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¿Es la cuarentena un privilegio de clase?

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30/04/2020 12:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"La cuarentena es un privilegio de clase" Frase que se ha vuelto popular en la izquierda y motivo de odio y burlas para la derecha, en los últimos días. ¿Pero qué significa?

"La cuarentena es un privilegio de clase" Frase que se ha vuelto popular en la izquierda y motivo de odio y burlas para la derecha, en los últimos días. ¿Pero qué significa?

La clase social es una forma de estratificación a través de la cual los científicos sociales han identificado a los diferentes sectores de una sociedad. Las aproximaciones tradicionales sobre clase social vienen de Weber y Marx. Aunque con nociones distintas, pues para Marx las clases están determinadas en función de la relación que el grupo de personas tiene con respecto a los medios de producción y su nivel de consciencia con relación a su propia clase, y para Weber la clase se basa en la capacidad de acceso a bienes y servicios, ambos modelos han definido desde hace décadas la manera en la que nos hemos aproximado a los problemas sociales.

Como es bien sabido, para Marx era necesario reformar el sistema de producción capitalista. Debido a que la burguesía acaparaba los medios de producción y se apropiaba del trabajo del proletariado, que no tiene sino su propia fuerza para obtener sustento. Mientras tanto Weber, ampliaba el concepto a algo más allá de lo material, incluyendo factores culturales y roles dentro de la sociedad; por ello Weber no veía necesariamente una lucha de clases sino un ejercicio de interacción constante, que no necesariamente debía ser resuelto.

Las clases se tienden a clasificar de distintas maneras, pero la más conocida es la clasificación en clases bajas, medias o alta. En este modelo se sobreentiende que la clase alta es aquella con mayores recursos económicos, acceso a servicios de manera permanente, y ostenta capacidades de permitirse lujos que otros no, incluyendo viajes, servicios por fuera del común denominador, y sobre todo poder. Poder para influir en la toma de decisiones en beneficio de su propio interés. La clase baja vive, es decir subsiste, a pesar de su dificultad por acceder a un nivel de vida estable. Se asocia tradicionalmente con los niveles de pobreza establecidos por los ministerios de sus países y los organismos económicos mundiales. La clase baja no tiene acceso garantizado a servicios de calidad, ya sea salud, educación, vivienda, etc. Al mismo tiempo es la que menos probabilidad tiene de cambiar de clase social. La presión económica y social a la que está sometida le impide desplazarse en el estrato. Es por ello que lo más seguro es que alguien nacido en una familia de clase baja permanezca en ella, de no haber factores externos que contribuyan a una transición.

La clase media, como su nombre lo dice está en la mitad de ambas. Dependiendo el país, se aspira a que la mayoría de sus habitantes alcancen este estrato. La clase media puede permitirse un acceso a la mayoría de servicios básicos e incluso darse algunos lujos. Dependerá de tarjeta de crédito para extender su consumo y de créditos para sostener sus proyectos. Así como puede escalar en el esquema de movilidad social, también corre el riesgo de ver su nivel de vida reducido al de la clase baja.

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Cuando hablamos de privilegio, estamos haciendo referencia a un beneficio que otros no pueden tener. Sin embargo, el privilegio adquiere una connotación negativa debido al hecho de que no se trata de un factor obtenido por trabajo y esfuerzo personal, sino que esta dado por elementos individuales inherentes a la persona, o sociales, normalmente heredados. Aquí entra el privilegio de clase. Cuando una clase social puede acceder a cierto beneficio solo por el hecho de pertenecer a ella, entonces deja de ser un derecho.

