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Las dos primeras Mujeres que arriban al Poder Legislativo

18/11/2010 20:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Muy poco que relatar entre 1951 y 1973

Sin duda, los círculos de poder han estado cerrados para la mujer chilena. Baste mencionar que al efectuar una revisión en las distintas legislaturas, concentrándonos en el período que se inicia en 1933 - cuando en Chile se restaura el orden constitucional, después de la etapa de inestabilidad iniciada con la caída de Carlos Ibáñez y concluida con la elección para el segundo período de Arturo Alessandri Palma – y, el golpe militar de 1973 que interrumpe el normal funcionamiento del Congreso, sólo es posible contabilizar 27 mujeres diputados. Pero, como algunas de ellas, son reelectas, sólo son 24 las honorables damas.

Si se desea hacer más gráfica, la exigua presencia y cómo se irán incorporando legislatura tras otra, observemos la siguiente tabla. De ella se desprende que solamente a partir del período legislativo 1965-1969, se experimenta un aumento del número de parlamentarias en la cámara baja. Pero, no obstante, continúa siendo pobre, en relación con sus pares del sexo fuerte, por cuanto en su mejor momento (1973-1977), sólo alcanzaron a representar el 10% del total de honorables. Muy escuálido balance.

Período Legislativo

N° Honorables

1951-1953

1

1953-1957

1

1957-1961

3

1961-1965

5

1965-1969

12

1969-1973

11

1973-1977

15

Para el período legislativo 2006-2010, han sido electas como diputados y acceden a ocupar, por primera vez, un escaño, 9 mujeres y, si agregamos a quienes son reelectas, un número idéntico, totalizamos apenas 18 hijas de Eva. Un número claramente menor, considerando los espacios que han conquistado nuestras féminas, en otras áreas de actividades. Vale decir, el avance que se ha conseguido en estos más de tres lustros de restauración democrática, es escasísimo.

Peor todavía que en la cámara baja, es el recuento que se puede efectuar en el Senado de la república. En esta venerable institución, durante la extensa etapa que va desde 1933 y hasta 1973, solamente es posible contabilizar 3 honorables damas que han alcanzado este sitial. No se produce un vuelco con la recuperación de la democracia, porque tan sólo una representante del sexo femenino, Carmén Frei Ruiz-Tagle, ostenta el mérito de haber ocupado un escaño el período inaugurado en 1990.

La primera senadora será María de la Cruz Toledo, electa en 1953, mediante el expediente de la elección complementaria, celebrada para ocupar la vacante dejada por quien es elevado a la primera magistratura, Carlos Ibáñez del Campo. Posteriormente, le seguirá la militante del Partido Comunista, Julieta Campusano Villavicencio, quien resultará elegida para el período 1965-1973 y reelecta el año 1973. Cierra esta escasa nómina la socialista María Elena Carrera, elegida en elección complementaria, permaneciendo en el Senado entre 1967 y 1969.

Primer Diputado: Inés Enríquez

Una jugarreta del destino – el fallecimiento del diputado Ángel Evaristo Muñoz García -, hizo posible el ingreso de Inés Leonor Enríquez Frodden, primera mujer chilena, en ocupar un escaño en la Cámara de Diputados. Ello ocurría en Abril de 1951.

Inés Leonor, nació en Concepción en 1913, en el seno de una familia laica. Realizó sus estudios primarios, secundarios y superiores en su ciudad natal. Siendo estudiante de Derecho en 1935, se inició en las lides políticas, al ingresar al Partido Radical. En la rama femenina universitaria de esta colectividad llegó a ocupar el cargo de vicepresidenta. Ejerciendo su profesión se desempeñó por una década (1940 – 1950) como secretaria-abogado de la Intendencia penquista. Coronó su desempeño en esta repartición pública, al ser nombrada por Gabriel González Videla, Intendente de la ciudad. Convirtiéndose en la primera mujer en ejercer esta alta responsabilidad en Chile y en Latinoamérica.

Como hemos dicho, su llegada al Parlamento, obedeció a circunstancias especiales, es decir, la vacancia producida por la muerte del diputado Muñoz García, situación que provocó una elección complementaria en la antigua 17° Agrupación Departamental que reunía a Concepción, Talcahuano, Tomé, Yumbel y Coronel. En representación de los ciudadanos de aquellas localidades, completó el período en 1953.

Continuó ocupando un escaño en 1957-1961; 1961-1965 y 1965-1969; rompiendo, nuevamente, otra marca: haber permanecido por 4 períodos legislativos. Mérito que no ostenta ninguna otra parlamentaria, al menos, durante el período que se desarrolla entre 1933 y 1973.

Esta destacada servidora pública, promovió modificaciones e iniciativas de Ley que beneficiaron a los sectores más modestos. Fruto de su quehacer fue posible el establecer normas para el pago de la asignación familiar; la modificación de la Ley relativa a la jubilación de la mujer empleada particular o aquella referida al establecimiento de normas para la protección de menores. Esta y otras iniciativas de Ley que patrocinó o promovió, muestran su compromiso con el avance en la legislación social, cuestión que había cultivado desde su juventud, cuando desplegó sus mejores esfuerzos en la fundación del Hogar Femenino de Concepción, entidad que proporciona albergue a jóvenes desamparadas.

