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Soluciones al clima de alto riesgo: la Geoingeniería es la manipulación tecnológica de los ecosistemas de la Tierra,

09/06/2016 12:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La Geoingeniería es la manipulación deliberada a gran escala del ambiente planetario, como el clima. Sus promotores pertecen al círculo de los paises capitalistas. Los ambentalistas y el Tercer Mundo, en contra. Se lucha en todos los terrenos, el agrícola y el del armamento

 

Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, la geoingeniería es la manipulación deliberada a gran escala del ambiente planetario. Manipulación de los océanos, los suelos y/o la atmósfera–, incluyendo los relacionados con el clima. Sus defensores la presentan como un remedio para mitigar el cambio climático, lo cual es una visión reduccionista, que ignora la complejidad de los sistemas naturales y no tiene en cuenta los graves daños colaterales que puede generar. Al mismo tiempo, elude abordar el origen y las causas del problema del calentamiento global, que no son otras que el actual sistema global industrial capitalista.

Sus métodos pueden clasificarse en dos grupos generales: manejo de la radiación solar y secuestro de CO2.

Contra la crisis climática se están presentando últimamente soluciones de alto riesgo, como la geoingeniería. Se trata de la manipulación tecnológica de los ecosistemas de la Tierra, a gran escala, con la idea de contrarrestar los efectos del cambio climático. A eso ayuda la falta de acciones reales y sacrificios por parte de muchos gobiernos para afrontar sus causas.

La geoingeniería incluye una amplia gama de líneas de acción, tales  como, por ejemplo: lanzar partículas de sulfatos a la estratosfera —imitando nubes volcánicas— para reflejar los rayos solares; verter partículas de hierro en el mar para acelerar el crecimiento de plancton que absorba dióxido de carbono; blanquear las nubes; modificar genéticamente plantas y árboles para reflejar la luz del sol; plantar millones de árboles para quemarlos como carbón y enterrarlos y así aumentar la absorción de CO2 del suelo (biochar), etc…

Todas las propuestas tienen algunos elementos en común: se proponen intervenir deliberadamente en el clima, un sistema global de alta complejidad, insuficientemente conocido, que está interconectado y afecta directamente a otros sistemas básicos para la supervivencia del planeta y la población, como la biodiversidad, los sistemas marinos y terrestres o los agroecosistemas. Esos se dejan de lado.

Recientemente asistimos a una ofensiva mediática de los promotores de la geoingeniería para vender sus propuestas. Dicha ofensiva ha coincidido con la publicación el pasado reciente por parte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos de dos informes que recomiendan invertir más en propuestas de manipulación del clima, teóricamente para paliar los síntomas del cambio climático. Dichos informes parece ser que son resultado del estudio Geoingeniería del clima: evaluación técnica y discusión de los impactos con un coste inicial de 630.000 dólares, (financiado por la CIA y la NOAA, Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de ese país) También recientemente, la revista científica Nature ha publicado un artículo de opinión de científicos progeoingeniería, que piden que no solo se haga investigación en laboratorio, sino también pruebas de campo de esas tecnologías para estar preparados “en caso necesiario”.

Ahora, por ejemplo Jay Apt el experto en tecnología y política de la Universidad Carnegie Mellon en los EE.UU. junto con sus colegas, creen haber hecho asequible el costo del bombeo de aerosoles en la estratofera. Usando métodos estadísticos, calculan el coste de varios sistemas de envío de entre uno y cinco millones de toneladas de dichas partículas, tales como compuestos de azufre, a altitudes de 18–30 km. Estos sistemas incluyen  el uso de naves ya existentes, nuevos aviones o dirigibles, nuevos cohetes y armas, y tuberías de gas colgantes.

El grupo de Apt considera que ya existe la tecnología básica para enviar suficiente aerosol a la estratosfera como para contrarrestar el calentamiento antropogénico(creado por el hombre) que se espera durante los próximos 50 años. De hecho, varios de los sistemas a emplear serían capaces de llevar a cabo esa riesgosa aventura por menos de 5000 millones de dólares al año – apenas un 0, 03% del PIB de EE.UU.-que el grupo Apt de la mencionada considera “barato”, pero según DIASPORA, muy caro para el hombre, por la amenaza ecológica que conlleva.

