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Incapacidad en el poder y la ignorancia como estratégia

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10/10/2017 14:13 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En el caso de la prensa, se ha optado por la asfixia para rendir a quienes todavía mantienen una línea editorial distinta a la que se dicta

Aventis

 

Cuando, Hugo Chávez ejercía la presidencia de La República Bolivariana de Venezuela, tuvo que manejar escenarios diferentes y, sobrepasar expectativas ilimitadas para darle alimentos al pueblo, como atender los problemas socioeconómicos de los países o islas que integran la Cuenca del Caribe y son parte del mundo británico y francés, como Cuba, que una vez constituyó una extensión de los Estados Unidos de Norteamérica por varios años. No queremos más caudillos sobre Venezuela, menos dictadores. Sean del área de izquierda o derecha, son muchas horas de espera a las puertas de los periféricos, supermercados y bodegas, sin olvidar los insomios de los grupos familiares para sacar un documento y, que rompe el equilibrio económico y el orden establecido por las normas jurídicas para el beneficio de las familias que integran nuestro territorio.

 

En el caso de la prensa, se ha optado por la asfixia para rendir a quienes todavía mantienen una línea editorial distinta a la que se dicta desde el Ministerio de Comunicación popular. Los contratos estatales se distribuyen conforme a esa lógica, así que muchos medios han visto sus ingresos recortados. Hay periodistas que, ante la posibilidad de ser procesados por una justicia proclive al Psuv- MUD, optaron por cruzar la frontera.

Comenzaba la segunda mitad de la década de los años 70 y leíamos, sin respiro, como fue escrita, la novela El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez. En Bolivia daba sus últimos coletazos la dictadura banzerista, en Chile seguía tan campante Pinochet, en Argentina mandaba Videla, y el Plan Cóndor se estaba ejecutando. En las páginas de la novela del escritor colombiano, que aún no era Premio Nobel, se entrelazaba un compendio de las tristes anécdotas de los muchos y lamentables dictadores que asolaron las repúblicas latinoamericanas. Con el lenguaje del realismo mágico García Márquez recreó el entierro con honores militares de la pierna de un tirano, la trágica ignorancia de varios, los desmanes sexuales de otros, las bravuconadas, los asesinatos, las órdenes infames e inverosímiles de todos.

El Psuv- MUD- Venezuela- no puede negar que en los más de 17 años que permanece en el poder ha observado una actitud más bien intolerante con quienes no piensan como sus militantes. El pensar distinto, o el libre pensar, se han convertido en acciones punibles ya que se utiliza la maquinaria judicial para perseguir adversarios e inclusive encarcelarlos. Aquellos que han agredido al Estado, como estructura política y económica aún permanecen libres, dirigen guarimbas, son gobernadores como alcaldes con plenitud de ejercicios públicos, pero, una buena parte de nuestros jóvenes han muerte en actos callejeros, otros se han ido, otros no hay un que hacer, pero, repito, los responsables se encuentran libres y hasta participan para unas elecciones de gobernadores, que desfachatez.

Esto, viene sucediendo en Venezuela, es una política común. El paroxismo: "(…) había declarado el estado de peste por decreto, se plantó la bandera amarilla en el asta del faro, se cerró el puerto, se suprimieron los domingos, se prohibió llorar a los muertos en público y tocar músicas que los recordaran y se facultó a las fuerzas armadas para velar por el cumplimiento del decreto…”.  

 

El miedo: "Así fue como Patricio Aragonés se convirtió en el hombre esencial del poder, el más amado y quizá también el más temido, y él dispuso de más tiempo para ocuparse de las fuerzas armadas con tanta atención como al principio de su mandato, no porque las fuerzas armadas fueran el sustento de su poder, como todos creíamos, sino al contrario porque eran su enemigo natural más temible…”.

Cuatro años después de irse el comandante en su viaje final, los vientos de la democracia parecen barrer resquemores y malos recuerdos en la región. Quién nos iba a decir que, finalizando la segunda década del siglo XXI, volveríamos a ser testigos y víctimas, a veces hasta cómplices, de nuevas/viejas anécdotas protagonizadas por aprendices de déspotas?: palacios faraónicos en ciudades sin agua, caminos comiendo selvas, delirios nucleares, museos al ego, charlas con pajaritos (con el perdón de san Francisco de Asís) ¿Es que este continente no es capaz de aprender? 

