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Cuando la reacción ante una pandemia genera un problema bioético: "La primera respuesta fue errónea y poco reflexiva"

08/12/2020 02:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cuando la pandemia de coronavirus irrumpió en España a finales de enero y las Unidades de Cuidados Intensivos comenzaron a recibir enfermos de COVID-19 poco más tarde, nadie pudo prever el drama que se desataría después. Ni los poderes públicos ni los profesionales sanitarios fueron capaces de atisbar en un principio la magnitud de la odisea sobrevenida en marzo y abril, con una presión hospitalaria inasumible y un problema bioético difícil de resolver: la priorización de unos recursos a todas luces insuficientes.

Decidir quién disponía de un respirador y quién no o qué pacientes accedían a la UCI mientras otros igualmente graves permanecían en camas convencionales se convirtió durante las semanas más duras de la pandemia en una constante en algunos hospitales nacionales. Estas complicadas elecciones y la redacción de criterios para su gestión han constituido uno de los grandes retos bioéticos a los que se ha tenido que enfrentar España durante la crisis de la COVID-19, al que se une ahora la distribución de la vacuna.

Lo explica a 20minutos el presidente del Comité de Bioética de España, Federico de Montalvo, que recalca que en un primer momento "se fue muy reactivo y poco reflexivo" a causa de la falta de tiempo y que "tal vez las medidas adoptadas podrían haberse meditado un poco más". "La primera respuesta ante la pandemia fue éticamente errónea", afirma, e identifica la distribución de los recursos "ante una situación tan extrema" como "el primer gran reto".

Un ejemplo de estas dificultades, señala De Montalvo, lo constituye un documento con recomendaciones elaborado por la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias, que dio lugar a "malas interpretaciones". Hubo quien entendió que el texto, que hablaba del "valor social" de los enfermos al asignar recursos limitados, discriminaba a los ancianos y las personas con discapacidad, y el Comité elaboró un informe que calificaba esta expresión como "extremadamente ambigua y éticamente discutible".

En la misma línea que De Montalvo se pronuncia Elena Postigo, profesora de Filosofía y Bioética en la Universidad Francisco de Vitoria, que asegura que, "sin mala intención", en muchas circunstancias durante estos meses se ha actuado "con precipitación". "No siempre las cosas se han hecho bien. No creo que haya habido mala fe, pero los profesionales de la salud se han visto desbordados por situaciones donde la reflexión ética ha quedado en segundo plano", dice, y detalla que en multitud de ocasiones los propios sanitarios han sido las víctimas de esta coyuntura.

El otro gran reto de la pandemia desde el punto de vista de la bioética, apunta De Montalvo, es la distribución de la vacuna, cuya cuidada planificación contrasta con la "improvisación" en la priorización de medios en la primera ola. "El contexto está siendo muy distinto. Ahora el liderazgo lo han tomado los poderes públicos, que yo creo que son los únicos legitimados para repartir un recurso", afirma.

"En vez de actuar reactivamente, se ha generado una reflexión con un grupo de expertos para tener una estrategia antes de la llegada de las vacunas. Ahora las cosas se han hecho bien", concede el presidente del Comité.

Sobre el tema se pronuncia también Fernando Bandrés, catedrático de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, que subraya las preguntas que surgen ante esta crisis: "¿El fin justifica los medios? ¿Dónde hay que parar? ¿Hacemos experimentación o investigación?". Pese a los interrogantes, estima que la tecnología ha permitido aliviar la falta de un "un líder que pusiera orden" y sacar "la brújula del sentido común", y resalta que las vacunas pueden provocar la aparición de dilemas, como "la obligatoriedad o no de inocularla o la necesidad de explicar los efectos secundarios".

"Las vacunas pueden generar también conflictos bioéticos por la existencia de conflictos de intereses. Puede ocurrir que algunos protocolos no se lleven a cabo a causa de las prisas", añade, aunque se muestra "optimista" en este sentido, al considerar que la producción de fármacos tiene una regulación de derechos y deberes en términos éticos "muy poderosos".

Otro de los grandes desafíos bioéticos de la pandemia ha llegado a través de los centros de mayores. Los ancianos fueron los más castigados por la primera ola de COVID-19 y la segunda, si bien en menor medida, ha vuelta a golpearlos con dureza, especialmente a aquellos que viven en residencias. La virulencia de la enfermedad en la tercera edad ha supuesto en estos meses un auténtico problema para gestionar las visitas a estos lugares, que en muchos casos terminaron cerrando sus puertas a los familiares de los internos, presos de la soledad y la melancolía.

Esta circunstancia, que se ha abordado de forma dilemática, según De Montalvo, ha estado estrechamente relacionada durante la pandemia con el acompañamiento al morir. No solo en residencias de mayores, sino también en hospitales, muchos enfermos no tuvieron la oportunidad de despedirse de sus seres queridos y fallecieron solos. Por eso, el Comité de Bioética redactó una declaración para invitar a mejorar esta situación y abogar por un entorno más compasivo. "Se podría haber hallado una solución intermedia", afirma.

También muy crítica con esta coyuntura se muestra Postigo, que expone que, aunque hay algunos casos de actuaciones ejemplares, la valoración general es "negativa" y el país "no aprobaría" en la gestión de estas situaciones. "Nos hemos dado cuenta tarde de lo que estaba ocurriendo y habría que depurar responsabilidades. España no ha estado a la altura, no ha sabido proteger a los ancianos", lamenta, y denuncia que en ocasiones esta incapacidad ha redundado en depresiones e incluso fallecimientos prematuros.

Otra de las grandes disyuntivas a las que se ha enfrentado la sociedad en estos meses ha sido la obligación de escoger entre economía o salud. Preservar el bienestar físico de los ciudadanos y garantizar la capacidad de respuesta de los hospitales fue en la primera ola de la pandemia la elección de los poderes públicos en detrimento de la actividad comercial y financiera.

"En un primer momento se optó por la salud. No había camas en los hospitales y había que cerrar las calles. Se dijo claramente: la economía, fuera de juego. Ahora la situación no es comparable, a día de hoy es posible hacer frente en mayor o menor medida a la coyuntura sin un confinamiento", incide Postigo, que es también directora del Instituto de Bioética de la Universidad Francisco de Vitoria.

A pesar de los enormes retos que la pandemia ha planteado a la sociedad y que han evidenciado, según Bandrés, las "debilidades" del sistema -como "una crisis de liderazgo", la proliferación de "ideas erráticas" y la perspectiva de "conflictos éticos y legales en el futuro"-; esta crisis también ha puesto de manifiesto las "fortalezas" de la ciudadanía, entre las que el experto destaca "la tecnología" y "el potencial humano". Así, recalca que ha aflorado "la ética de las virtudes, el olvidarse de uno mismo", tanto entre los sanitarios como en los ajenos al sector, y se han impuesto valores como "el compromiso, la solidaridad y el esfuerzo".


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