Tal como denuncia Rachel Smolker (de Biofuelwatch), “la gente está comprendiendo que la crisis climática va en es en parte porque los líderes tradicionAles hacen poco o nada y  los grupos de la geoingeniería aprovechan la situación para promover sus manipulaciones planetarias, sus remiendos tecnológicos. Algunos de los promotores más entusiastas de la geoingeniería están vinculados o con la gran industria de los combustibles fósiles o con instituciones que han respaldado la postura científica que niega el cambio climático”.

Para los  grandes países culpables del efecto invernadero la geoingeniería es un antifaz, ahora nadie sabe quien es quien. Reina la impunidad

Para los políticos de países ricos que son grandes emisores de gases de efecto invernadero —los mayores responsables del fracaso de las negociaciones climáticas— la geoingeniería es una excusa para evitar medidas impopulares que les resten votos: podría seguir todo como está y aplicar la geoingeniería para aparentar su labor en enfriar el planeta aunque se siga calentando. Y seguir lanzando a la atmósfera todo su veneno, impunemente. Esa es la geoingeniería como antifaz.

También convergen en ese sentido grandes empresas asociadas al cambio climático, que ven la geoingeniería como un plan A: no tendrían que cambiar sus actividades contaminantes y podrían aumentar sus negocios vendiendo tecnologías que crean dependencia, pues una vez iniciado el proceso no se podría detener, ya que el impacto sería mayor que si no se hubiera puesto en marcha.

Las tecnologías son a veces contradictorias, pues mientras unas pretenden reducir la radiación solar que llega al planeta,   otras se centran en la “captura y secuestro” del carbono, es decir promover la fotosíntesis y ésta depende de la energía solar.

Frente a los posibles impactos de la geoingeniería hay ecologistas que proponen hacer evaluaciones de riesgos, pero dejando a la ciencia y los científicos el papel de decidir sobre cambios tecnológicos en los que debería participar toda la sociedad. Si consideramos que la ciencia está cada vez más cercana a la economía, podemos prever que la decisión sobre adoptar la geoingeniería o no, estará determinada en función de los costos. Cambios en el modelo civilizatorio, no entran en el debate.

Disminuir la radiación solar en el planeta podría afectar a la agricultura, la ganadería y a la producción de alimentos provenientes del mar, porque en definitiva, todos los seres vivos dependemos de la productividad vegetal. Habrá cambios en los ecosistemas naturales, podría producirse una extinción masiva de comunidades biológicas vulnerables a los cambios que podrían generar estas tecnologías, y se favorecería el desarrollo de otras comunidades mejor adaptadas.

De acuerdo a los proponentes de todas estas tecnologías, habrá ganadores y perdedores seguros, siendo siempre los ganadores las sociedades industrializadas que puede seguir con sus estilos de vida (basados en el petróleo y otros combustibles fósiles), y los perdedores las poblaciones asentadas en zonas altas y tropicales (como es la zona Tropandina) y los polos.

También perderían los territorios que, desde una óptica geopolítica, sean designados para poner en marcha proyectos de geoingeniería a gran escala dado que muchas de estas tecnologías necesitan vastísimas extensiones para que tengan un efecto real en el clima global a largo plazo. Y se producirán inevitables cambios en el uso del territorio. Los proyectos de geoingeniería entrarían a competir con la producción de alimentos, la conservación de la biodiversidad y los territorios de comunidades tradicionales.

Una científica que se opone a los geoingenieros locos es Elizabeth Bravo, doctora en Ecología de Microorganismos de la University College of Wales. Profesora de la Universidad Politécnica Salesiana de Quito (Escuela de Desarrollo Local), coordinadora académica del Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo, miembro de la organización Acción Ecológica. En varios de su libros y artículos ha estudiado a fondo el efecto de la tecnología en la sociedad.