Falleció en Santiago, el 15 de Agosto de 1998.

Primer Senador: María de la Cruz

Nació en la localidad de Chimbarongo, el año l912. Fue empresaria de la industria gráfica, en realidad, no le conocemos antecedentes de estudios sistemáticos, aún cuando debió cursar educación primaria. Será una autodidacta que se forjará un cierto nivel cultural.

Ingresó a la actividad política al adherir al movimiento femenino que por aquellos años ya había tenido un largo desarrollo, desde las primeras luchas en pro de los derechos civiles y políticos ocurridas en la década de los 20; cuando figuras del calibre de Amanda Labarca, Elena Caffarena y Angélica Matte, cimentaron el camino para la fundación en 1922 del primer partido femenino de Chile.

Hacia 1944, es posible observar un notable auge de las organizaciones femeninas, cristalizando en la convocatoria del Primer Congreso Nacional de Mujeres, evento que habría contado con cerca de 200 organismos representativos procedentes de los más variados puntos del país. Fruto de este encuentro surgió la Federación chilena de Instituciones Femeninas, entidad que presentará un proyecto de ley al Congreso, para que la mujer obtenga a plenitud su derecho a voto. Esta iniciativa contó con el respaldo de varios sectores político, pese a ello, durmió por varios años en el Parlamento, hasta ser ley en 1949.

A este movimiento, entregó su pasión María de la Cruz, transformándose en una de las fundadoras, en 1946, del segundo partido femenino chileno. Desde esta organización promovió la obtención de los derechos políticos y, por medio de foros, concentraciones públicas y actividades de propaganda, impulsó su divulgación entre las mujeres de sectores populares y de clase media.

María de la Cruz, no será portadora de una ideología definida, en sus palabras, el partido femenino, “no era de izquierda ni derecha”, pues mientras los hombres se dividen por sus ideas, las mujeres “nos unificamos por el sentimiento”. La actividad realizada por esta colectividad se mantuvo por algunos años, pese a que el movimiento femenino experimentará un notable letargo después de la aprobación del derecho a voto. Sin embargo, esta tienda alcanzó a realizar un congreso en 1950, en el que se abogó por el derecho de las mujeres a ser elegidas para cargos de representación popular y, por la igualdad en lo civil para ambos sexos, entre otros acuerdos.

Carlos Ibáñez, regresó a La Moneda en gloria y majestad en 1952, como el general de la esperanza. En su campaña una de sus más fervientes colaboradoras será María de la Cruz que, a la usanza de la transandina Evita Perón, enfervorizaba a las masas, utilizando su oratoria fácil, convincente y audaz. Estas cualidades de la que carecía el líder, le permitieron convertirse en una de los principales artífices del triunfo del general Ibáñez. Ambos compartían ideas como la falta de compromiso con los partidos políticos –desprestigiados después de su actuación durante la era radical-, el rechazo a la politiquería y su admiración por los régimen populistas como el de Perón en Argentina.

Ibáñez en reconocimiento a su aporte en la campaña presidencial, le ofreció la cartera de Educación que, sin embargo, rechazo María; aceptando presentarse a la elección complementaria que debía realizarse para llenar la vacante dejada por él. A diferencia de lo que había ocurrido en 1950, cuando fue derrotada como candidata a Senadora, esta vez, su prestigio y popularidad, le permitieron realizar una gran campaña en las localidades de Cartagena, El Tabo, Llo-Lleo y Valparaíso, en busca del apoyo popular. Su victoria, el 4 de Enero de 1953, será arrolladora, pues obtuvo más del 50% de los sufragios emitidos. Aventajando a su más cercano competidor por alrededor de 40.000 votos. Con esta contundente victoria llegó al Senado de la república la primera mujer chilena.

En el hemiciclo, no obstante, no se distinguió por la presentación de proyectos ni iniciativas de relieve. Dueña de una vehemente oratoria, produjo recelo en todos los sectores políticos.

Una acusación presentada por tres mujeres en relación con sus simpatías por el justicialismo argentino –cuestión que no era un secreto para nadie-, junto con otra por la supuesta comercialización y contrabando de relojes, hicieron que una comisión investigadora parlamentaria, recomendara su desafuero. Lo que efectivamente ocurrió.

La salida de María de la Cruz del Senado, significó para el partido femenino su ocaso definitivo. Amén que su mentora y líder, optó por relegar a un lugar más secundario su actividad política.

Posteriormente, la veremos apoyando la campaña presidencial de Jorge Alessandri Rodríguez en 1958, y la del colista Jorge Prat, en 1964. Hacia fines de la década de los sesenta, ingresa al Partido Nacional –surgido de la fusión de los viejos partidos Conservador y Liberal -, tienda desde la que será una fervorosa opositora a la Unidad Popular.

En el ocaso de su vida política, la observamos colaborando con los alcaldes de santiago, impuestos por el régimen militar, Mekis y Guzmán, como inspectora municipal “ad honorem”.

Dejó de existir en Santiago, el 1° de Septiembre de 1995.


Sobre esta noticia

Autor:
Alejo Díaz (1 noticias)
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Tipo:
Opinión
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