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El juramento de Agirre y la epopeya del pueblo vasco en los primeros dias de su autogobierno

10/10/2016 07:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El juramento del Lehendakari es uno de los símbolos más importantes del autogobierno vasco. En el está resumido lo que Agirre deseaba decir en su toma del cargo como máximo representante de su pueblo. Lo redactó Juan de Ajuriagerra

Jaungoikoaren aurrean apalik

Euzko – lur gañian zutunik

Asabearen gomutaz

Gernikako zuaizpian

Nere aginduba ondo betetzia

Zin dagit

(Juramento de Agirre, redactado por Juan de Ajuriagerra)

El juramento del Lehendakari es uno de los símbolos más importantes del autogobierno vasco. Es la toma de posesión del máximo representante de los vascos. Que sea en Gernika no es casualidad, como tampoco lo que se jura. Patxi López quizás no comprendió como lo hizo Agirre la importancia de aquellas palabras “improvisadas” por Juan de Ajuriagerra en plena Guerra Civil. Habría que situarse en el tiempo para entender la grandeza de este juramento. Euzkadi estaba en guerra contra el fascismo y el tradicionalismo español y el País estaba parcialmente ocupado. Sin embargo, la provincia de Vizcaya seguía aún libre del yugo franquista y albergó el nacimiento del primer Gobierno vasco, que simbolizaba la restauración parcial de las “Lagi-zarrak” o derechos históricos del Pueblo vasco. Unos derechos que fueron abolidos de golpe y plumazo por la “España liberal”.

El juramento no es casual. El árbol de Gernika simboliza las libertades tradicionales de Vizcaya y, por extensión, también de los vascos. Era el lugar donde se reunían las Juntas Generales de Vizcaya y donde el Señor de Vizcaya juraba respetar las libertades vizcaínas. La alusión a los “antepasados” tampoco es casualidad y podría interpretarse como un “homenaje” del Monumento a los Fueros de Iruña En su parte euskaldun, el Monumento reza “Gu gaurko euskaldunok gure aitasoen illezkorren oroipenean, bildu gera emen gure legea gorde nai degula erakusteko” (“Nosotros, los vascos de hoy, nos hemos reunido aquí en inmortal recuerdo de nuestros antepasados, para demostrar que queremos seguir manteniendo nuestra ley”).

Como tampoco es casualidad que el Lehendakari sea “humilde ante Dios” (Jaungoikoaren aurrean apalik) y no “humillado”. La figura de Dios, es evidente, que hace alusión a la religiosidad. Al igual que en Estados Unidos en los billetes está escrito “In God we trust” (Confiamos en Dios) en Euzkadi también tenemos una fuerte tradición cristiana. Sin embargo, también alude a la vieja idea foral de que “sólo Dios está por encima de los vascos”. Esto tiene su razón: los vascos rechazaron la servidumbre al darse a ellos mismos la nobleza universal, para así, ante la ley, ser iguales. Por eso, afirmaban que “sólo Dios”, que en su versión laica podríamos entender como la Ética, el Bien, era superior a ellos..

El gobierno “Con una fuerza moral formidable”

Tras la proclamación y juramento del lehendakari se procedió a la constitución oficial del primer Gobierno vasco. El propio lehendakari, en su discurso previo al juramento, se refirió en estos términos a los miembros de su Gobierno: “Ya para este momento el presidente del Gobierno provisional vasco trae, de común acuerdo con los partidos que defienden la libertad, la lista de Gobierno, lista hecha en medio de una lealtad y una generosidad por parte de todos los partidos de nuestro querido pueblo […] Este Gobierno nace con una fuerza moral formidable y, lo que es más precioso aún, con una fraternidad entre los hombres que lo han de componer, que será hoy un galardón para el futuro y es ya, desde hoy, la prenda más segura del éxito”.