La geoingeniería es cara, pero está al alcance de países industrializados e incluso de grandes empresas y de millonarios. Esto plantea otro conflicto internacional: ¿quién manejará el termostato global y con qué fines? La temperatura óptima para un país podría ser devastadora para otro que no hubiera decidido tratar del tema. ¿Y quién garantiza que aunque se despliegue una tecnología (teóricamente) para el cambio climático no se use después con fines bélicos?

La CIA y otros sectores del Pentágono han calificado el cambio climático y el control del clima como factores geopolíticos estratégicos y de seguridad nacional. Hace años, la CIA abrió incluso su propio Centro de Cambio Climático y Seguridad Nacional, pero el Congreso de EE.UU. le ordenó cerrarlo en 2013. Quizá por eso decidió patrocinar el proyecto de la Academia de Ciencias desde 2013. Muchas de las tecnologías propuestas como geoingeniería tienen alto contenido potencial de utilización bélica.

Al respecto, Alan Robock, climátologo de la Universidad de Rutgers, EE.UU.  investiga el tema de la geoingeniería, y expresó su preocupación por la participación de la CIA en el proyecto, según The Guardian (17/2/2015)

El 19 de enero de 2011, Robock recibió una llamada de los consultores de la CIA Roger Lueken y Michael Canes, que le preguntaron, entre otras cosas, que si otros países estaban tratando de controlar el clima, ¿ sería posible detectar un intento cualquiera? Robock contestó que si se intentara hacer una nube volcánica artificial en la estratosfera –una de las propuestas sobre las que más se insiste– que fuera lo suficientemente grande, gruesa y duradera como para afectar el clima, seguramente se vería con instrumental desde la tierra. Otros tipos de geoingeniería, como blanqueamiento de nubes o naves que arrojen partículas en la atmósfera se podrían detectar probablemente desde satélites y sistemas de radar existentes. Pero la pregunta que le quedó pendiente a Robock es si en realidad esas preguntas, más que por la seguridad nacional de EE.UU., estaban dirigidas a saber si otros países podrían detectar si la CIA manipulara el clima.

La manipulación del clima como arma de guerra ha estado en la agenda de las fuerzas militares de EE.UU. –y otras grandes potencias– por décadas. Por ejemplo, la Operación Popeye, usada durante la guerra de Vietnam y ahora desclasificada, hizo llover por mucho tiempo sobre zonas de ese país para inundar los caminos y arruinar los cultivos de arroz de los resistentes vietnamitas  . Desde esos años se conocen también varios proyectos del gobierno de Estados Unidos para controlar huracanes, que a diferencia de la Operación Popeye, aunque nunca se refirió a ellos el Pentágonono, ni  han sido calificados por ellos como de uso bélico, en realidad tenían ese objetivo. En 1996, la Fuerza Área de publicó un informe más amplio sobre manipulación climática, titulado muy sugestivamente como "El tiempo atmosférico como multiplicador de la fuerza: dominando el clima en 2025".

Robock señala que en el último examen cuadrienal de Defensa, publicado por el Departamento de Defensa de EE.UU. en 2014, se reafirma que el cambio climático es una amenaza importante para el país y el resto del mundo. El documento afirma: “Las presiones causadas por el cambio climático influencian el capítulo de los recursos, y además colocan cargas adicionales sobre las economías, las sociedades y las instituciones de gobierno en el mundo. Estos efectos son multiplicadores de amenazas que agravan los factores de presión en otros países, como la pobreza, la degradación ambiental, la inestabilidad política y las tensiones sociales –condiciones que pueden llevar a actividades terroristas y otras formas de violencia”.

No es sorprendente, aunque sí muy amenazante, que un gobierno que se dedica a promover la guerra por todo el mundo, aumentando y alimentando al mayor complejo militar-industrial del globo, se proponga usar también el clima para sus fines, en cuanto se presente la oportunidad.

Lo que quizá está un poco fuera del radar público es que a través de informes científicos como estos están intentando vender al mundo que es necesaria la geoingeniería, aduciendo que es para enfrentar al cambio climático. Un cambio que por cierto, es en alto grado provocado por ellos mismos.

