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La nadadora con discapacidad intelectual Michelle Alonso rompe una frontera en la piscina

05/04/2018 20:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

JACOBO ALCUTÉN

  • Participará este fin de semana en el Open de Primavera Absoluto, en Málaga.
  • Compartirá piscina con Mireia Belmonte, Jessica Vall y todas las estrellas de la natación española.

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Tiene una discapacidad intelectual reconocida del 37%, pero Michelle Alonso es una de las mejores nadadoras de España y este fin de semana podrá demostrarlo en el Open de Primavera de Málaga, un campeonato de categoría absoluta donde compartirá piscina con Mireia Belmonte, Jessica Vall y todas las grandes estrellas de la natación española.

Será la primera vez que una nadadora con discapacidad intelectual peleará de tú a tú contra las mejores especialistas del país.

"Me hace mucha ilusión porque voy a nadar con grandes nadadoras, a ver cómo me sale. Me hace especial ilusión nadar con Jessica Vall porque competimos en la misma prueba, los 50 braza, y además la conozco personalmente porque una vez vino a dar una charla a Canarias. No sé en qué serie estará ella, pero intentaré cogerla y sobre todo disfrutar, que es lo más importante", afirma la siempre sonriente Michelle.

Su participación en el Open de Primavera no responde a ninguna invitación, sino a méritos propios porque se lo ha ganado en la piscina al conseguir la mínima exigida para esos campeonatos con la decimotercera mejor marca (33:37).

Para ello se entrena a diario, en doble sesión de mañana y tarde, y realiza los mismos los sacrificios que cualquier nadador profesional: gimnasio, dieta, antidoping...

Solo así ha podido ganar dos oros en los Juegos Paralímpicos y convertirse en la mejor del mundo en su categoría. "Las medallas de oro de Londres 2012 y Río 2016 las tengo en un cajón guardadas, bien escondiditas en mi habitación. De otros campeonatos tengo un montón, una maleta llena que no veas cómo pesa", cuenta Michelle, que lleva nadando desde los 7 años.

"Empecé a nadar porque tenía problemas de espalda, me dolía mucho cuando llevaba los libros del colegio y el médico me lo recomendó. Primero me apunté a un club convencional porque no sabía nada de mi discapacidad, pero no me sentía aceptada, estaba muy apartada y quería irme. Mis padres querían que siguiera, pero al final me cambié a otro club cuando tenía 15 años", dice.

Michelle recaló en el club Ademi de Tenerife, especializado en deporte adaptado, y allí conoció a su actual entrenador, José Luis Guadalupe.

"El primer día que me vio nadar ya me adivinó el futuro. Me dijo que iría a campeonatos de España, del mundo o, incluso, a una paralimpiada. Y acertó", recuerda.

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"Michelle tiene un retraso madurativo muy leve, pero empezó a hablar con 5 o 6 años y tiene una mentalidad muy infantil. Las niñas de su misma edad se reían de ella y poco a poco se iba arrinconando. Al principio sus padres no querían reconocer su discapacidad, pero al final se dieron cuenta de que la niña no avanzaba en los estudios, no aprobaba nada y que en el club de natación no se integraba. Llegó un momento que se estaba aislando de todo el mundo y empezó con nosotros. Ahí empezó también su evolución", asegura José Luis.

El entrenador, un psicólogo

Su principal desventaja en el agua es la dificultad para controlar los ritmos y mantener una estrategia de carrera, explica el técnico: "Un nadador convencional domina todas las habilidades psicológicas: concentración, motivación, visualización de la carrera, control de ritmos, cuenta las brazadas, estudia a los rivales... todo eso es muy difícil de controlar para un nadador con discapacidad intelectual. A Michelle, por ejemplo, no le puedo decir que cuente las brazadas porque entonces no mantiene el ritmo".

El entrenador tiene que convertirse casi, casi en un psicólogo porque cualquier detalle puede influir en su rendimiento: "En los Mundiales de Glasgow 2015 ella iba a nadar una final en la que era claramente favorita, pero unas rivales holandesas empezaron a reírse de ella antes de la carrera, o eso interpretó Michelle, y le pasó factura. Salió muy acelerada, como una moto, y consiguió el bronce por los pelos".

Michelle suple todas esas carencias con mucho entrenamiento y un gran espíritu competitivo: "Ella siempre se deja la piel en una competición. Es un factor muy bueno porque aunque no tenga todas las habilidades psicológicas, el ser tan competitiva le ayuda mucho".

Su gran objetivo es llegar a los Juegos de Tokio 2020, que a Michelle le hacen una ilusión especial: "Me gusta mucho Japón, el anime y el manga, soy una friki total, e ir allí es una ilusión enorme".


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