 

Sin embargo, siempre hay un final: "(…) y en la madrugada del lunes la ciudad despertó de su letargo de siglos con una tibia y tierna brisa de muerto grande y de podrida grandeza (…) Fue como penetrar en el ámbito de otra época, porque el aire era más tenue en los pozos de escombros, y el silencio era más antiguo, y las cosas eran arduamente visibles en la luz decrépita. (…) más viejo que todos los hombres y todos los animales viejos de la tierra y del agua, y estaba tirado en el suelo, bocabajo, con el brazo derecho doblado bajo la cabeza para que le sirviera de almohada, como había dormido noche tras noche de su larguísima vida de déspota solitario”.

La revolución, fue quebrantada por unos cocolisos y unos gobernadores que salen en burro y boxean en parques públicos, como estratégias de campaña, que idiotez, adonde hemos llegado y una población deseando comer, como lo hacíamos antes.

Pero siendo adeptos a la democracia, no queremos la incertidumbre

La libertad de expresión, el derecho a asociarse, a elegir y ser elegidos, a disentir y a protestar y demandar mejoras en la calidad de vida y de trabajo… son sólo algunas expresiones de los derechos por los que miles de personas pelearon y conquistaron a lo largo de los cuarenta años de democracia y, luego 18 años del tiempo   de Chávez. Y, ahora Maduro Moros.

Un tiempo del que probablemente muchas autoridades de Estado y líderes sociales y políticos de la actualidad sólo conocen de oídas y les parece un tiempo tan lejano como imposible de volver a vivir. 

 

La falta de memoria y la ignorancia son tan atrevidas como la arrogancia. Sin embargo, como la vida, la historia tiene sus vueltas y a veces puede volver a sus puntos de partida. 

 Y en eso estamos. Mirando con incredulidad y miedo que las organizaciones por cuya existencia y seguridad se luchó, atacan ahora a la institución que, probablemente, volverán a necesitar en breve. 

 

 Tampoco es que la ceguera y la sordera están en un solo lado. Como las manchas de aceite, el autoritarismo y la negación del otro cunden en una sociedad que se niega a reconocer que su pasado tiene tanto sombras como luces. Reconocer las unas no conlleva desconocer las otras.

 

La democracia no es una feria. No es una fiesta. No es una vitrina. No se trata de elegir sólo lo que nos gusta.  Menos, la revolución bolivariana.

Estoy seguro de que muchas y muchos no queremos volver a las sombras de las dictaduras y a los duros aprendizajes de la democracia, así como no podemos obviar todo lo que hemos avanzado en los casi 35 años de democracia continua. Con todos sus defectos e insuficiencias sigue siendo un tiempo mejor. 

 

 Pero siendo adeptos a la democracia, no queremos la incertidumbre de la hiperinflación y el desgobierno que concluyeron dramáticamente con el equilibrio social y, el llamado neoliberalismo con sus consecuencias de relocalización, desempleo y apertura irrestricta al mercado. Tampoco queremos una clase política "satisfecha e insensible”, ocupada solamente en la reproducción y perpetuación de su poder

 

 No queremos sociedades de élites cerradas y excluyentes. Bienvenidos la inclusión social y económica, el orgullo y el destape étnico cultural que han ampliado los años de gobierno del MUD- Psuv. Como dice una vieja canción "Sólo quien no fue mujer ni trabajador piensa que el de ayer fue un tiempo mejor”. 

He sido militante trotskista, luego de ello no he vuelto a militar en ninguna organización política. Estudie a fondo la socialdemocracia Esta confesión no es para excomulgarme de mi pasado; todo lo contrario, si algo me movía en esa actividad eran principios y valores que perduran a su manera el día de hoy. La confesión más bien tiene que ver con la mirada que prevalece en relación al análisis de los cuatro pelagatos bloqueando el movimiento bolivariano, el cual soy fiel seguidor desde el año 1973 Imitar las posturas y el estilo de esos políticos (especialmente cuando se caracterizan por el favor al pueblo) es el método más sencillo y menos violento para quitarles de las manos aquellas armas con las que se engrandecen y de las que se valen para ganarse el apoyo popular.

Se tiene que armonizar el comportamiento propio con los tiempos que se viven sin despedazarlos, así también hay que reconocer las fuerzas de las circunstancias y analizar las necesidades sociales que impera en cada época. Aquellos que interactúan como oposición en cualquier gobierno deben entender que existe un ciclo de nuevas realidades caracterizado por un seudopopulismo anárquico, vengativo y emocional y, muchas veces corrompido que endulza a los votantes con “regalos económicos por uno o dos días y el resto de los meses del año le abastece y confirma la miseria”.

La democracia no es una feria. No es una fiesta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Autor:
Emiro Vera Suárez (114 noticias)
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