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04/08/2015

image Por Luis David Niño Segura / Tw:@ld_nio

Carmina se quedó sentada sobre la cama y esperó pacientemente.

Antes de mirar el cuerpo de Rodrigo se preparó un café y encendió un cigarrillo. Tenía días sin comer y solo se limitaba a pensar en lo que los había traído a ese cuarto a las afueras de Sonoyta. Después pensó en salir por un momento y comprar un par de huevos y algo de pan para comer. Se detuvo. Pensó que si salía Rodrigo no la esperaría, pero se limitó a terminarse su cigarro y a pensar en los veinte años que había pasado al lado de su esposo. Tres veces la llegó a golpear y siempre se dijo que se lo merecía. La engañó un par de ocasiones y también se culpó a ella misma.

El día que Rodrigo llegó y se sentó en la cama como ella lo haría unos minutos después, no se le olvidará jamás. Hace ocho meses, en el centro de salud, el pasante de medicina le diagnosticó cáncer de próstata. Lo que Carmina disimuló con esfuerzo fue el hecho que Rodrigo y Raúl, el practicante de galeno, mantuvieran una relación. Debido a eso fue que, en una ocasión, cuando Raúl introdujo su dedo medio en el ano de Rodrigo, para masajearle la próstata, se dieran cuenta del problema que silenciosamente lo mataba. Los estudios estuvieron de más. El cáncer estaba muy avanzado y siendo, el cáncer de próstata uno de los más fuertes, el futuro de Rodrigo no estaba escrito ni echado, estaba terminado. A partir de ahí los días se hicieron lentos y tristes. Él, Rodrigo, dejó de comer, y ella Carmina, no dejó de cuidarlo.

El último mes se la pasaron los dos juntos, acostados, platicando, recordando. Una vecina les surtía de algunos insumos básicos y el dinero del Seguro Popular lo utilizaban solo para café y cigarros. Vivían en un cuarto pequeño, rodeado de la arena desértica del desierto de Sonora. Un ventilador los protegía de los más de 40 grados. Carmina ese día sabía que Rodrigo estaba a punto de morir. Desde la mañana dejó de hablar y dejó de moverse, Sus respiraciones se hicieron lentas y se podían contar los segundos que se juntaban en cada intervalo de inhalación de oxígeno. 6...5...4...3...2...1... y Rodrigo respiraba. Carmina lo miraba mientras sostenía su taza de café. Le acariciaba el cabello y le tocaba el rostro, La misma cara cadavérica que tantas veces vio sonreír. Carmina recibía algunos vecinos que, más por morbo que por preocupación, acudían a visitarlos y preguntarle sobre la salud de su esposo. Ella se limitaba a decir que sobrellevaban la situación y que no había mal que por bien no llegara. Carmina dejó la taza de café y encendió otro cigarro, ya no tenía caso dejar de fumar frente a Rodrigo. Tomó una foto que estaba junto al buró y vio el rostro alegre del último recuerdo que tenía. El viaje que hicieron juntos hacia el desierto de Altar. Ella, recargada en una camioneta con una cerveza en mano y él abrazándola por detrás. De eso hacía ya más de cinco años. El cuerpo del Rodrigo estaba recto, los pellejos de piel se pegaban a los huesos y la cabeza se mantenía inmóvil. No abría los párpados y mantenía ligeramente la boca abierta; así Carmina se daba cuenta que seguía respirando. Rodrigo le había mentido muchas veces. Uno de sus últimos secretos fue el affair que sostenía con Raúl. De esto Carmina se enteró y lo supo, pero jamás dijo nada. Fue cuando tomó la decisión de dejar de tener relaciones con Rodrigo. El día que se enteró, fue por accidente. Caminaba al centro de salud un día que sintió un dolor de cabeza terrible. Faltaban diez minutos para las cuatro de la tarde, diez minutos antes de que cerraran el centro de salud. Cuando llegó no encontró a la enfermera y pasó rápido al consultorio, pero no vio a nadie; así que se dirigió al almacén de medicamentos, al entrar vio el pene de Rodrigo entrando a la boca de Raúl mientras éste último sostenía en una de sus manos una botella de Coca-Cola Light que metía y sacaba del culo de Rodrigo. No dijo nada y se quedó inmóvil por un momento. Incluso disfrutó de la escena, de alguna manera se excitó. Dio la vuelta y salió despacio hasta encontrarse caminando en la banqueta. Dos semanas después la escena fue aún peor. En el mismo cuarto de medicamentos, prácticamente a la misma hora vio a Rodrigo empinado sobre un escritorio y a Raúl montándolo como perro desde atrás, penetrando la desembocadura del intestino grueso. Rodrigo tenía los ojos cerrados y pujaba con un gesto entre dolor y placer. Esa vez no corrió hacia afuera, guardó lo más que pudo silencio y se quedó mirando cómo Raúl le daba un placer a Rodrigo que ella jamás había conseguido. Se esperó hasta ver cómo el semen de Raúl se esparcía por las nalgas y parte de la espalda de su esposo. Salió calladamente y no dijo nada. Rodrigo jamás pensó que había sido descubierto.

Carmina decíamos, está sentada en el borde de la cama mirando a Rodrigo su esposo. Está a punto de terminarse su cigarro. Toma la colilla y apaga su cigarro en el pene flácido y delgado de Rodrigo. El cuerpo de su esposo no se inmuta. Piensa que su plan ha resultado, Tiene dos meses dándole una pequeña dosis de veneno. El diagnóstico de vida que le dieron a Rodrigo fue de año y medio a dos años. Ella decidió darle ocho meses.

Carmina se levanta de la cama y toma la única almohada que tiene. Sigue contando la respiración de Rodrigo, ahora es más lenta.... 7...6...5...4...3...2...1... y Rodrigo respira. Pone la almohada a un costado de la cabeza de su esposo y cuenta la respiración de nuevo...7...6...5...4...3...2...1...0... no ha pasado medio minuto y Rodrigo ya no respira. Ella sabe que ha muerto. Espera unas horas y se desviste, toma la mano muerta y fría de su marido, comienza a manipularse el clítoris hasta tener un orgasmo. Cuando ha terminado se levanta de la cama, se viste y calza de nuevo y sale de la casa. Camina sin detenerse. Tiene pensado llegar al desierto de Altar, el último lugar y recuerdo feliz que tiene con su esposo.

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