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¿Cada vez escribimos peor en la universidad?

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18/09/2019 01:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Sé que me repito, pero necesito un pequeño desahogo. Son ya varios años de participar en tribunales de defensa de trabajos fin de máster (TFMs) y proyectos fin de grado (PFGs) en la universidad. Aunque puede tener su complejidad, el asunto es fácil de entender: lo que pedimos es un documento de cierta longitud y que se atenga a unas básicas normas de carácter académico. Si lo traducimos a la vida civil, esperamos una estructura lógica y una coherencia interna entre objetivos, contexto, problemática, desarrollo, conclusiones y líneas futuras de investigación. Hay que añadirle el respeto de algunas reglas que se refieren a la bibliografía, la citación o las ilustraciones, gráficos y tablas. En fin, nada que no se pueda explicar en una sesión de un par de horas o tres.

Pues bien, si tenemos que tutorizar esos TFMs y PFGs ocurrirá que junto al nombre de la alumna o alumno que ha escrito el documento irá el nuestro. De ahí que una frase que repito una y otra vez para concienciar sobre la necesidad de escribir bien es que ahí irá también mi nombre. Y no quiero que mi nombre, como tutor de un TFM o de un PFG, pase a la posteridad con un montón de cosas mal escritas, sea en el fondo o en la forma. Sin embargo...

Hay ocasiones en las que o te pones a redactar tú mismo (que no puede ser el caso) o la calidad de lo que quedará para los anales de la historia de la universidad es una auténtica porquería. Yo insisto: no quiero que mi nombre vaya en semejante documento. Pero llego hasta donde llego. Y hay veces en que no hay forma de sacar adelante algo mínimamente digno. Sí, devolvería el 90% de los documentos que pasan por mis manos con una fe de erratas. ¿Por qué nos pasa esto?

Quizá las competencias de comunicación oral, multimedia, en Internet o en servilletas de papel le han ganado la partida al documento formal de carácter universitario. Mola el impacto visual; las 80 páginas escritas con un procesador de texto son para dinosaurios. Mola cualquier cosa menos el hilvanado de párrafos y la coherencia expositiva. Mola lo efímero, el tweet, las stories. Nadie quiere un tocho. Nadie menos la academia, que, además, lo quiere limpito y bien organizado.

Decía que son ya varios años tutorizando TFMs y PFGs en la universidad. Son ya varios años sufriendo como un condenado faltas de ortografía de las que se clavan como puñales: haber si me explico por sino lo entiendes y tengo que ayudarte ha que lo captes. Y luego las expresiones que se quedan a vivir: el documento se trata del TFM, por si no lo sabías. Mientras tanto, va pasando el tiempo y las cosas me temo que van claramente a peor. ¿No les enseñamos a escribir?, ¿no les interesa?, ¿no lo evaluamos como corresponde? En definitiva: ¿qué estamos haciendo mal? Y supongo que habrá que repartir responsabilidad entre profesorado y alumnado, ¿no?

En un máster en el que participo hemos incluido ya desde hace un par de años una sesión en clase para aclarar lo que esperamos del TFM y cómo deben redactarlo. Vistos los resultados, habrá que innovar en la táctica. Que nadie piense que vamos a desistir. Ahora bien, quizá también debamos darle un pensado a los formatos que exigimos. La academia es mucha academia. ¿O no? Tengo mis dudas sobre si conviene relajar y buscar formatos diferentes que complementen ?¿sustituyan?? lo que les exigimos hoy en día.

Dicho lo anterior, cuando ayer participé en uno de los tribunales, no veáis qué alegría: la chica que hacía la defensa había compartido un documento fantástico. Y su defensa ante el tribunal no desmereció. Se llevó un 9, 90. Todo porque encontré una pequeña falta de lógica al explicar demasiado tarde en su documento cuál era el contenido que iba a desarrollar. Pero si nos olvidamos de esa pequeña nimiedad, debo decir que me alegró la tarde. Hay esperanza. Menos mal.

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Autor:
Consultorartesano (1755 noticias)
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blog.consultorartesano.com
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