La propuesta de estos informes (más investigación y posible experimentación en geoingeniería) no sólo desvía recursos y atención de la necesidad urgente de frenar los gases de efecto invernadero y por tanto, salir del modelo dominante industrial de producción y consumo. Además intenta pasar de contrabando la legitimación de tecnologías muy peligrosas que si fueran presentadas como armas de guerra, serían rechazadas masivamente por la comunidad internacional. Justamente, después de la guerra de Vietnam, se firmó un Convenio de Naciones Unidas, abreviado Convenio ENMOD, que prohíbe el uso del clima y el medio ambiente como armas de guerra.

Sin embargo, presentandolas como tecnologías para combatir al cambio climático, han conseguido que científicos y gobiernos las estén discutiendo, cuando deberían   descartarlas claramente y prohibir su experimentación.

¿O alguien puede creer que las mismas tecnologías de geoingeniería, que durante décadas han sido pensadas como armas,   serían usadas ahora por países como Estados Unidos solamente para combatir el cambio climático? Y eso además de que sea cual sea el fin que le atribuyan sus promotores, la geoingeniería bélica tendría impactos devastadores sobre regiones enteras y el potencial de desequilibrar aún más el clima global.

En general, el tema de la geoingeniería  coloca al hombre de a pie ante la pregunta fundamental de si un grupo de países, individuos o empresas tienen derecho a intervenir en sistemas planetarios, que afectan necesariamente a todos

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Ya lo dice un informe de la Royal Society británica. "Hemos hallado que algunas técnicas de geoingeniería propuestas pueden tener efectos perjudiciales e inesperados en las personas y en los ecosistemas.

Y hay muchas iniciativas ”privadas” como esa, cuyos resultados no pueden prever- ni los científicos geniales, ni las multinacionales, ni el Pentágono que sigue sin embargo “jugando a ser el dios de la guerra”. Pero insistimos que para que las propuestas de la geoingeniería tengan algún efecto seguro sobre el clima, se deberían desarrollar a gran escala, por organizaciones internacionales como las Naciones Unidas ya que sus posibles impactos, previstos o imprevistos, serían de enorme alcance y, en su mayoría, irreversibles. Ningún ente privado, una Universidad, un grupo ambiental o un estado, por poderoso que sea debe aventurarse a intentar cambiar el clima por su cuenta. Y si lo hace es por aventura o por razones militares.

Las multinacionales y el Pentágono están interesadaos en la Geoingeniería, lo cual lo dice todo

La geoingeniería incluye tecnologías tan descabelladas tales como la cubrición de grandes extensiones de desiertos con plásticos reflectantes; megaplantaciones de cultivos transgénicos con hojas reflectantes; almacenamiento de CO2 comprimido en minas abandonadas y pozos petroleros; inyección de aerosoles de sulfatos (u otros materiales, como el óxido de aluminio) en la estratosfera para bloquear la luz del sol y blanqueamiento de las nubes para reflejarla; desvío de corrientes oceánicas; fertilización de los océanos con nanopartículas de hierro para incrementar el fitoplancton y, así, capturar CO2; enterrar enormes cantidades de carbón vegetal (biochar) para eliminar CO2; etc.

Los métodos de geoingeniería pueden clasificarse a grandes rasgos en dos grupos: manejo de la radiación solar y secuestro de CO2. En el primer grupo y, en concreto, en la SAG (Stratospheric Aerosols Geoengineering).

La radiación solar manipulada para modificar la atmósfera

Las tecnologías para el manejo de la radiación solar están dirigidas a contrarrestar el efecto de los gases de efecto invernadero (GEI) reflejando la radiación de la luz solar de vuelta al espacio exterior. Incluyen técnicas como usar “contaminación reflectante” para modificar la atmósfera o bloquear la luz solar con pantallas en el espacio. Un rasgo común de todas ellas es que no reducen la concentración de los GEI.

El manejo de la radiación solar puede ocasionar daños ambientales significativos como la liberación adicional de gases de efecto invernadero a la atmósfera, cambios en los patrones climáticos y la reducción de las lluvias; puede dañar la capa de ozono, afectar a la biodiversidad, reducir la fotosíntesis y la producción de las células fotovoltaicas; provocar inseguridad alimentaria, riesgo de aumentos bruscos de temperaturas si se detienen las actividades, con o sin intención.

