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Blog 20 minutos - Animales en adopcionMiembro desde: 09/03/11

Blog 20 minutos - Animales en adopcion

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Hace 23h

Yo conocí a Romy como en la imagen, con la carita blanca por los muchos años y muy frágil, poco más que piel y huesos, por su delicado estado de salud.

Era delicada en apariencia y en modos, no buscaba insistentemente las caricias como otros perros de su manada, pero se la veía tranquila y feliz. Una viejita digna y satisfecha.

Durante estas vacaciones he sabido que Romy ha muerto, que la próxima vez que franquee las puertas de su hogar echaré de menos su presencia de bailarina guardiana.

Su familia aún la llora. El peaje obligado de los que queremos compartir nuestra vida con animales.

Estos días estoy en Bretaña, una tierra verde y mágica en la que abundan los megalitos, piedras enormes de hace miles de años que, con diferentes disposiciones, suponen una memoria de los muertos.

A los hombres siempre nos han aliviado los rituales. Desde siempre nos ha consolado rendir un homenaje, más o menos duradero, a los seres queridos que nos han dejado. Cuando la muerte llega a día de hoy a un animal que era un miembro de nuestra familia, estamos huérfanos de rituales. De alivio por tanto.

Muchos nos creamos los nuestros. Conozco lugar apartado que suele ser lugar de paseos perrunos en el que he visto varias veces flores en árboles en honor de perros, hay joyas que nos los recuerdan, esparcimos o enterramos sus cenizas en sus lugares favoritos, surgen los cementerios de mascotas... pero creo que lo más frecuente en este siglo XXI es escribir recordándoles con alguna foto en nuestras redes sociales.

Sí, Facebook, Instagram... son en cierto modo el lugar en el que buscamos y hallamos algo de consuelo.

A mí me gusta recordarles escribiendo en este blog, rememorar cómo eran, la luz que aportaron a nuestras vida, dejar una pequeña constancia de su paso por este mundo.

María José Rodríguez, ente otras muchas cosas autora del precioso cuento Galgui, relacionado con la protección animal, es como yo y escribió en su muro esta hermosa despedida a su Romy.

Descansa siempre en paz, dulce pequeña.

image

La llamamos Romy por el personaje de 'La Vuelta al Mundo en Ochenta Días', un personaje valiente y dulce, como nuestra Romy. Aunque cuando llegó a casa ya tenía 6 años y algo de miedo.

Según llegó, a Porthos le faltó tiempo para ir a por ella y ladrarla en el mismo pasillo de la entrada. Ella ni se inmutó, le lanzó un ladrido que le dejó firme, asustado y gimiendo. Yo, por supuesto, me asusté y los separé, llamé a Rafa, le conté lo que había pasado, le expresé mi temor de que no se llevaran bien (circunstancia que no habíamos previsto) y de que ella le hiciera daño a él. Le dije que tuviera en cuenta la posibilidad de devolverla... Así llegó Romy a casa. Mientras hablaba con Rafa ella seguía en el pasillo, esperando pacientemente. Me tranquilicé e intenté un nuevo acercamiento entre ellos. Esta vez Porthos se dejó de tonterías y no la volvió a ladrar, se olisquearon y fue como si no hubiera pasado nada. Quedó claro en ese momento que Romy era la líder, pero una líder tranquila, dulce, que vivía y dejaba vivir pero que se impondría si era necesario, y solo si era necesario.

Romy decidió que su hogar serían los sofás. No se bajaba de ellos, y si se movía era para saltar de un sofá a otro sin pisar el suelo. Para comer había que llevarle la comida y salir del salón, entonces sabíamos que bajaba porque la comida desaparecía. Le costó alrededor de un mes empezar a bajar cuando nosotros andábamos por allí y decidirse a explorar otras habitaciones, tímidamente y mirándonos con sus grandes ojos marrones, tan expresivos siempre. Tengo una foto de ella de aquella época, sentada en el sofá de tal manera que parecía una estrella de Hollywood posando. Ella era así: dulce, elegante, expresiva. Brillaba con luz propia, aunque no era una luz estridente, sino discreta y cálida, que sabes que está ahí y te reconforta el corazón.

