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Noches al raso, sin cama pero con esperanza: la vida durante el colapso asistencial a asilados y sin techo en Madrid

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27/11/2019 02:16 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"En cualquier momento va a venir alguien que nos ayude", afirma Ana Lourdes, que a pesar de llevar un mes durmiendo en la calle, todavía confía en que la solidaridad le dará una nueva oportunidad. Como ella, decenas de personas llegan a diario a las puertas del Samur Social, donde esperan a que se regularice su situación y les concedan la condición de asilado.Sin embargo, la cantidad de refugiados que llega es inasumible para los servicios de acogida madrileños. El Samur Social de La Latina se ha convertido en un punto de paso para aquellos en situación de exclusión y sin hogar, ya que la falta de plazas y las largas listas de espera ?que puede alargarse durante varios meses? solo dejan dos opciones: conseguir plaza en una ONG, que también se encuentran abarrotadas, o dormir en la calle con las bajas temperaturas propias de esta época del año.Diversas ONG acuden al Samur cada noche para trasladar a todos los refugiados posibles a sus centros. Representantes de estas asociaciones aseguran que tienen que encargarse de las competencias que debería asumir el Samur y que, en ocasiones, los trabajadores sociales indican a las personas sin techo que acudan a centros como la Cruz Roja o San Carlos de Borromeo, cuando no son recursos del Ayuntamiento (del que depende el Samur)."A mi me da un miedo brutal lo que va a pasar con estas personas durante estas semanas", comenta una miembro de la Red de Solidaridad Popular (RSP), que alerta sobre la desinformación que sufren. A los solicitantes de asilo "les cuentan que si no están cuando liberan plazas, les quitan de lista", afirma la miembro de la RSP, razón por la que algunos deciden pernoctar frente al Samur con la esperanza de que se libere alguna cama. De esta forma, los refugiados se ven a obligados a esperar frente al edificio de forma indefinida, sin importar el frío o la lluvia.Ana Lourdes es una de las refugiadas más veteranas del Samur. Lleva 10 meses en España. Al principio tenía alojamientos donde dormir, pero durante los últimos 30 días se ha visto obligada a pernoctar en cajeros y hospitales hasta que llegó a la sede del Samur de La Latina. La mujer, de nacionalidad hondureña, decidió abandonar su país por la inseguridad y las precarias condiciones de vida."Al menos aquí puedes dormir seguro. En nuestro país, si duermes en la calle puedes amanecer muerto", comenta Hernán Enrique, otro refugiado de Honduras que pernocta en el Samur Social.Ana Lourdes admite que sobrevive gracias a las ayudas de los vecinos de La Latina, que les ofrecen alimentos regularmente, aunque asegura que necesita más ayuda para superar la situación en la que se encuentra. "Hay momentos en los que me salto el metro porque no tengo cómo pagar. No me da vergüenza decirlo porque no me queda más remedio", afirma la hondureña, que ahora espera dormir en un albergue gracias al aumento de plazas durante la campaña de frío.Francisco es otro refugiado en situación irregular. Llegó hace un mes de Colombia, de donde escapó tras recibir amenazas. Está en lista de espera para recibir el asilo y apuntado para obtener techo en el Samur Social, la Cruz Roja y en San Juan de Dios. Él es una de las numerosas personas que se desplazan cada noche a los soportales de la Plaza Mayor, donde utilizan cajas de cartón y mantas -en el mejor de los casos- para combatir el frío. "El primer día fue muy duro porque no tenía chaqueta y tuve que ir al metro para entrar en calor. Me di tres vueltas y ya se me pasó", relata Francisco, que ahora porta dos chaquetas de plumas para dormir.El hombre de 47 años ejercía como maestro en una escuela colombiana, donde se encargaba de enseñar carpintería, dibujo técnico y religión a niños. Los problemas comenzaron a acorralarlo cuando comenzó a dar clases de rehabilitación a antiguos guerrillero s para que se reincorporasen a la vida civil. Fue entonces cuando grupos de extrema derecha comenzaron a acosarle y a amenazarle, porque "les interesa reavivar el conflicto", indicó Francisco. "Yo vengo de un país que no es fácil. Allí pasan dos o tres tipos en moto y si te ven un buen celular (móvil) o una cámara te matan, incluso te quitan los zapatos sin son de buena calidad", afirmó el colombiano, que descarta la opción de volver.A pesar de llevar dos semanas viviendo en la calle, Francisco se mantiene optimista respecto a su situación. "Para mí no es una tragedia, es como cuando vas al ejército y te dan ganas de llorar. Son cosas que tienes que aceptar". El colombiano agradece la hospitalidad de los madrileños, ya que tiene acceso a desayunos en la iglesia de San Antoine y comidas en los distintos comedores sociales de la ciudad. Además, transmite su optimismo a las demás personas en situación de calle, como a uno de los últimos en llegar -un madrileño desahuciado- al que le guía y enseña cómo sobrevivir en la calle.


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