La explosión del volcán Pinatubo (Filipinas, 1991) arrojó a la estratosfera 20 millones de toneladas de dióxido de azufre y por unos días disminuyó la temperatura terrestre en 0, 4-0, 5 ºC. Científicos como David Keith y Ken Caldeira proponen crear “volcanes artificiales” mediante la inyección de aerosoles con partículas de azufre (o de otros materiales) en la estratosfera (a una altura de al menos 20 km de la tierra), a razón de 100.000 toneladas por año, asumiendo que durarían a lo sumo 10 años

 

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Bill Gates patrocinó con 4, 6 millones de dólares a científicos como David Keith y Ken Caldeira para investigar en geoingeniería y control climático. Nathan Myhrvord (jefe de tecnología de Microsoft) se dedica a patentar tecnologías de geoingeniería con Intelectual Ventures, con programas del manejo de la radiación solar, apoyados por la Royal Society.

Antecedentes históricos y situación actual de la modificación climática

La pretensión de actuar intencionadamente sobre el clima tiene sus antecedentes en la utilización de métodos para producir lluvia, con orígenes en la última década del siglo XIX (cuando se registró la primera patente conocida sobre el tema) y, posteriormente, ya en 1940, cuando el meteorólogo Bernard Vonnegut descubrió que el yoduro de plata podría provocar la lluvia si había nubes.

A partir de ese momento son muchos los países que reconocen que han llevado a cabo la siembra de yoduro de plata en nubes: EE UU, Tailandia, China, Australia, Sudáfrica, Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Israel, México, España, Colombia, Venezuela, etc. En algunos casos se ha especulado sobre la relación de esta práctica con inundaciones catastróficas (Lynmouth Devon, 1952 ; Rapid City, 1972 ). En el Estado español, concretamente en la isla de Gran Canaria, se llevó a cabo entre 1984-85 y de forma intermitente hasta el 1992, un programa de investigación para incrementar las precipitaciones, que según la prensa pudo tener relación con un episodio de inundaciones. El Estado de Israel lleva más de 40 años experimentando la modificación climática con yoduro de plata haciendo siembra de nubes para aumentar la precipitación, hasta el punto que Esperanza Aguirre fue a visitar Israel interesándose por la siembra de nubes para aumentar la lluvia en la Comunidad de Madrid.

Desde 1974 también se han llevado en el levante ibérico cabo experimentos con yoduro de plata en el marco de la lucha contra el granizo, financiados por el Ministerio de Agricultura y Agroseguro. Es conocido el hecho de que durante el año 2008 el Gobierno chino recurrió a la modificación climática para alejar nubes durante la realización de los Juegos Olímpicos de Beijing. En 2009, 260 técnicos y 18 aeronaves aseguraron un cielo sin nubes ni lluvia el día del desfile militar del 60 aniversario de la República Popular China.

En otras ocasiones los experimentos han tenido finalidades puramente militares. Así, un programa secreto de las fuerzas aéreas norteamericanas, hoy desclasificado, tuvo lugar en la guerra del Vietnam entre el 1966-1971. Consistió en 2.300 misiones de vuelo para hacer siembra de nubes con aerosoles de yoduro de plata para prolongar los monzones y provocar inundaciones, con el objetivo de hacer intransitable la ruta de abastecimiento Ho Chi Minh y destruir la cosecha de arroz, vital para el pueblo vietnamita. Se lograron resultados parciales y pobres que costaron un dineral a Tesoro

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El 10 de diciembre de 1976 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la prohibición de utilizar técnicas de modificación ambiental con fines militares u otros fines hostiles. A pesar de ello, no hay que olvidar que la manipulación del clima como arma de guerra ha estado en la agenda de las fuerzas militares de EE UU –y otras grandes potencias– durante décadas. En 1996, la Universidad del Aire de Alabama elaboró para la Fuerza Área de EE.UU. un informe sobre manipulación climática con el elocuente título que hemos menconado antes.

 

La reconocida científica, fallecida en 2012, Rosalie Bertell confirmaba que “los científicos militares americanos están trabajando en los sistemas climáticos como un arma potencial”. Los métodos incluyen la intensificación de tormentas y la desviación de ríos de vapor en la atmósfera terrestre (a 3 km) para producir sequías o inundaciones” .