Romy vino de acogida, y yo empecé a difundirla diligentemente. Poco más de un mes después de su llegada, la quisieron adoptar desde Mallorca. Leí ese mail en el trabajo y quise alegrarme, pero tuve que irme al baño precipitadamente para echarme a llorar. Quedó entonces claro que ya tenía un hogar definitivo con nosotros. Ella estaba prendada de algún modo de Rafa, mientras que Porthos estaba (y está) siempre pendiente de mí (incluso ahora, que viene a lamerme sin razón aparente, sabiendo que algo pasa). Así que decidimos que sería como adoptar una perrita para Rafa, teniendo yo a un perrito fiel en Porthos.

Romy tardó varios meses en coger confianza del todo. Cuando hacíamos alguna fiesta en casa con los amigos, ella se iba a nuestra cama buscando tranquilidad y se hacía rosca entre los cojines. Entonces siempre iba algún amigo a acariciarla, nos juntábamos varios más y nos liábamos a charlar allí, con ella en medio, mirándonos como diciendo "Pero hombre, ¡que yo quería estar sola!". Este tratamiento de choque parece que le vino bien, y fue perdiendo el miedo poco a poco, e incluso aparecía para saludar a todo el que venía a casa.

Romy tenía carácter con cualquier perro que no fuera de su manada, es decir, con cualquier perro que no paseara con ella (por lo tanto, que no fueran Porthos, Bilbo, Indy, Fran, Tot, Coral, Ágatha, Mimosín, Berto... cualquiera que no fuera de los que estuvieron en casa de acogida). Eso implicaba que cada vez que nos cruzábamos con otro perro, ella se tiraba hacia él y le ladraba como si se lo fuera a comer. Sí, Romy, la misma que en casa se hacía rosca y no se movía de posición en horas. Aunque curiosamente respetaba a todos los perros (y gatos) que llegaban a casa de acogida. Sólo se enfrentaba a los perros de la calle.

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La actitud de Romy era curiosa, porque sin ser especialmente cariñosa ( prefería dormir en su camita en el salón en vez de en nuestra habitación como los otros, y no la gustaba que la cogieran en brazos), ella tenía claro a quién quería proteger; sospecho que dormía en el salón, en la cama que tenía frente al pasillo de entrada a nuestro piso, para vigilar la puerta. Como si sintiera el deseo de protegernos. Cuando los niños eran pequeños e iban en el carrito, nos sorprendía poniéndose junto al carrito si nos alejábamos de él un poco. Nadie se lo había pedido, nadie le había enseñado nada de esto. Pero Romy parecía tener las cosas muy claras. Y estaba claro que estaba pendiente de nosotros aunque nunca se hiciera notar por su especial timidez.

Hace más de tres años y medio la detectaron una leucemia. De ahí la delgadez que había empezado a mostrar. La empezamos a tratar y nos dió un susto enorme: parece que sin querer uno de los ciclos de quimio coincidió con una infección intestinal, que le provocó una diarrea a ella y a Porthos. A Porthos se le pasó sin complicaciones, pero seguramente debido a la quimio ella estaba baja de defensas y la diarrea pasó a mayores, mientras nosotros estábamos liados en una de las maratones benéficas de juegos de mesa. No nos percatamos de la gravedad hasta que casi fue demasiado tarde: la diarrea le había provocado una deshidratación grave y ésta un fallo renal agudo. Se había escondido debajo de la mesa de la cocina. Jamás había mostrado interés por ese rincón. Jamás. Cuando la ví supe que se había escondido para morir. Salimos corriendo al veterinario y pudieron salvarla, aunque estuvo muchos días ingresada y salió con una insuficiencia renal. Después de aquello ella se recuperó bien e incluso cambiamos de quimio a una que le funcionó perfectamente y que nos ha evitado sustos posteriores. Y nosotros nos esforzamos por hacerla feliz. Y hemos vivido muchos momentos dulces con ella, quizás de forma más consciente, no tan rutinaria, precisamente por el miedo a perderla pronto.

