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Terremoto en Chile

18/03/2010 11:12 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La tierra en que vivimos...O el día que vivimos en peligro

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La tierra en que vivimos o El día que vivimos en peligro.

Son títulos prestados, claro está, los que sirven para nominar estos brochazos. Son válidos para comenzar a hurgar en el tema que nos tiene consternados y pesarosos, asombrados e irascibles: las consecuencias del apocalíptico terremoto en la zona centro-sur de nuestro país. Digo consternados y pesarosos, por la cantidad de muertos, por el dolor y la angustia sin par que sintieron los afectados por el terremoto y el posterior tsunami. Familias aterradas huyendo con lo puesto, sobrevivientes al sismo que vieron con horror como el mar que tranquilo nos baña los arrastraba sin posibilidad de salvar sus vidas a no ser por un milagro. Familias cuyos integrantes fueron muertos o mal heridos por los derrumbes de paredes de tierra, cemento o agua de la mar océano. Pavor que se apoderó de la madrugada con un cataclismo pocas veces visto en el planeta.

Es un pobre consuelo el que nos digan que somos un país sísmico, preparado para tragedias de esta naturaleza. Que los terremotos y tsunamis han ocurrido antes y que volverán a ocurrir. Nos dicen, también, que somos el país mejor preparado en el área para soportar estas furias telúricas y sus consecuencias. Las autoridades presumen ante la comunidad internacional respecto de nuestra capacidad organizativa, nuestras cualidades cívicas, la briosa dignidad del pueblo. Nos dicen tantas cosas. Nos ponen una máscara sonriente como en el teatro griego. Pero se nos cayó la feliz careta y exhibimos ¡ayayay! nuestras falencias y penurias tercermundistas.

Cada cierto tiempo, la naturaleza nos enseña unas lecciones de humildad que, como malos alumnos, aprendemos sólo a medias. Siendo un país sísmico, nuestra orgánica a nivel de instituciones preparadas para enfrentar estos horrores son deficientes. Queda comprobado, salvo honrosas excepciones, que no estamos tan preparados como nos dicen que estamos. Con asombro y rabiosa impotencia asistimos a la cadena de errores que nuestras autoridades cometen. Este es un tema en extremo sensible, y no son pocos los dispuestos salir a enrostrar nuestro parecer. Defensas a raja tablas de la sacro santa autoridad presidencial y ministerial. Claro: han sido, son sus partidarios o son parte de la cadena que nos gobierna. No aceptan críticas y anteponen el fraseo descalificador ante quien osa expresar su opinión disidente sin tapujos. Te acusan de ser parte de los amargados rivales políticos, que eres integrante de una cofradía de resentidos, que no sabes ver las cualidades del sistema. Eso y más. Nos dicen: Ya vendrá el momento de hacer los análisis de la situación, de buscar a los culpables (si es que los hay, si es que los encuentran), de ver las fallas de los sistemas. Ahora, nos dicen con gesto fiero y mirada torva, que debemos obviar todo eso y cooperar en las jornadas de solidaridad y trabajo mancomunado para salir del atolladero, del Armagedón telúrico y tsunamesco que nos ha asolado. Y yo me acuerdo del sabio refrán ( bueno: todos los refranes son sabiduría popular) “A Dios rogando y con el mazo dando”. Y conste, eh: quien escribe estas pinceladas no es precisamente un hombre de fe.

Producido el terremoto, que fue medido inmediatamente por las autoridades geológicas yanquis con grado 8, 5 ó nueve, los enmonedados de turno en chilito lindo, acuden en tropel a evaluar la situación. Y comienzan laaaaaargas y sesudas sesiones de análisis. Mientras la muerte campea a galope tendido por el territorio arrasado, nuestras autoridades evalúan, evalúan, evalúan, evalúan y… evalúan. Pregunta: ¿es necesario tanto análisis y evaluación ante un seísmo de 8, 5 grados?..Si con un grado 6, 5 ya es para ponerse nervioso, y un grado siete es sinónimo de gran destrucción, ¿acaso no es obvio que un 8, 5 es muerte y destrucción a destajo? ¿Qué tanto (preso de un bobalicón estupor) evaluaba el gobierno? Producido el terremoto era claro, nítido, evidente que había que pasar inmediatamente a la acción. Había que dar orden de movilización perentoria, inmediata a unidades especializadas de las FF.AA para actuar. ¿Qué órdenes?, se preguntará usted. En primer lugar a la Fuerza Aérea que dispusiera de sus más poderosos transportes para salir en el más breve plazo posible (Bueno: la FACH, en iniciativa propia, alistó sus aviones en un par de horas). Se debió ordenar a la ONEMI y movilizar batallones de infantería (recuerde que ahora hay soldados profesionales y no simples conscriptos) que cargaran esos aviones con material de primera necesidad de manera inmediata. Uno supone que los especialistas de la ONEMI tienen un stock permanente, bàsico, para situaciones como èstas. Si no los tienen ellos, quién. En tanto se cargan los aviones Hèrcules, en las zonas afectadas se disponen o reparan pistas de aterrizaje para estas aeronaves, que, merced a la preparación de sus pilotos de guerra, aterrizan en cualquier lugar más o menos apto. Si hay dudas (es normal que las haya) y además no hay comunicación, se recurre a los teléfonos satelitales. Pero la ONEMI, según triste confesión de la vocera de gobierno, no tiene estos aparatos de última generación. Y como la maravillosa red privada de telecomunicación de la cual nos dàbamos grandes ínfulas, se ha caído o está saturada, nos quedamos a ciegas. Pero, dentro de los genios estrategas y analistas, ¿alguien se acordó que en el Ejército hay Regimientos de Telecomunicaciones? Estos efectivos, movilizados con órdenes tajantes y certeras se habrían desplegado con decisión y eficacia en los terrenos asolados. A partir de allí, el gobierno ya no estaría ciego. Y ahora sí, con movilizaciones en marcha, con aparatos despegando y con comunicaciones efectivas, y con tropas profesionales en camino, debidamente equipadas...¡¡para el trabajo!! y la seguridad, siéntese el todopoderosos gobierno a analizar los pasos a seguir. ¡Ojo! : Dije los pasos a seguir -¡a continuar dando!- y no recién comenzar a dar. Pero pasaron tres días de análisis…Tres días de abandono….No se oye, padre!!!

