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Recordando las navidades de cuando era "pobre"

20/11/2017 18:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

...al recordarlo hoy parecen historias de vidas inalcanzables para lo que ahora se ha llamado “clase media”

Los que afortunadamente hemos llegado a lo que llaman adulto contemporáneo (para no decir viejo y mucho menos “Maduro”), además de canas, nos ha quedado mucha experiencia y es lo que le otorga valor a lo vivido. También fuimos jóvenes y esa hermosa etapa de nuestras vidas, un grupo de afortunados la vivimos en Venezuela, no hay forma de comparar lo que fue la niñez y juventud de cualquier venezolano de hace 20, 30 o 50 años atrás, con lo que hoy son las navidades de nuestros niños y jóvenes. Es triste decirlo, pero parece que fue en otro país.

La mayoría de las familias eran numerosas y podían ser sostenidas con el trabajo del padre, que comúnmente lo hacía con el sueldo proveniente de un modesto trabajo como operador de bomba del Instituto Nacional de Obras Públicas (INOS), vigilante o camillero del Hospital Policlínico de Los Teques o autobusero de Líneas Unidas en Caracas (como en el caso de mi padre). Un salario mínimo era suficiente para cubrir las necesidades de toda una familia como debe ser, respondiendo al lógico diseño de equilibrio entre ingresos y gastos que se aplica a nivel mundial.

En ese tiempo, sabíamos sobre las clases sociales y asumíamos que éramos pobres porque evidentemente existían familias con muchas más posibilidades que nosotros, pero eran temas que raramente se trataban debido a que nuestro tiempo era total y absolutamente invertido en VIVIR “pobremente”. Eso significaba, entre otras cosas, tener que ir con tu madre todos los sábados al Mercado Libre de Los Teques -que quedaba donde hoy está el liceo “Muñoz Tebar” y que posteriormente se reubicó en el Paso- a cargar pesadas bolsas de yute o nylon, repletas de víveres e ingredientes para las hallacas, los cuales iban siendo adquiridos al recorrer los pasillos con múltiples puestos desbordantes de productos y ofertas diversas, de lo que era la variadísima dieta del venezolano “pobre”, todo ello, dentro del bullicio y algarabía que caracterizaba el ambiente de cualquier mercado popular en nuestro país, que más que organizaciones gubernamentales donde la gente pasa interminables horas con el estómago vacío para intentar adquirir los pocos productos que el gobierno decide, eran espacios comerciales regentados por emprendedores privados en donde se socializaba de forma grata además de adquirir lo necesario sin mayores contratiempos.  

Esa “pobreza” nos obligaba a tener que pintar nosotros mismos nuestras casas, las cuales en su gran mayoría fueron construidas por vecinos albañiles, quienes podían adquirir todos los materiales en cualquier ferretería de la zona. Cada diciembre los barrios cambiaban de color, cuando nuestros humildes hogares recibían sus correspondientes manos de la mejor pintura del mercado Sherwin Williams, Pinco Pitsburg y Montana. Los arbolitos de navidad no se compraban en tiendas por departamentos –como se les llamaba a cadenas de ese tiempo como Sears o Beco-, eran elaborados en una ritual casi mágico que consistía en subir -tipo excursión- a cualquier cerro de nuestro sector y cortar una rama grande para prepararla cuidadosamente, mediante un proceso de limpieza y posterior cubrimiento con jabón de escamas marca “LUZ”, logrando un efecto de copos muy parecidos a la nieve, luego era decorada con luces y bambalinas para quedar fijamente ubicada en su lugar de la sala dentro de un matero. Obviamente no podía faltar el Nacimiento, este era laboriosamente elaborado con materiales que iban desde papel periódico, cartón, madera y hasta cemento. Su preparación también era motivo de encuentro y trabajo en equipo, cuyos toques finales consistían en colocar de forma precisa el musgo, que también provenía de la excursión inicial para la búsqueda de la rama para el arbolito.    

Nuestras navidades comenzaban en octubre con el embellecimiento no solo de nuestros hogares, sino del barrio entero, se colocaban guirnaldas y bombillos de colores entre los postes en casi todas las calles, llegando a competir entre cuadras sobre cual quedaba más bonita. En esos barrios coloridos y súper activos, en las noches (aunque usted no lo crea) se desarrollaban las infaltables Patinatas en las misas de aguinaldo y la “misa del gallo”, al principio con patines de ruedas de hierro marca Winchester, luego llegaron los de ruedas de goma y la patinetas. A eso nos dedicábamos los jóvenes en navidad, a pasarla bien, celebrando el nacimiento del Señor con los estrenos de ropa, zapatos y los regalos que nos traía el Niño Jesús, la fiesta se extendía hasta el Año Nuevo entre gaitas, hallacas, turrones, pan de jamón, dulce de lechosa, ponche crema y fuegos artificiales, todo ello junto a la familia entera, reunida en paz y armonía, pidiendo un deseo con cada uva del tiempo que ibas comiendo mientras sonaban las doce campanadas. Así transcurrían tres meses de alegría y festejo que culminaba con la llegada de los Reyes Magos que no pasaba desapercibida y al recordarlo hoy parecen historias de vidas inalcanzables para lo que ahora se ha llamado “clase media”.                  