Geoingeniería e ingeniería genética: una sinergia peligrosa

Las empresas agrobiotecnológicas, de combustibles agroindustriales y de biología sintética participan en la carrera de desarrollar “cultivos climáticos” que teóricamente secuestrarían dióxido de carbono, reflejarían los rayos solares o soportarían presiones ambientales atribuibles al cambio climático, como calor extremo, sequía, radiación UV y salinidad. Así, un informe del 2008 del grupo ETC identificó 532 solicitudes de patentes con rasgos diseñados con ingeniería genética para adaptación al cambio climático. Las más grandes empresas químicas del mundo (BASF, Monsanto, DuPont, Dow, Bayer y Syngenta) están desarrollando “cultivos OGM climáticos”.

En 2008, BASF y Monsanto se lanzaron juntas en una empresa de riesgo compartido a financiar la investigación agrícola más cara de la historia, 1.500 millones de dólares para desarrollar cultivos “climáticos”, y en 2010 invirtieron 1.000 millones de dólares más en el desarrollo de semillas OGM listas para el cambio climático.

En octubre de 2013 Monsanto compró Climate Corp. por 930 millones de dólares. Se trata de una empresa líder en acumulación histórica de datos de cosechas ligadas los eventos meteorológicos, y que se dedicaba a los seguros meteorológicos agrarios en EE UU.

Según un informe del ISAAA (International Service for Acquisition of Agro-biootech Applications), entre 2013-2014 en EE UU se pasó de 50.000 hectáreas del maíz tolerante a sequía Droughtgard a 250.000.

Como advierte el grupo ETC, que se produzcan industrialmente cultivos “listos para el cambio climático”, controlados por un pequeño número de empresas transnacionales apoderadas de la cadena industrial de alimentos, tendrá consecuencias muy serias tanto para el cambio climático como para la seguridad alimentaria.

Frente a esas actitudes, se unen 125 organizaciones  civiles, indígenas, campesinos y ambientalistas, de más de 40 países

Un gran grupo de organizaciones entre las que se hallan Amigos de la Tierra Internacional, la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, la Vía Campesina y varias redes internacionales y nacionales, mayoría del Sur global enviaron hace tiempo una carta abierta al presidente del IPCC exigiendo que este organismo guarde el principio de la prudencia. La actitud de Ojalá pide que eI IPCC no se dedique, como afirma en el anuncio del taller, a definir solo "el papel de la geoingeniería en el portafolio de opciones de mitigación" del cambio climático, lo cual es en sí mismo  una enorme contradicción, porque no parece que la ONU vaya a aceptar un papel positivo frente a estas tecnologías de la geoingeniería porque ésta nunca fue ni será obediente a ninguna "mitigación", porque seguir con el status quo que provocó el cambio climático, aplicando tecnologías que podrían incluso empeorarlo en muchas regiones del mundo, nos lleva al desastre.

Es grave que IPCC haya anunciado que además de analizar estas propuestas megalómanas, también discutirá la "gobernanza" de la geoingeniería y los "factores sociales, legales y políticos" que la rodean. Pese a ello, no permiten la entrada a organizaciones de la sociedad civil que ha estado siguiendo seriamente el tema desde hace años, ni siquiera como observadores. ¿Por qué?.

Allí se presentaron propuestas que calificamos de “aventureras” o locas que hemos citado antes. Son experimentos muy riesgosos e impredecibles, con un espectro de impactos tan amplios, que es difícil entender que el IPCC dedique recursos a estudiar cada una de estas especulaciones. Es como si estuvieran también jugando a ser Dios.

Las organizaciones internacionales ambientalistas firmantes de la carta al IPCC aunque la matoria fueran de países del Tercer Mundo, contrarios a los científicos locos interesados solo en la geoingeniería y sus beneficios económicos, o militares. Esa es la realidad: los que tienen la tecnología y los recursos para desplegar la geoingeniería son países, empresas y hasta individuos muy ricos del Norte global (como Bill Gates) siguen sus sueños psicodélicos. Este y sus socios han financiado experimentos de blanqueo de nubes y tiene patentes sobre otras tecnologías atrevidas de geoingeniería). Lamentablemente los impactos ambientales, se sentirán probablemente sobre todo en el Sur. Y no serán beneficiosos.