El nuevo Gobierno estuvo integrado por el lehendakari y diez consejeros -seis vizcainos y cuatro guipuzcoanos-, nombrados a propuesta de sus respectivos partidos: Jesús María Leizaola, consejero de Justicia y Cultura (EAJ-PNV); Telesforo Monzón, consejero de Gobernación (EAJ-PNV); Eliodoro de la Torre, consejero de Hacienda (EAJ-PNV); Santiago Aznar, consejero de Industria (PSOE); Juan de los Toyos, consejero de Trabajo, Previsión y Comunicaciones (PSOE); Juan Gracia, consejero de Asistencia Social (PSOE); Ramón María Aldasoro, consejero de Comercio y Abastecimientos (Izquierda Republicana); Alfredo Espinosa, consejero de Sanidad (Unión Republicana); Juan Domingo Astigarrabía, consejero de Obras Públicas (Partido Comunista de Euskadi); y Gonzalo Nardiz, consejero de Agricultura (Acción Nacionalista Vasca).

Fue un gobierno de concentración y de unidad nacional conformado por las fuerzas políticas leales a la República -EAJ-PNV, PSOE, ANV, PC, Izquierda Republicana y Unión Republicana- aunque, eso sí, de clara hegemonía nacionalista, hegemonía sustentada tanto en el indiscutible liderazgo del lehendakari Agirre -un liderazgo basado en su propio carisma y en la excepcionalidad de los poderes que ejerció en la crucial coyuntura de la guerra- como en el hecho de la titularidad nacionalista de las principales carteras. Agirre fue, además de lehendakari, consejero de Defensa.

Son de subrayar dos cosas en relación a su constitución: la excepcionalidad de la coyuntura -un país en guerra con los dos tercios de su territorio ocupados militarmente por el enemigo- y su juventud. José Antonio Agirre fue elegido lehendakari ¡a los 32 años! y la edad media de los consejeros de su Gobierno en el momento de la constitución de este era de ¡38 años! El consejero más joven fue Gonzalo Nardiz -31 años- y el más veterano Eliodoro de la Torre, con solo 50 años.

“Programa de común acuerdo” La Declaración Ministerial del 7 de octubre de 1936

En el acto del 7 de octubre en la Casa de Juntas de Gernika, el recién constituido Gobierno hizo asimismo pública su Declaración Ministerial, un programa de gobierno al que el propio lehendakari en el discurso previo al juramento se referiría en los siguientes términos: “Aunque el Gobierno que se ha constituido está integrado por hombres de distintas ideologías, estamos todos hermanados por una labor de gobierno fijada en un programa de común acuerdo, redactado, sin vacilaciones, sin titubeos, con el corazón en la mano”.

El juramento fue el principio de una paz en la guerra por la supervivencia que dura ya 80 años

La Declaración Ministerial del 7 de octubre de 1936 es un fiel reflejo de la excepcionalidad de la coyuntura y del mínimo común denominador de un Gobierno de unidad nacional. Nacionalistas vascos, republicanos, socialistas y comunistas cimentaron su unidad sobre los pilares de la democracia, la libertad, la justicia, la nación vasca y la soberanía y los derechos de la República y de Euskadi.

Al poco tiempo de formarse el Gobierno Vasco el lehendakari le encargó de organizar un aparato de propaganda para tratar de neutralizar la labor de los servicios franquistas en Francia, de las que le informó Jesús Mº de Leizaola. Al parecer las campañas procedían del ministro de Trabajo Largo Caballero, apodado el Lenin español. Al parecer el y los comunistas atribuian la pérdida de Bilbao al ejército vasco. Hay una posdata de Leizaola en su carta a Jose Antonio Agirre en la que comenta “se ve que ellos no defendieron Artxanda“. La república estaba tratando de atribuir la pérdida de Bilbao a los vascos. Y el ministro de la gobernación republicano quería que el gobierno vasco se fuera a Santander a lo cual se negó, estableciendose en Valencia, lo cual fue un acierto y la apertura de sus delegaciones en Cataluña con la ayuda del president catalan Lluis Companys permitió a Agirre soñar con un segundo frente de unidades vasco-catalanas en el Pirineo, pero para eso tenía que evacuar a las fuerzas vascas en número de unos 28.000 gudaris que estaban en la muga de las Encartaciones con Santander. Esos batallones según la concepción de Agirre pasarían por mar a Francia e irían a Cataluña con ayuda de las  fuerzas del, President LLuis Companys para entrar con los catalanes y por Aragón a Navarra y presentarse por la espalda en tierra de Franco. Era muy audaz, pero han pasado cien años y ya no se sabe que era estrategia. que era aventura, y que audacia.Pudo funcionar si las fueras vasco-catalanas y aragonesas hubieran ganado la batalla Del Ebro.