            Esas familias “pobres” tuvieron la oportunidad de crecer y progresar, sus hijos pudieron estudiar en escuelas, liceos y universidades públicas, acudieron a hospitales o al Seguro Social cuando requerían atención médica, se trasladaron en líneas de autobuses con unidades en buen estado y en número suficiente para atender la demanda de pasajeros, adquirían sus alimentos en mercados libres y supermercados sin hacer cola, se informaron con medios de comunicación diversos y libres, se divirtieron en parques, cines y teatros, utilizando las noches como horas propicias para el disfrute y disfrutaron servicios públicos de calidad, prestados por gestiones municipales y regionales que veían al ciudadano, no como un voto en época electoral, sino como como la razón de ser de la gestión pública, a quién debía entregar lo que se merecía de forma oportuna y efectiva.

Soy un testimonio de como un muchacho de barrio de una familia numerosa, logró educarse en instituciones públicas, formar una familia y hasta ganarse la vida como profesor universitario

            Ya no es así, los que hoy en día “ascendimos” a la “clase media” no contamos con la calidad de vida de cuando éramos “pobres” y felices. Soy un testimonio de como un muchacho de barrio de una familia numerosa, logró educarse en instituciones públicas, formar una familia y hasta ganarse la vida como profesor universitario (cuando el sueldo cubría las necesidades básicas).

Pasando a nuestra triste realidad, de lo que sin temor a equivocarme, lamentablemente para todo el país, serán las peores navidades que los hijos de Bolívar que luego heredaron las reservas más grandes de petróleo del mundo tengan que vivir, debo manifestar mi decisión de seguir luchando, si decidimos quedarnos en nuestro país -por la razón que fuere-, ya es hora de pasar de la remembranza y la evocación de todo tiempo pasado a algún plan de acción donde podamos aportar en la más importante empresa que cualquier Venezolano pudiese tener que es el Rescate de la Patria. Considero que es una obligación moral contribuir en la restauración de ese edén perdido que fue nuestra ciudad capital del estado Miranda. Los que tuvimos la fortuna de recibir buena educación, poseemos herramientas para contribuir en distintos ámbitos donde podamos aportar lo que esté a nuestro alcance.

Esta terrible situación deriva, a mi juicio, de todo un proyecto nefasto que se desarrolló en el país, con el argumento del capitalismo, del imperio, de los oligarcas. Redujeron a treinta millones de Venezolanos a la mínima expresión de lo debería ser un ciudadano, no tiene caso enumerar nuestras necesidades porque bien las conocemos y las padecemos unos más que otros, prefiero alternar mis pensamientos entre esos bellos recuerdos de mi infancia y el futuro, que Dios mediante, juntos vamos a construir.

Insisto en la vía electoral, voy a continuar aportando lo que esté a mi alcance para recuperar espacios, sé que estamos cerca y es cuando más debemos trabajar. Los pocos recursos con que contamos, todavía nos permiten ayudar a nuestros hermanos más necesitados, pero requerimos ayuda, por eso comparto la férrea esperanza de comenzar el rescate nacional con la recuperación de las Alcaldías como órganos del poder con más cercanía a la población. Luego nos ocuparemos en las Elecciones Presidenciales.

Decidí de manera consciente brindarle todo mi apoyo al candidato a la Alcaldía del Municipio Guaicaipuro FREDDY MARTINEZ, lo conozco, se dé su disposición para ayudar a nuestra gente, posee la experiencia y logros resultante de su gestión como Alcalde de este municipio entre los años 1995 y 2000, confío en él y haré lo que esté al alcance de mis modestas posibilidades para que logre el triunfo, en beneficio de toda la colectividad del municipio Guaicaipuro del estado Miranda. Estoy seguro que seremos oídos como ciudadanos y que tendremos la oportunidad de contribuir en el diseño, ejecución y evaluación de políticas públicas locales, que contribuyan a la recuperación del bienestar de todos los habitantes de Guaicaipuro y que permitan volver a vivir navidades como cuando éramos “pobres”. Dios nos acompañe.

Douglas Meléndez


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