De haberse llevado a cabo estas maniobras inmediatas de eficaz trabajo habrían producido un potente efecto en la población sufriente. El gobierno sabe qué hacer, habrían dicho los ciudadanos colapsados y sobrevivientes. Habrían visto que la ayuda llegaba inmediatamente, en flujo constante, la seguridad resguardada. Esto habría producido un sentimiento de tranquilidad: La ayuda ya llegó y seguirá fluyendo. Se habrían frenado los saqueos o habrían sido mínimos.

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Pero qué hizo el gobierno. Bueno, la Presidenta Bachellet estaba en pie a los minutos de producida la hecatombe, los ministros parece que también ¿o no?. Los asesores y circunspectos y sorprendidos jerarcas estaban turulatos, no sabiendo qué cresta hacer. El Ministro de Relaciones Exteriores, don Mariano Fernández, consultado si Chile solicitará ayuda internacional para enfrentar la situación declara, muy suelto de cuerpo, con un gesto de autosuficiencia y arrogancia o mejor dicho, ignorancia, que Chile no necesitará de esa ayuda. Palabras más o palabras menos declara: Somos un país organizado y con experiencia en estos temas…resolveremos este problema…No sabía la chichita amargosa con la que se estaba curandoEternas 48 horas después, de evaluaciones y anàlisis, deberá tragarse sus palabras.

En cuanto al mediático y vocinglero Ministro de Defensa, Francisco Vidal, que había permanecido en las sombras, alejado de las cámaras de televisión y fotográficas, micrófonos y demás, sale de su ostracismo y arremete verbidiarreico y elocuente –el estilo Vidal- a justificar lo injustificable: El SHOA (Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada), al parecer cayó bajo la terrible Ley de Murphy, y falló justo cuando más se le necesitaba. Que la alarma de Tsunami fue dada o nada, que un memorándum salió expelido con alarma de siete gallos a recorrer las oficinas de gobierno. Que alguien se equivocó, tergiversó, alguien padeciendo de analfabetismo funcional –acaso el mismo Ministro- no entendió lo escrito. Parece que Larry, Moe o Curly (cualquiera de los tres chiflados) se confundió y ahí tenemos el resultado: los muertos pudriéndose bajo los escombros, hacinados en gimnasios usados como indignas morgues. Maremoto o tsunami que se arrojó como jinetes del Apocalipsis sobre el borde costero, incluso sobre las mismas instalaciones de la Armada, donde murieron tres personas, familiares del personal de la base de Talcahuano. Cientos de muertos, destrucción masiva y más, dolorosamente más. Muchas vidas se podrían haber salvado. Ya vendrá el turno de los análisis, dicen. Entonces veremos qué, cuándo, dónde y cómo…dicen. El crédito del SHOA por el suelo, arrastrado por el tsunami del desprestigio… Y ahora ¿quién podrá creernos? se dicen desolados los marinos del SHOA...Y lo màs importante: ¿Es digno de crèdito este organismo “especializado” de la Armada?

Existen aún, y es comprensible, muchos renuentes a sacar tropas a la calle. Son demasiado dolorosos los recuerdos. Incluso, parece que no es políticamente correcto que un gobierno democrático de centro izquierda recurra a las FF.AA para enfrentar situaciones como las producidas. Así nos encontramos con las tropas màs disciplinadas y equipadas del continente, que en momentos como èste deben mostar para què sirven, en sus cuarteles, inmovilizadas, esperando òrdenes. Así, mientras se evaluaba esta medida u otras, el abandono y desesperación de los supervivientes se hacía rabia sorda, desesperación…Y se nos vino el peso de la noche: los asaltos en masa a cuanto lugar guardara víveres…Y los excesos no se hicieron esperar. Muchos pensábamos que en Chile, en Jaguarlandia, en la copia feliz del edén, no ocurrían cosas así, pero nos equivocamos tristemente.

No es momento para ironías ni humorismos tristes; lo sé. Pero a veces, cuando nos duele tanto nuestro país, debemos sacarnos de alguna forma estos demonios que se hacinan en el alma. Pero hay más: La reacción de los sobrevivientes del terremoto y tsunami. La calidad de las modernas edificaciones “antisísmicas” que se churretearon hasta el llanto, en tanto otras construidas en el gobierno de Allende y Frei Montalba ni siquiera despidieron polvo. Pero por esta vez basta: Ya hemos abusado en demasía de su paciencia. Ya tendremos tiempo y ustedes más paciencia para llegar hasta el final de estas pinceladas míseras. Ya vendrán voces y plumas más autorizados que las de este mero aprendiz y mirón.

Esperemos que para el próximo terremoto (¡Glup!) el diablo, el gobierno de turno, la ONEMI y el SHOA nos encuentren confesados. Ja.

Wilfredo Castro.

Escritor.


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