Pero ya desde el mes de junio de 1937, cuando los vascos firmaron con los italianos el pacto llamado de Santoña que fue dirigido por Ajuriagerra, Artetxe, Rezola y líderes del Partido Nacionalista Vasco, y que consistiía en que Italia firmara una paz o tregua con el gobierno vasco, por la cual los batallones de gudaris  podrían evacuar por mar a Francia en barcos ingleses, y pasar por el Pirineo a Catalalunya para iniciar un nuevo frente pirinaico por Aragón y Navarra, entrando por la espalda. El pacto de Santoña fracasó porque los italianos de Mussolini entregaron a las fuerzas vascas a los falangistas y comenzó la era de los fusilamientos, cárceles y del exilio.Que la causa triunfe, 80 años después se puede calificar de milagro.

Uno de los aspectos más relevantes de la Declaración Ministerial del 7 de octubre de 1936 fue su programa social. Un programa avanzado, muy avanzado, y lejos, muy lejos, del individualismo y del colectivismo, del capitalismo y del comunismo, de la reacción y de la revolución. Un programa en sintonía con los principios del humanismo cristiano que guiaron la acción política del lehendakari Agirre a lo largo de su vida. Todavía sorprenden por su audacia, su hondo calado social y su rabiosa actualidad: “Este gobierno respetará y garantizará los derechos individuales y sociales de los ciudadanos vascos […] Sobre las bases mínimas de la legislación social del Estado, el Gobierno desarrollará una política de acusado avance social, respondiendo al principio de que todo ciudadano tiene obligación de contribuir con su trabajo, su capital y su actividad intelectual al bienestar general del país; recíprocamente, tiene derecho a participar en los bienes sociales según el progreso civil. En consecuencia, el Gobierno vasco promoverá el acceso del trabajador al capital, a los beneficios y a la coadministración de las empresas […] Estudiará y llevará a efecto un plan de obras públicas que absorban el paro de la clase trabajadora e impulsará las fuentes del trabajo y de la riqueza […] Formará un presupuesto […] en cuya confección tendrá presente la función social del impuesto, regulándolo de un modo progresivo.

El primer Gobierno Vasco “Un gabinete de guerra” para la paz

La excepcionalidad de la coyuntura circunscribió de facto la acción de gobierno en territorio vasco a Bizkaia y a pequeños enclaves de Gipuzkoa y Araba y a un periodo de nueves meses (octubre 1936-junio 1937). Una acción de gobierno siempre en positivo, aunque, eso sí, mediatizada y determinada por la guerra. El primer Gobierno vasco fue, tal y como explicita la propia Declaración Ministerial, un “gabinete de guerra” que asumió la “dirección suprema de la guerra”, siendo esta ejercida por el lehendakari Agirre. Un gabinete de guerra, eso sí, con un objetivo claro, la victoria, y un horizonte y un desiderátum final, “establecer y organizar definitivamente la paz”. Ya en su discurso previo al juramento, Agirre hablaba de un gobierno “que nace con fe y con esperanza vivísima en la victoria”, un gobierno que nace “para gobernar, para imponer inflexiblemente la ley y para conseguir la victoria”. Y la propia Declaración Ministerial finaliza “haciendo votos por la rápida reconquista de las tierras vascas y porque la victoria corone para siempre la lucha de los defensores de un régimen justo, de la democracia y de la libertad”.

La empresa era imposible: ametralladoras frente a cazas, pesqueros frente a cruceros, voluntad frente a fuerza… Esta vez David no pudo vencer a Goliat, pero Euskadi, la Euskadi (Bizkaia) autogobernada dio al mundo un bello ejemplo de buen gobierno y dignidad.

El 7 de octubre no figura en rojo en el calendario laboral de los vascos y vascas de hoy. No se pretende suscitar un debate sobre los méritos y el valor histórico de las festividades de nuestro calendario, pero sí reivindicar y poner en valor el día en el que los vascos, en unas condiciones excepcionales y dramáticas, tuvimos nuestro primer gobierno y nuestro primer lehendakari. Agur eta ohore!


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