toma de posesión, el 20 de enero, una vez ya en la Casa Blanca, el enfrentamiento volvió cuando la prensa publicó las conexiones de miembros de su propio equipo con Moscú. Las revelaciones recientes, de confirmarse-el declive de la CIA-, darán a Trump una buena baza para insistir en que la agencia de inteligencia está plagada de soplones que no cuidan bien de la información confidencial.

Wikileaks había planeado una rueda de prensa a través de internet para presentar su proyecto Vault 7, pero posteriormente anunció en Twitter, que sus plataformas habían sido atacadas y que intentará comunicarse más tarde. En un comunicado, el australiano Julián Assange, refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres desde 2012, dijo que la reciente filtración es "excepcional desde una perspectiva legal, política y forense".

La plataforma de Assange afirmó que ésta es la mayor operación en la historia contra la CIA, aunque la primera sufrida por Estados Unidos en la historia reciente fue precisamente la de los documentos diplomáticos y militares de 2010, que convirtió a Wikileaks en un fenómeno global, y supuso una condena de 35 años para la exanalista militar Chelsea Manning (entonces Bradley), que robó y entregó la información. Lo revelado, en todo caso, está a la altura de grandes escándalos como este o el provocado por Edward Snowden, el exanalista de seguridad que denunció el espionaje electrónico masivo de Estados y que vive protegido en Rusia. En los últimos días de su presidencia, Barack Obama decidió conmutar la pena al soldado Manning, lo que supuso una gran polémica. La sombra de Wikileaks sigue planeando por la Casa Blanca.

 

 

 

 

 

 


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