Nos hicimos fotos con ella, los niños y nuestros otros perros en un estudio fotográfico. Fue complicado (de todos, niños y perros, el único que sabe posar y lo hace fenomenal, es Porthos), pero conseguimos nuestras fotos. Fotos que yo sabía que serían útiles más adelante. Fotos que yo sabía que las iba a necesitar en estos momentos.

Creo que lo que con más intensidad recordaré siempre de ella será su ronroneo y su rabito alocado y tamborilero, que aparecieron pocos meses tras adoptarla, una vez ella perdió el miedo. A Romy le gustaba ser acariciada en el cuello, y entonces comenzaba a ronronear. Estaba claro que con ese sonido más propio de gatos que de perros Romy expresaba un gran placer. Había que verla, apretando su carita contra la mano y ronroneando sin parar. Ella era feliz y a nosotros nos hacía feliz verla así.

¡Y su rabito!. Te levantabas por la mañana y te dirigías hacia el salón, y enseguida escuchabas un "tap, tap, tap, tap, tap...". Era Romy, que desde su camita nos saludaba moviendo entusiasmada su rabito, y éste chocaba contra la tela de la cama. Se convirtió en un sonido familiar, lleno de connotaciones dulces. El sonido de una vida alegre y apacible, el "buenos días" de nuestra bonita.

Hace pocos días escribí un tweet: "Romy, 16 años. #VacacionesConAnimales se puede". En parte para mostrar que no es necesario abandonar a tus animales en vacaciones, diciéndolo de otra manera. En parte para presumir de mi pequeña, estaba orgullosa de ella, de su fortaleza, de su vida larga y aún muy placentera: la leucemia estaba controlada, las insuficiencias renales y hepáticas también, ella seguía tirando en el paseo y siendo la que abría la marcha, seguía pidiendo chuches con ojos grandes e incansable, seguía comiendo bien y haciendo su vida normal... algo despistada últimamente, pero sería la edad, claro. Y era la edad. La edad que le había provocado un tumor cerebral no detectado y que hizo que, tras una mañana alegre, en el chalet de los padres de Rafa, disfrutando del verde, de abrazos y caricias también de los tíos Marina e Íñigo, se derrumbara de repente en un ataque epiléptico del que ya no despertó.

Llevaba ya tiempo incluyendo una frase en mis oraciones: "Que cuando se tengan que ir lo hagan sin miedo, sin dolor, sin sufrir". Bueno, según nos decían los veterinarios, ella no se enteró de nada: su cerebro desconectó en el momento del ataque, y siguió desconectado después de empezarle la medicación contra el dolor y las convulsiones. Siguió desconectado hasta que se fue, con nosotros alrededor tratando de transmitirla todo lo que la queríamos. Fue feliz hasta el final, y después se fue sin darse cuenta, mis oraciones habían sido escuchadas y se lo agradezco a Dios, aunque nosotros estábamos devastados.

En todo caso, no quiero terminar este texto con la noticia "Romy se ha ido de repente y nos ha roto el corazón". Si no con la noticia "Romy ha vivido una vida larga y feliz con nosotros hasta el final".

Sin embargo, soy sincera conmigo misma: aún nos llevará unos días asumir la segunda frase. Es normal, no todas las lágrimas son malas. Las nuestras demuestran nuestro amor por ella. Aún nos llevará un tiempo dejar de llorarla y quedarnos sólo con todos los momentos felices que ella nos dió. Aún nos llevará un tiempo.

Espéranos Romy, en esos verdes prados bajo un cielo azul eterno, moviendo incansable tu rabito, sentada como una estrella de Hollywood hasta que podamos volver a reencontrarnos y compartir, otra vez, una vida feliz. Te queremos bonita, y siempre lo haremos.

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