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La empanada más cara del mundo

16/03/2019 01:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En Bogotá, Steven Claros, un abogado de 22 años, tuvo que pagar la empanada más cara de la historia. Un hecho que indignó a la ciudadanía

Por: Sandra Rodríguez

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Foto: YouTube, captura de pantalla

Luego de su jornada laboral, Claros como de costumbre, se dirige a un puesto de comida ambulante cerca de su trabajo para comerse una empanada con sus colegas. El joven abogado se percató de que estaban siete policías observándolo y grabándolo en la calle sin decirle, ni advertirle nada. Al joven le pareció extraño, pero decidió comer su empanada. No había terminado de comerla, cuando los policías se les acercaron y les pidieron sus cédulas de ciudadanía, y luego uno de ellos le dijo que lo que había hecho era un delito que atentaba contra el nuevo código de policía y que debía pagar una multa.

Cuando el joven le preguntó a qué delito se refería, el policía afirmó que él promovía las ventas ambulantes y que eso era causal de delito; comprar una empanada en la calle es un delito. Los otros policías se apresuraron a dar apoyo a su compañero ante el “peligroso” comedor de empanadas que no salía de su asombro. En medio de su sorpresa, le informaron que debía pagar $834mil pesos, un promedio de 265U$.

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Foto: Facebook

La vendedora del puesto no podía creer lo que estaba pasando y el joven, en medio de su indignación, decidió denunciarlo ante redes sociales y medios. Claros afirma en tono irónico: “Era un pastelito de pollo, pero creo que tenía huevo de avestruz”. Otras tres personas fueron multadas de igual manera y la policía sustenta esta increíble escena con el artículo 140 del Código de Policía, en su numeral 6, en el que se castiga a las personas que “incentiven el uso o invasión del espacio público.”

El abogado solo gana un millón doscientos mil pesos y con esta multa no podrá pasar este mes y pagar sus obligaciones. Es ridículo que, por el hecho de comer una empanada en la calle, el comparendo impuesto sea de tipo 4; ni siquiera la multa de tránsito más grave llega a ese precio.

Este hecho de por sí absurdo y fuera de proporción ha desatado todo tipo de reacciones entre los ciudadanos. El representante a la cámara por Bogotá, Inti Asprilla, organizó un video en vivo por Facebook y se paró en una calle del norte de la ciudad a comprarle a un vendedor una empanada recién hecha junto con dos de sus colegas.

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Memes-fuente Facebook

El representante denunció lo injusto y risible del hecho e instó a los ciudadanos a buscar a los vendedores de empanadas y hacerles una compra y luego tomarse una foto y publicarla en redes sociales. Muchos apoyaron la protesta y se tomaron la foto pidiendo por “la legalización de la dosis personal de empanada”. En este video, el político, aclaró que él fue parte del equipo que estuvo encargado de la redacción del nuevo código de policía y que por ello tenía conocimiento claro del hecho y que, por lo tanto, lo que se le impuso a Claros era injusto y salido de toda proporción.

Mientras Asprilla y sus compañeros se comían su suculenta empanada, le increpaban a la policía ante su móvil: “señores, si esto es un delito, múltennos, quiero ver esa multa en el congreso. La estaremos esperando”. “Apoyar a un vendedor ambulante no es un delito y esa multa es injusta”. Luego hablaron un poco con el vendedor. El sospechoso vendedor de estos alucinantes manjares fritos contó que venía de Venezuela y que su receta venía de la costa atlántica colombiana y que por eso estaban tan ricas.

Mientras tanto, miles de seguidores mandaban sus mensajes de apoyo y le advertían a Asprilla de la multa tan cara que le iban a mandar a su oficina. Otros hacían bromas, pero todos pedían por la libertad de comer lo que uno quiera en la calle sin ser mancillado por policías ineptos.

Otros apuntaban que los mayores consumidores de los grasos, pero sabrosos amasijos, son justamente los mismos policías y que por eso no tenían ningún rigor moral para multar a ciudadanos que quieren pasar el hambre de la tarde con una empanada calientita y con un buen ají picoso.

Muchos llegaban a la conclusión de que las ventas ambulantes, si bien es cierto que afectan el espacio público, son el único sustento de miles de familias en el país para poder subsistir y que, si no hay creación de trabajos formales por parte del Estado, los ciudadanos más vulnerables deben recurrir a la venta callejera de empanadas, perros calientes, arepas, café, pizzas, etc. Uno de ellos escribió: “Si yo no tuviera trabajo y viera a mis hijos pasar hambre, lo primero que haría, sería vender empanadas”.

Invadir el espacio público no es en sí un delito y aunque en teoría es una falta contra la convivencia ciudadana, muchos prefieren ver la calle llena con gente ganándose la vida humilde y decentemente y no robando. Las ventas ambulantes de comida son un fenómeno generalizado en todas las culturas que data desde el inicio mismo de la civilización. En las grandes ciudades Estado y las capitales de los imperios era común ver vendedores de comida, especias, perfumes, telas y demás mercancías. En los tiempos del imperio romano, los vendedores se agolpaban a las puertas del coliseo a esperar a sus hambrientos comensales, tal y como hoy sucede a las puertas de muchos coliseos, salas de conciertos, estadios y hasta salas de cine en las ciudades y pueblos.

La desfachatez de dicha acción policial es defendida, sin embargo, por la institución, al alegar que solo cumplen con su deber, sustento que es despedazado en redes con argumentos como “dejaron pasar un carro-bomba en la escuela de policía, pero no dejan pasar a un chico comiendo empanada”. Este reclamo contundente es una fuerte crítica a lo que la policía etiqueta como prioridad, pues hace unas semanas un carro/coche bomba entró como “Pedro por su casa” a la Escuela de Policía General Santander en Bogotá matando a 22 cadetes y dejando heridos a 87 según algunas fuentes.

La investigación del espantoso hecho se ha perdido en un sinfín de inconsistencias como, por ejemplo: la camioneta Nissan entró sin ningún problema porque la reja de la entrada custodiada por un solo efectivo estaba averiada. Supuestamente el terrorista, un cabecilla del ELN, a quien le faltaba la mano derecha aceleró y maniobró en U a 360km/h dentro de la escuela y no recibió ningún disparo, todo esto sucedió en tres minutos. Tres minutos en los que era posible reaccionar y no se hizo nada. El ELN solo se atribuyó el hecho días después sin comunicado oficial, como suele dirigirse al país y el culpable recuperó luego de su inmolación en perfecto estado su mano derecha, tan evasiva en vida. Incluso la agencia francesa AFP luego de recopilar la información dada por el fiscal Néstor Humberto Martínez y las contradicciones con la versión del ministro de Defensa, llegó a la conclusión de que, dicha bomba fue un auto-atentado que subió la popularidad del presidente Iván Duque en cuestión de días.

Si la policía no es capaz de salvaguardar la seguridad de sus propios estudiantes y futuros miembros en sus propias edificaciones, ¿cómo se atreve a multar a un ciudadano por comer una empanada en la calle de esa manera? ¿Cuáles son las prioridades de esta institución? ¿Imponer miedo y restringir las libertades individuales del ciudadano son ahora su misión? Sin embargo, de lo malo, siempre sale algo positivo y es que, por redes sociales, muchos ciudadanos están buscando a Claros para hacerle donaciones para pagar la absurda multa. Solidaridad ciudadana en su más pura expresión.

La empanada a estas alturas ya no solo es un símbolo de la gastronomía criolla sino también un símbolo de solidaridad y resistencia contra las injusticias de las autoridades.

 


Sobre esta noticia

Autor:
Lucia Aragón (1222 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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