Según Shepherd, ninguna de las técnicas de geoingeniería propuestas hasta ahora es la panacea del cambio climático y todas llevan consigo-como de la mano- riesgos e incertidumbre. "Si fracasamos en recortar ahora las emisiones, y no tenemos un Plan B como opción futura, es esencial que los gobiernos empiecen la investigación y el desarrollo de las distintas técnicas, mirando a su impacto ambiental, las consecuencias políticas y los sometan a un gran foro internacional. Si alguien la utiliza de forma irresponsable, la geoingeniería puede tener consecuencias catastróficas similares a las del cambio climático que pretende evitar. La Geoingeniería tiene que ser regulada".

Una nube volcánica artificial sobre el Ártico,   bajaría la temperatura y alteraría el clima de toda la región

Si se creara una nube volcánica artificial sobre el Ártico, se podría hacer bajar la temperatura, pero muchos científicos se han alarmado señalando que modificaría también los patrones de precipitación en otras regiones, alterando los regímenes de monzones en Asia y los vientos en África, colocando en riesgo las bases alimentarias de 2.000 millones de personas.

Una vez en marcha, por ejemplo, habría que continuar por tiempo indefinido reinyectando partículas periódicamente, mientras otras caen y contaminan océanos, tierra, plantas, animales y cientos de miles de personas (es tóxico, como cuando baja una nube volcánica). Si lograran que la nube tóxica permanezca, al cambiar los monzones y vientos en dos continentes y océanos, se pondría en riesgo la fuente de agua y alimento de millones de personas, incluyendo aproximadamente la tercera parte de la población mundial. ¿Hace falta comentar?

Si los problemas de la geoingeniería son tantos y tan graves, ¿quién y por qué la está proponiendo?  Se trata de una convergencia entre diferentes sectores e intereses. Algunos científicos argumentan que la geoingeniería es un plan B para enfrentar una emergencia ante situaciones catastróficas, si las negociaciones internacionales no dan resultado. Esto plantea el espinoso tema de quién debe decidir cuándo se considera que la situación climática es una “emergencia”.

Por estas razones y considerando que ya existen iniciativas unilaterales y una “coalición de voluntarios” para desarrollar la geoingeniería, el Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas decidió en octubre 2010 establecer una moratoria global a la geoingeniería. Es una primera medida que reafirma el principio de precaución, que es necesario profundizar y fortalecer.

Y el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) se plantea analizar la geoingeniería: y a propuesta de algunos científicos que la promueven, convocó en Lima, Perú, un taller de expertos sobre geoingeniería.

Contra las tecnologías peligrosas, las Naciones Unidas tienen dos cortafuegos antes que científicos de la geoingeniería hagan una locura

La manipulación climática tuvo orígenes militares, y aunque ahora dicen que es solo para la "guerra al cambio climático", la sociedad Darpa patrocinada por el Pentagono hace alarde de inventos aleatorios y de ficción, potencialmente peligrosos para el medio ambiente. No se ha molestado en cambiar ni sus características ni su esencia, ni su uso potencial: solamente ha retocado el discurso. Ahora ocurre que las armas más mortíferas de la geoingeniería “estratégica” son peligrosas para la libertad humana. Y podrían emplearse contra países o regiones que no sabrán siquiera ni de donde salió el desastre.

Afortunadamente existen además en Naciones Unidas dos moratorias contra estas tecnologías, basadas en el principio de precaución: una sobre fertilización oceánica, desde 2008, y otra más amplia sobre geoingeniería, decidida en 2010.

Quizá el IPCC se proponga consolidar las bases de esas moratorias –seguramente habrá participantes críticos que así lo consideran–, pero no es una buena señal que en el comité organizador del taller haya varios científicos en favor de la geoingeniería, y algunos que han solicitado patentes sobre las mismas y cuya investigación se financia para esos fines.

 


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