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Antonio Lerma GarayMiembro desde: 23/07/16

Antonio Lerma Garay

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Una faceta poco conocida de Joaquín Redo

(Tomado del libro "Mazatlán Decimonónico IV" de Antonio Lerma Garay

 

El 29 de septiembre de 1884 el vapor Estado de Sonora  zarpó  de Mazatlán con rumbo a Altata, Guaymas y La Paz. Un hombre de apellido Rode era el capitán del navío de 700 toneladas que, además, contaba con treinta y ocho hombres de tripulación y que transportaba a doce pasajeros, además de diversas mercaderías. De aquéllos el más distinguido era don Vicente Ferreira, codueño de la única fundición que existía en el puerto sinaloense. La partida del navío había sido muy a tiempo ya que al día siguiente nuestra ciudad y la región fueron azotadas por una tormenta tropical que causó numerosos y grandes daños. El día 30 llegó a Altata donde fue visto por última ocasión ya que en algún momento de su travesía rumbo la península la tormenta lo alcanzó y hundió sin dejar sobreviviente alguno. Hacía el día 7 de octubre siguiente el barco estadounidense Newbern en las cercanías de la costa de Baja California encontró una elevada cantidad de pecios, seguramente de aquel buque recién hundido. Por fortuna el navío había sido asegurado en San Francisco, California, por la cantidad de setenta mil dólares.[1]

Tres años y medio antes, a las diez de la mañana del día 4 de febrero de 1881, el Estado de Sonora había zarpado de San Francisco, California. Si bien no era de gran tamaño, la prensa lo calificaba como uno de los vapores más modernos y eficientes que se hubieran fabricado hasta entonces en dicha ciudad. Ese era el primer viaje del navío y tenía como destino Mazatlán.[2] En un principio se anunció que saldría de aquel puerto el día 27 de enero, pero por razones desconocidas la salida se pospuso en un par de ocasiones. Su capitán era un hombre de apellido Hart, el Sonora daría servicio regular entre este puerto sinaloense, los demás puertos del Golfo de California y San Francisco. El propietario de este barco era uno de los hombres más ricos y poderosos de Sinaloa y de México hacia finales del siglo XIX, don Joaquín Redo, quien, por cierto, además era socio de Ferreira en la aludida fundición.

El 16 de abril de 1886  en la Compañía Constructora de Barcos de  Sunderland, Inglaterra, fue botado un barco de los más eficientes, pero a la vez lujosos que se hubieran construido hasta esas fechas: el Alejandro. La firma Welmer & Ashton, de Manchester, había ordenado su construcción. La compañía británica Lloyd’s Register, especializada en  clasificación de barcos, había realizado una inspección del navío y le había otorgado su grado 100 A 1, lo que significaba que el navío había sido construido con equipo bueno y eficiente y que estaba listo para prestar sus servicios en el mar. Las dimensiones del vapor eran: 64 metros de eslora por 9.75 de manga y 3.66 de calado. La iluminación era de corriente eléctrica y los motores le garantizaban una velocidad de 13 a 14 millas por hora. Contaba con  una sección para pasajeros de primera clase y otra para los de segunda. Todos los alojamientos tenían la más eficiente iluminación eléctrica y ventilación. La cubierta de los pasajeros de primera contaba con un balcón exclusivo donde podían admirar el mar; el salón de esta sección estaba bellamente acabado con madera fina y resistente. El precio del buque no se dio a conocer, pero quien había pagado por él era don Joaquín Redo, [3] quien con esta moderna nave pretendía sustituir al Estado de Sonora.

La prensa de Inglaterra anunció que este nuevo buque llegaría a Mazatlán en el mes de agosto. El Alejandro, al igual que había hecho el Estado de Sonora, realizaría cabotaje entre los puertos del Golfo de California y hasta Colima. Pero la eficiencia y modernidad de este navío bien podría aprovecharse aún mejor, realizando viajes regulares hasta San Francisco. Y fue el 17 de diciembre de ese año cuando esta nave desde la tierra de venados llegó por vez primera al puerto californiano llevando a bordo 23 paquetes de valores por  40 647 dólares, además de diez barriles llenos de camarón.[4]

Don Joaquín Redo no era un empresario más en aquel México porfirista, tenía muy buenas relaciones en las altas cúpulas del gobierno mexicano. Días antes de que el Estado de Sonora se hundiese, el 18 de septiembre, este navío había anclado en las aguas de San Francisco llevando a tres prominentes porfiristas: uno era el propio Redo, los otros los generales José Guillermo Carbó y Marcos Carrillo.[5] El empresario era en esos días diputado al congreso del estado de Sinaloa.

En febrero de 1888 el gobierno mexicano rentó a Joaquín Redo el Alejandro para que efectuara dos viajes de Mazatlán a San Benito, Chiapas, llevando tropas ya que insurgentes de Guatemala tenían invadido parte del territorio nacional.[6]

El 5 de septiembre de ese mismo año el cónsul de la República Mexicana en San Diego, California, recibió aviso oficial de que el Departamento del Interior había celebrado un contrato con el señor Joaquín Redo por el cual se establecería una línea mexicana de vapores con el servicio de correo, que navegaría entre san Francisco, San Diego, Ensenada y puntos intermedios. Redo contaba con dos meses para poner en circulación dos buques que dieran este servicio. Por cada viaje redondo el concesionario recibiría 2700 dólares.[7] La línea de vapores de Redo competiría contra la California y Mexicana Línea de Vapores cuyo barco insignia era el Newbern. Pero a diferencia de los otros barcos, nacionales o extranjeros, gracias a las influencias de Redo, el Alejandro recibía del gobierno mexicano algunos beneficios: no pagaba el impuesto del faro; tampoco pagaba honorarios por pilotaje ni por el uso y amarre en los puertos nacionales; además se ofrecía a los comerciantes estadounidenses un descuento del dos por ciento de los aranceles por la mercadería traída a bordo de este vapor.[8] Y por supuesto que los exportadores y autoridades de Estados Unidos no estaban contentos con estas exenciones que recibía el navío de los Redo, y así muy pronto toda la mercadería que transportaba este vapor a puertos estadounidenses estaba obligada a pagar  derechos extraordinarios de un diez por ciento sobre el valor declarado.[9]

