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Hace 15h

Cuando se lee por primera vez El Criterio, de Jaime Balmes, y sobre todo, cuando se lee en edad temprana, se puede tener la sensación de estar descubriendo un nuevo concepto sobe el conocimiento, el saber y la verdad

Esta es la sensación que tienen muchas personas cuando leen algo nuevo en las redes y sobre todo cuando ignoran el origen o la causa que dio pie a lo que leen.

Así podemos entender algunas discusiones aparentemente banales en las que aparece un trasfondo de incultura o simple ignorancia.

Por poner un ejemplo, imagínese el lector que hubiera escrito que la causa que “dió pié a lo que leen” pasara desapercibida --o lo que es peor—fuera causa de discusión sobre la gramática de los diptongos.

Muchas veces –la mayoría de las veces—lo importante en las redes sociales es transmitir de forma rápida y sucinta lo que se quiere comunicar, a la vez que se suele hacer dentro de un contexto concreto y circunstancial.

Pero cuando esto no es así, la cosa cambia y cambia mucho más cuando lo que se pretende es llamar la atención o presumir de lo que no se sabe, no se conoce en profundidad o simplemente se ignora de forma supina.

Decía Balmes que “El buen pensador procura ver en los objetos todo lo que hay, pero no más de lo que hay.

Ciertos hombres tienen el talento de ver mucho en todo; pero les cabe la desgracia de ver lo que no hay, y nada de lo que hay. Una noticia, una ocurrencia cualquiera, les suministran abundante materia para discutir con profusión, formando, como suele decirse, castillos en el aire. Estos suelen ser grandes proyectistas y charlatanes.”

El criterio asienta sus raíces en los conocimientos

Saco a relucir a Balmes, por ser catalán y ser cura, dos bestias terribles en una sola persona, pero que no descalifican al autor ni a su obra.

En los tiempos que corren citar a Balmes a la hora de hablar del concepto criterio, resulta algo arriesgado, pero no temerario. Deberían tomar buena nota muchos charlatanes a la hora de opinar sobre “la cuestión catalana” y los criterios que se esgrimen en ambos bandos.

Lo mismo que deberían hacer algunos monaguillos metidos a obispos a la hora de opinar en las redes amparados en el anonimato o el seudónimo.

De los temerarios y lenguaraces charlatanes se encarga el criterio selectivo del buen lector en el sentido amplio del concepto, ya que abundan los lectores de basuras literarias varias, generalmente guiados por los que antes se llamaban gurús de las redes y que ahora se esconden bajo el pomposo término inglés de Coaching Community Manager, como si de algo serio se tratara, cuando en realidad estamos ante un sistema de caza bobos integrados al mercado del gran negocio de Internet, el nuevo consumismo de masas.

Así pues, para no perderse en este mundo, lo primero que debe hacer cualquiera que se precie, y se respete a sí mismo, es formarse un criterio serio.

Fíjese que he dicho formarse un criterio serio, cuando lo ideal sería que se formase un criterio propio, pero claro eso del criterio propio, lleva su tiempo y requiere de otras muchas cualidades que como el “éter” flotan en el aire y no estamos hablando de levitación.

Supongo que los autores de la Septuaginta debieron tener un largo debate a la hora de decidir cuál de los árboles debería representar a la ciencia y al pecado y si debería llamarse  árbol de la sabiduría, de la ciencia o del pecado.

Pero estaremos de acuerdo en que ese asunto fue precisamente una cuestión de criterios, pero fuera cual fuera la elección, era un árbol, tenía raíces y daba frutos.

Otros sólo saben hacer leña de los árboles… eso sí, siguiendo su criterio, acertado o desacertado.

 

@ordosgonzalo

 

gonzalo   alvarez-lago   garcia-teixeiro

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