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Durante los años 2013 y 2016 la revista Acta Pediátrica Española publicó en su sección "Formación e información en Pediatría" una serie de 39 capítulos sobre COMUNICACIÓN CIENTÍFICA. Pues bien, los primeros 14 capítulos de esa serie se han recogido en un libro del que Editorial Mayo (y con el apoyo de Nutribén Nutrición) ha publicado más de 8000 ejemplares para difundir entre los pediatras y residentes de pediatría en formación de España.

Nuestro agradecimiento, como autores, por esta labor de difusión del libro que hemos titulado "Claves para sobrevivir a la publicación biomédica. Cómo elaborar una comunicación a un congreso y publicar un artículo científico". Estos son los títulos de los capítulos: - Tema 1: La comunicación científica en la práctica clínica, docencia e investigación - Tema 2: Congresos científicos (1): Elaboración de resúmenes - Tema 3. Congresos científicos (2): Claves para elaborar un buen póster científico - Tema 4. Congresos científicos (3): Claves para elaborar una buena comunicación científica - Tema 5. Congresos científicos (4):Claves para confeccionar buenas diapositivas - Tema 6. Conocimientos básicos para elaborar un artículo científico (1):diez pasos a seguir - Tema 7. Conocimientos básicos para elaborar un artículo científico (2):el fondo (lo que se dice) - Tema 8. Conocimientos básicos para elaborar un artículo científico (3):la forma (cómo se dice) - Tema 9. Conocimientos básicos para elaborar un artículo científico (4): los aspectos gráficos (tablas y figuras) - Tema 10. Conocimientos básicos para elaborar un artículo científico (5): Los aspectos estadísticos (más que números) - Tema 11. Conocimientos básicos para elaborar un artículo científico (6): La ética de la publicación biomédica - Tema 12. Conocimientos básico para elaborar un artículo científico (7): El sistema de revisión por pares («peer review») a debate:fortalezas y debilidades - Tema 13. Conocimientos básicos para elaborar un artículo científico (8): ¿Dónde publicar? La calidad, la importancia y el impacto en las publicaciones biomédicas.

Un libro que guarda una pequeña joya en el Prólogo que nos regaló un amigo sabio de la palabra y traductor médico, el Dr. Fernando Navarro. Os hago partícipe de sus palabras para encuadrar el objetivo de nuestro libro.

"Durante los seis años de carrera y los cuatro o cinco de residencia, el aprendiz de médico especialista ?primero alumno de Medicina, luego MIR? dedica la mayor parte de su tiempo activo a estudiar las diversas disciplinas básicas y clínicas que conforman el plan universitario de estudios y a adquirir las destrezas clínicas que le permitan prevenir, diagnosticar y tratar o curar todo tipo de dolencias, síndromes y trastornos. Muchos se sorprenden, pues, cuando comprueban más adelante, siendo ya especialistas en ejercicio, que su utensilio fundamental de trabajo no es ninguno de los que con tanto ahínco cultivó en sus años de formación. No es la exploración física ni el fonendo, el electrocardiograma, las radiografías, los análisis clínicos, ni otras pruebas complementarias; ni siquiera la tableta o el telefonillo con sus mil y una aplicaciones. Su recurso fundamental de trabajo, el más valioso, el que hará posible toda actividad asistencial y que más usará a diario, es el lenguaje. El médico especialista, en efecto, pasa casi toda su jornada escuchando, hablando, leyendo o escribiendo, en un flujo constante de información y conocimiento siempre vehiculado a través del lenguaje. Si a toda la actividad asistencial que gira en torno a la historia clínica ?hoy electrónica? añadimos la obligación de redactar informes médicos, presentar sesiones clínicas, estudiar en libros y revistas los casos más complejos, responder a las interconsultas de otros servicios, informar a pacientes, familiares y acompañantes, y todo tipo de comunicación informal o profesional con los colegas de especialidad y con otros profesionales biosanitarios, podemos hacernos una idea aproximada de la importancia que para el médico clínico tienen las palabras.

Y si esto es así en el ejercicio cotidiano de la medicina, no digamos ya cuando el médico especialista ?pediatra, pongamos por caso? aspira a compaginar la faceta asistencial con el desempeño de la docencia y la investigación. Lo cual, por cierto, es cada vez más frecuente; entre otras cosas, porque está demostrado que la actividad docente e investigadora se asocia a mayor calidad de la asistencia médica prestada. Si el lenguaje resulta crucial para la actividad asistencial, no lo es menos en el ámbito de la docencia, ya sea en forma de clases magistrales, apuntes, exposiciones orales, trabajos individuales o en grupo, exámenes orales, escritos o de tipo test para evaluar los conocimientos de los alumnos, trabajos de fin de grado o tesis doctorales. En cuanto a la investigación médica, creo no exagerar un ápice si afirmo que esta únicamente puede considerarse completa cuando el médico investigador logra comunicar eficazmente los resultados de su estudio ya sea de viva voz ante un congreso de la especialidad o, más a menudo, por escrito en forma de artículo original.

