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Madrigueras de la hermandad

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05/05/2018 23:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Allí en el seminario o en el convento, veía a las monjas con su historia y de una manera astuta me disfrace de monje para saber de ustedes,

Fuente Literaria/ Relatos de Ciencia- ficción/ 2-43.

 

Siempre, he estado encerrado en una habitación escribiendo y adquiria en un lugar llamada La Cebollera, papel de cartas y libros, lápices y bolígrafos para hacer sentir mis notas, aprendí a leer, era y es justo lo que yo quería. Pero, lo que me causo mayor atención fue la Iglesia de Tovar, ubicada frente a una planta de niveles. Me enamoré y llegué a convencerme que era un trozo de pan y vino, recordándome la Santa Cena de mi Señor.

Allí en el seminario o en el convento, veía a las monjas con su historia y de una manera astuta me disfrace de monje para saber de ustedes, encerradas como yo, en un cuarto de oración, ustedes orando y yo escribiendo. Ellas me abrazaban y metían en mi guardapolvo una manzana o una pera. Poco he recibido regalos de la gente. Solamente mi prima Olivia iba al telégrafo y enviaba a la residencia una nota, felicitándome por mi cumpleaños.

Quedé fascinado, cuando gradué de bachiller en humanidades, la historia se repitió en Guanare, un pueblo del llano venezolano. Fui un peregrino en ese pueblo, como el Luchador en el Tigre. Mi padre en ese momento, jefe de planta de ese lugar de una empresa eléctrica. Las hermanas Bescanza, cual cortesana, una prima de Rocio Durcal llamada Purificación de Las Eras y una secretaria española iban a buscarme, cual peregrino para visitar la Concha Acústica, donde, todos los días cantaban música llanera.

Así que me crie entre la comunión de una Iglesia y el canto con cuatro, arpa y maracas, aunque, todavía no se danzar.

Me deleita, la belleza de una dama. La Iglesia de Tovar siempre floreaba bellezas y, tenia en el pueblo su mejor amante, la fe. No es una quimera, es una cirugía estética acompañada de una silicona mental, al ver tantos bustos arreglados.

Pero, siempre admire tus bustos.

 Y, reconstruir el pasado es cuestión de gusto, tú, desde tu lecho de muerte y yo enfrentando el futuro, como una alternativa del mundo real. Es la mejor disposición de mejorar nuestra vida emocional.

El director de cine francés, Michel Gondry, nos plantea esta turbadora alternativa en su premiada y aclamada película “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” (2004) La cinta trata sobre una relación amorosa fallida, un método científico para borrarla del cerebro de sus protagonistas y la oportunidad de seguir la vida sin esta pesada carga emocional.

Clementine (Kate Winslet) hastiada de su novio Joel (Jim Carrey), acude a Lacuna Inc, un centro médico que dirige el Dr. Howard Mierzwiak (Tom Wilkinson) para que lo borren de su memoria. El tratamiento es tan efectivo que no lo reconoce cuando la visita en su sitio de trabajo. Desesperado, Joel acude a Howard para que igual le suprima a Clementine. Pero en medio del procedimiento se da cuenta que muchos de estos recuerdos son hermosos y quiere anularlo. Su arrepentimiento es tardío y su novia desaparece de su mente. Pero… el amor existe

¿Es posible hacerle trampa a la ciencia? ¿Vale una segunda oportunidad? ¿El amor se valora a través del dolor? ¿Somos apenas la suma de nuestros recuerdos? ¿Siempre habrá lugar para la esperanza? ¿El arrepentimiento es nuestra redención? ¿El destino es lo que queremos que sea? ¿Estamos condenados a amar sin remedio? Muchas maneras de ver y reflexionar suscitan esta historia de amor, cuyo romanticismo bizarro nos trastea de un lado a otro, sin compasión alguna.

Las cajitas de los muertos están a su frente, bien puestas

La famosa frase de Nietzsche, “Bienaventurados los olvidadizos, pues superan aún sus errores” que recuerda Mary Svevo (Kirsten Dunst), amante de su jefe Howard, nos brinda una nueva perspectiva. Pese a que nuestros recuerdos se diluyan por voluntad propia o por el paso del tiempo, sobreponernos a las equivocaciones cometidas siempre es una opción. En otras palabras, hay esperanza después de los yerros.

Busco olvidar el pasado. Mientras escribo esto, lo intento de nuevo, pero, llegan a mi mente las imágenes de Milagros Cuyares y Fátima, dos profesoras que compartían conmigo el aula de clase. Pero, esto. Son pesadillas manejables que tienen un trasfondo vencido por sus propios miedos, solo quiero tener una oportunidad, de verte sentada con un perrito. En una casa campestre de Bailadores. Tenemos un propio lugar en el mundo, donde no encuentran acomodo las fantasías.

Por esto, me gusta verte, destellando alegría, no somos un concepto, como me quiere tratar mi hija, una niña malcriada, preparada por mi hermana para hacerme daño moral, pero, tengo la facultad de darles vida, Jesús me dio ese poder en La Iglesia de Tovar en Mocotíes. Mérida.

Debemos, tener paz en el espíritu, así fue la yegua que me regalo mi tío Rodolfo en  la finca de Santa Barbara del Zulia y que, unos guerrilleros de las FARC se la llevaron hacia Colombia, eran cuatro  o cinco días de camino hasta Puerto Santander. Cúcuta.

Así, que somos fantasmas en un camino, lleno de guacharacas que se alborotan a nuestro paso, a lomo de caballo y burros para llevarle alimentos a los vecinos,

En Los Andes, hay damas encopetadas y arregladas, perfumadas. Todos callan al pasar y asoman un veredicto, todas tienen la misma cobija y el mismo marido, son iguales todos. Es pasito a pasito, aclaro, a mi lado, alcanzo ver una Biblia, esta al extremo del computador, siempre su voz entra a mi alma.

Todos, nos ponemos de acuerdo, cuando llegaban las niñas del liceo militarizado Jauregui en La Grita. Y, el cura siempre con el micrófono en su mano derecha no dejaba de bendecirlas, Todas, ellas tienen su puesto asegurado en el cielo. No quieren perderse el juego de juicio final al presidente colombo- venezolano, Nicolás.

 Ya llego al Cerro Azul, voy, tras los anillos de oro. “¿Dónde está la bolita?” El país de nuevo, como lo hizo años atrás, le sigue el juego, pero nadie sabe dónde está la bolita. ¿Lo sabe usted?

He venido dejando la política a un lado. Creí que mi país se iba a arreglar, los comunistas destrozaron todo.  Creo que se logra más meditando y siendo conscientes, sanando las heridas propias, combatiendo los demonios íntimos y contagiando a los cercanos con ese bienestar. Hablar de política para mí se parece más a una sesión masturbadora colectiva en la que todos se pelean por ver quién tiene los genitales más grandes y quién eyacula más lejos, porque ya somos todos tan vulgares que no nos basta con hacer de las deposiciones matinales un ejercicio social. Acá la exhibición se basa en el tamaño de los cerebros y en la grandilocuencia de las ideas, supuestamente bendecidas por el progreso, que nos llevarán a un mundo mejor a punta de palabras y no de acto. Nos han engañado, los filisbusteros de la mentira. Somos unos zombis e imbéciles.

La famosa frase de Nietzsche, “Bienaventurados los olvidadizos, pues superan aún sus errores” que recuerda Mary Svevo (Kirsten Dunst), amante de su jefe Howard, nos brinda una nueva perspectiva

 

 

 


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Emiro Vera Suárez (422 noticias)
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