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30/01/2015

¿Cómo dar rienda suelta a una buena dosis de ambición para tener un negocio prospero, sin perder la integridad con uno misma?

Si eres una mujer emprendedora de corazón, es muy probable que:

  • Te estés poniendo metas elevadas que te obliguen a crecer continuamente.
  • Quieras generar cada vez más ingresos.
  • Quieras ser la mejor dentro de tu rubro.

Todas estas son cualidades que se catalogan bajo el término “ambición”. Y es muy probable que hayas recibido críticas y desdén de tu entorno por ser así.

Porque la ambición es un atributo que no siempre es bien visto por nuestra sociedad, especialmente cuando proviene de una mujer.

Y no es de sorprender, ya que, históricamente, la ambición tiene una connotación negativa. La Real Academia Española la define como un “deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama”.

¡Uy! No creo que alguna mujer quisiera ser identificada de esa manera. Solo al leerlo me surgen imágenes de la clásica villana de las películas que es capaz de vender a su propia madre con tal de satisfacer su insaciable apetito por el poder y las riquezas.

Las mujeres somos naturalmente compasivas, serviciales y solidarias. Por eso este concepto de ambición nos causa tantos conflictos. Lo malo es que esta  imagen de villana ha detenido, y sigue deteniendo, a miles de mujeres emprendedoras a tomar su lugar valientemente, para que puedan desplegar sus dones de empresaria y de liderazgo sin tener sentimientos de culpa al respecto.

Por eso la ambición es un tema complejo que trae mucha confusión, ya que parece ser buena a veces y, otras veces, no tanto.

Como mentora de mujeres emprendedoras, he visto que esta confusión se manifiesta de diferentes maneras:

  • Honorarios muy bajos, porque se asume que la ayuda debería ser casi gratis.
  • Una mala relación con el dinero, porque es malo querer enriquecerse.
  • Agotamiento, por entregar demasiado tiempo y contenido de valor.
  • Estancamiento, por vivir con este conflicto interno.
  • Falta de enfoque y dispersión con otras actividades, por no darse el permiso de abrazar su misión plenamente.

Si esto te describe a ti, entonces es tiempo de confrontar el tema de esta ambición que está dentro de ti y que, incluso inconscientemente, no quieres aceptar y, mucho menos, darle rienda suelta.

La verdad es que la ambición en si no es buena ni mala. Lo que te puede perjudicar es la motivación que hay detrás de ella.

Para que me entiendas bien: nuestras motivaciones nacen en nuestros corazones. Son el motor de nuestras acciones, pero no siempre son evidentes, ni siquiera para nosotras mismas. Por ejemplo, a veces una mujer puede creer que quiere algo, pero es un deseo adquirido –o copiado- de otros. Incluso puede vivir de acuerdo a las expectativas de otras personas, no las propias.

Eso hace que nuestro accionar, que podría catalogarse como “ambicioso”, pueda nacer de una motivación buena o mala. Por fuera se ve igual, pero, por dentro, es muy diferente. Y da frutos diametralmente opuestos.

¿Cómo puedes medir si tu ambición es buena o mala?

Egocentrismo versus espíritu de servicio:

La ambición puede consumir a una persona si viene de un lugar de egocentrismo.

Me encanta el concepto de prosperidad con propósito, ya que enfoca tu negocio como una misión que ya no trata de ti, sino de algo mucho más grande. Nace de un deseo de ayudar a los demás y de tener la certeza de que tú serás generosamente recompensada por ello.

En cambio, si todo lo que haces gira alrededor de ti, es muy probable que tú te estés midiendo con tus logros. Eso te va a causar mucha frustración, porque tendrás poca tolerancia al fracaso, serás impaciente y vivirás descontenta.

Dios no te mide por tus logros. Te ama como eres, independientemente de que logres destacarte en algo o no. Quizás otras personas tengan ciertas expectativas sobre ti y tasen tu valor de acuerdo a lo que has logrado, pero Dios no lo hace y tú tampoco tienes por qué hacerlo.

Querida mujer emprendedora, pon tus ojos en aquellas personas que necesitan de tu ayuda.  Cuando tus servicios vienen de un lugar de compasión y de amor por tus clientes, dentro de un marco de negocio que te permitirá crecer y alcanzar a cada vez más personas con tu mensaje, prosperarás y te sentirás plena y satisfecha.

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