El 7 de mayo de 1889 el Alejandro se encontraba en San Francisco y dos de sus oficiales, el capitán del señor de la Mata, y el ingeniero W. Fearon, bajaron a tierra a cumplir la misión que les había sido encomendada por el empresario sinaloense. Fueron a revisar los navíos City of Topeka y Montserrat, ya que aquél quería comprar uno para incorporarlo a su compañía naviera.[10] Además en 1893 estableció en Guaymas un astillero especializado en la reparación de barcos.

En diciembre de 1894 don Joaquín Redo y su hijo del mismo nombre se encontraban en San Francisco con el propósito de comprar un barco y para ordenar la construcción de dos o tres más. Había algo detrás de la compra urgente de un buque, pero Redo no dio a conocer la causa. No obstante, en el aire flotaban los vientos de guerra entre Guatemala y México; de hecho se esperaba una invasión del ejército de aquel país a la zona limítrofe del territorio mexicano. En San Diego el buque de guerra mexicano Oaxaca sólo esperaba órdenes del gobierno para cargar armas y municiones que serían transportadas hasta San Benito, Chiapas.[11] La prensa californiana informó a sus lectores que la compra precipitada de un navío era para ponerlo a disposición del gobierno mexicano que lo utilizaría en el transporte de sus tropas de Mazatlán y Guaymas hasta Chiapas, y que en esta operación Redo era sólo un intermediario.[12] 

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El 23 de mayo de 1888 el nuevo vapor Manuel Dublan haría su primer viaje, zarpando de San Francisco rumbo a San Diego y Ensenada.[13] Pero no fue así, una bomba se descompuso y le imposibilitó la salida. Y en enero de 1895 Joaquín Redo hijo compró este barco, lo rebautizó Diego y lo envió al puerto sinaloense desde donde comenzó a prestar sus servicios entre los puertos del Golfo.

Con estas tres compras la  Línea de Vapores de Joaquín Redo, como se llamaba a esta compañía, contó con tres navíos: el Estado de Sonora, el Alejandro y el Diego. Pero no todo fue miel sobre hojuelas para esta  naviera.

El 26 de marzo de 1895 don Joaquín Redo se encontraba en la ciudad de México cuando recibió un telegrama por el que se le avisaba que el Diego se encontraba perdido en algún lugar del Golfo de California. Poco  después se supo que el día 24 el navío se encontraba en las cercanías de Guaymas y que ahí se había ido a pique debido a una tormenta. No obstante, en San Francisco corrían rumores de que el Manuel Dublan, es decir el Diego, tenía defectos en su maquinaria.[14] Además el Alejandro fue comprado por el gobierno mexicano al señor Redo por la cantidad de ochenta mil pesos plata.[15]

En realidad el Diego no se había hundido como lo había publicado la prensa, pero sí había resultado severamente dañado debido a la tormenta que lo había cogido frente a Guaymas. El Alejandro siguió prestando sus servicios regulares en los puertos del Mar Bermejo. No obstante, algo o alguien hizo que don Joaquín Redo desistiera de continuar con sus planes de operar aquella compañía naviera. En 1896 el padre del futuro gobernador de Sinaloa, Diego Redo, cayó enfermo de malaria por lo que tuvo que viajar hasta la Ciudad de México para recibir una mejor atención médica. Poco tiempo después se fue a Europa a pasear durante seis meses. Allá se encontró a José Yves Limantour y juntos recorrieron ciudades y países europeos durante un tiempo.

[1] Daily Alta California. San Francisco. 23 de octubre de 1884. P. 2, Mazatlan’s Misfortune.

[2] Ídem. 4 de febrero de 1881. P. 3, Shipping Intelligence. P. 2. Along the Wharves.

[3] Ídem. 12 de mayo de 1886. P. 7, Along the Wharves

[4] Ídem. 18 de diciembre de 1886. P. 8, Shipping Intelligence

[5] Ídem. 19 de septiembre de 1884. P. 5,   Notes from Guaymas.

[6] Sacramento Daily Union. Sacramento. 27 de febrero de 1888. P. 4, The Mexican Invasion

[7] Los Angeles Herald. Los Ángeles. 6 de septiembre de 1888. P. 4, New Mexican Mail Service.

[8] The Commercial Advertiser. Honolulu. 2 de septiembre de 1889.  P. 2, Our San Francisco Letter.

[9] Ídem.

[10] Daily Alta California. San Francisco. 8 de mayo de 1889.  Primera plana, City Front Items.

[11] Los Angeles Herald. Los Ángeles. 16 de diciembre de 1894. P. 8, As a Traveler Sees Mexico.

[12] San Francisco Call. San Francisco. 14 de diciembre de 1894. Primera plana, Seeking New Ships.

[13] Daily Alta California. San Francisco.  21 de mayo de 1888. P. 8, Steamer Movements.

[14] San Francisco Call. San Francisco. 29 de marzo de 1895. P. 2, Foundered off Guaymas.

[15]  Ídem. 19 de diciembre de 1894. P. 8, In Case of Need

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