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Generación Viagra (2)

01/12/2009 12:11 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hace unas semanas un señor de la tercera edad acosó a una amiga de nuestra columnista. Ahora, ella nos cuenta el final de la historia

SONIA Recapitulemos.Un señor de las ocho décadas intentó seducir a Ximena, de 38 años, con la chiva de que los presentaron en un entierro.

Esta situación llevó a Ximena a plantearse una serie de preguntas, todas inquietantes: ¿Me llegó, acaso, el viejazo? ¿Es el Viagra responsable de que los abuelos salgan a poncear a la salida de las farmacias?

–¿Tiene usted algún tipo de compromiso? –insistió el galán volviendo a Ximena a la realidad.

–Sí. Me esperan en mi casa.

–¿Es usted casada?

–Por supuesto.

–Felicitaciones entonces.

–Muchas gracias, señor.

–No la felicito a usted. Felicito a sumarido –en ese momento, el veterano se sacó el sombrero y continuó su marcha enclenque, pero segura, más allá de la farmacia Galénica.

Un par de primaveras atrás, había vivido una situación parecida. Esa vez, Ximena estaba decidida a enfrentar el verano “en forma” y se inscribió en un gimnasio muy chic para practicar Pilates. El problema fue que, por dárselas de gimnasta olímpica, al mes estaba en la consulta del traumatólogo.

Por suerte, a unas cuadras se había instalado un centro de medicina cubana llamado Servirep. En un comienzo el nombre no le pareció muy atractivo: Ser-vi-rep sonaba demasiado a servicio de reparaciones. Pero el dolor a la espalda pudo más.

–Sí. Me esperan en mi casa

¡Qué diferencia pasar del glamour del centro de Pilates al austero ambiente de Servirep! Si al gimnasio llegaban alumnas regias y en tenidas deportivas ultra sexies, al centro médico acudía un público mayoritariamente masculino, pensionado y tullido en distintos grados. Ximena y su buzo elasticado causaban furor.

Por las mañanas comenzaba su rutina sobre una colchoneta ochentera. “Arriba, abajo.Mueva la pierna para un lado y ahora para el otro. ¡Muy bien señorita!…”, la animaba el instructor con acento caribeño.

Hasta que un día se dio cuenta de que su performance provocaba estragos en el resto de los pacientes del centro. Las muletas quedaban a un lado y hasta el más damnificado por la artritis alargaba el pescuezo para observar a la pinturita. Claro que transformarse en el objeto del deseo de la tercera edad le causó cierto desasosiego y, apenas se sintió mejor, Ximena abandonó el lugar.

Todo esto lo recordaba mientras veía alejarse por Providencia al maduro galán. Ahora Ximena entendía todo: no los habían presentado en un entierro. Seguro se conocieron en Servirep.


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Autor:
Fidelam (4709 noticias)
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Tipo:
Nota de prensa
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