No es raro, pues, que más pronto o más tarde el pediatra con afán investigador sea dolorosamente consciente de que la formación acumulada durante tantos años puede rayar tal vez a gran altura en lo puramente médico y científico, pero está coja en lo tocante al lenguaje y las habilidades de comunicación verbal o por escrito. En una encuesta efectuada a profesionales sanitarios españoles sobre sus necesidades en cuanto a formación para el desempeño de la investigación biosanitaria, los propios encuestados señalaban, por delante de cualquier otra demanda formativa, las tres siguientes: potenciar la enseñanza del inglés (que falla, sigue fallando estrepitosamente en nuestro país ), aprender a escribir y publicar artículos científicos, y aprender a hablar en público.

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Escribir y hablar correctamente, sí, incluso en la lengua materna (¿cómo puede pensar siquiera en comunicar algo regularmente en inglés quien no sea capaz de hacerlo bien en su propio idioma?), son dos de las principales carencias que perciben los profesionales españoles de la sanidad. Como puedes comprobar, colega lector, no eres el único ni estás solo: las mismas lagunas que notas, las percibimos igualmente otros en su momento; también ?estoy seguro? los cuatro autores de este libro que ahora sostienes en las manos.

Por tratarse de una técnica y un arte, no estoy seguro de que la comunicación científica pueda enseñarse; pero de lo que sí estoy convencido es de que puede aprenderse. Y la lectura atenta de Claves para sobrevivir a la publicación biomédica puede ser un buen modo de iniciarse en este campo.¿De iniciarse tan solo? Así es; un libro de esta extensión no basta para abordar con detalle todo lo que un pediatra debe saber para comunicar cabalmente de palabra y por escrito. De hecho, el único modo realmente eficaz de llegar a medio dominar la escritura científica es leer mucho, escribir mucho también y corregir, retocar y reescribir más aún; y de llegar a medio dominar la comunicación oral, asistir como oyente a muchas ponencias ?buenas, malas, excelentes, pésimas y regulares? y salir mucho a la palestra o al atril micrófono en mano. En el ámbito de la comunicación científica, como en medicina, la práctica es esencial, ineludible; pero esta cunde más y se aprovecha mejor cuando uno parte de una sólida base teórica, que está en los libros.

No quiero extenderme en este prólogo, pero al mismo tiempo me gustaría dotarlo de un mínimo contenido de utilidad práctica, que trascienda la mera palabrería. Creo que puede ser buena idea, pues, cerrarlo con tres consejos de aplicación inmediata que son oro puro; consejos, me apresuro a aclarar, que no son de mi cosecha, sino de tres sapientes predecesores nuestros con amplia experiencia en la técnica y el arte de la comunicación científica.

El primero es del estadounidense Robert A. Day (1924- ), redactor científico profesional durante toda una vida, profesor de redacción científica en la Universidad de Delaware, una de las personas que más saben sobre publicación científica y autor de uno de los libros más influyentes sobre el particular. Considera Day que «good scientific writing is not a matter of life and death; it is much more serious than that» (escribir bien un trabajo científico no es una cuestión de vida o muerte: es algo mucho más serio), y estoy de acuerdo con él. El pediatra con inquietudes docentes o investigadoras hará bien en situar el lenguaje y la comunicación en el centro mismo de su empeño formativo: todo el tiempo que pueda dedicar a ellos será poco.

El segundo, del médico humanista Gregorio Marañón (1887-1960): «en el lenguaje científico, la claridad es la única estética permitida». A lo que yo me permitiría añadir tan soloque escribir de forma clara y sencilla es una de las cosas más difíciles y complicadas que existen en esta vida; escribir complicado, en cambio, es sencillísimo.

Y el tercero, del neurohistólogo y nobel Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), para quien la comunicación científica debe ajustarse siempre a las siguientes reglas: «primera, tener algo nuevo que decir; segunda, decirlo, y tercera, callarse en cuanto queda dicho». Me aplico el cuento para este prólogo mío, que inicié con la idea de deciralgoy dicho queda. Callo, pues".

Y nosotros también callamos, con la confianza de que el libro sea de utilidad.

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