Las banderas blancas pidiendo ayuda abundan en los barrios pobres (y no tan pobres) de las ciudades. Ante esto nuestros gobernantes parecieran usar el mismo material, solo que como venda en los ojos

Los privilegios son nocivos cuando la persona que tiene acceso a ellos toma provecho individual, pero es aún más dañino cuando piensa que es un derecho bienhabido y cuando se enfrenta a otros que no pueden permitirse el mismo beneficio. Uno de los casos más habituales se da en aquellos que definen la falta de educación como un factor netamente de voluntad. Las personas que critican a otras por no avanzar en sus carreras estudiantiles, aún a sabiendas de que para estudiar no solo es necesario la escuela y el profesor, sino todo el círculo a su alrededor como medios de acceso, materiales escolares, uniformes, buena alimentación, y estabilidad familiar, ostentan a la educación como un privilegio de clase. Esto ocurre también en el campo de la salud o del trabajo, pero la noción desde el privilegio tiende a ser siempre la misma: "la clase baja ocupa esa posición por voluntad propia".

El privilegio termina siendo una distinción entre el nosotros y el ellos. Mientras el grupo cercano actúa de una manera, el grupo distante se opone a esta visión. Esto termina haciendo la brecha aún más grande, pues se asume los actos diferentes a los propios como una afrenta directa a nuestro propio ser o comunidad. La fricción entre actitudes frente a un problema común termina revelando factores de la identidad que atañe a las clases sociales. De esta manera, la forma en la que se enfrenta a una crisis termina por ser factor distintivo entre clases. Esto no tiene ningún vínculo sobre si la forma en la que se enfrenta a la crisis es buena o mala, es un mero reflejo del cúmulo de elementos que definen a cada individuo dentro del marco de su clase.

Siendo así, en estos días de inestabilidad es cuando más veremos las brechas entre las clases sociales, no solo en Ecuador sino a nivel global. La manera en la que nos estamos enfrentando a las decisiones contra el SARS-CoV2. Ecuador ha optado por el aislamiento como medida de protección a sus ciudadanos. Frente a ello muchos han optado por ignorar las constantes solicitudes de que se abstengan de salir a fiestas, eventos, y reuniones con gran aglomeración de personas. Se han reportado cientos de casos de personas que aprovechan este espacio para salir de viaje e incluso ir de compras a Colombia. Ante esto, las autoridades se han visto obligadas a tomar decisiones un tanto "draconianas" y restringir los espacios públicos y la libertad de movilización de manera obligatoria. Aquí es cuando entra el espacio de decidir si el aislamiento es un privilegio de clase o no. La medida es necesaria, solo con ver la curva de crecimiento del coronavirus se nota que el riesgo es tan grande, que de no tomar acciones de prevención el sistema de salud (público y privado) colapsará ¿Entonces por qué sería un privilegio? Este es el punto donde debemos retomar las nociones de clase.

Recordemos que la clase baja e incluso la clase media tienen limitaciones en sus capacidades de subsistencia y buen nivel de vida. En países como Ecuador, un gran porcentaje de la población depende de su ganancia diaria y carece de ahorros. Tiene lugar la pregunta ¿pueden estas personas permitirse el vivir 2 meses sin trabajo? La respuesta es un contundente no. Si el gobierno, que les impide salir tampoco les genera una fuente para subsistir durante el período de hacinamiento entonces es como si buscase que la gente no haga caso a sus órdenes. Un gobernante que no entiende las nociones básicas de supervivencia se enfrentará a un pueblo ávido por salir a las calles.

La cuarentena no es un privilegio de clase en sí misma, pero se vuelve uno cuando las personas no abren su mente a comprender que esta medida puede ser fatal para una persona sin capacidad monetaria. Y se aclara monetaria, porque incluso personas de clase media con estabilidad económica relativa no contarán con la suficiente liquidez para afrontar el aislamiento, durante tanto tiempo. Es más, su permanencia en la clase media se pone en riesgo, debido a que seguramente tendrán que acudir al endeudamiento para prolongar su bienestar. De esta manera, mientras no se acepte la problemática que representa la clausura de la vida "normal", la cuarentena sí se vuelve un privilegio.

Otro cantar sería si el gobierno acompañase su decisión de enclaustramiento con un programa de asistencia que le garantice tranquilidad a las personas de permanecer en sus casas. Brindar seguridad para esa persona que debe valorar el riesgo de morir de hambre por semanas o desafiar a un virus sobre el que desconocía hace apenas un par de meses es una necesidad rampante. Sin estas garantías de poco o nada servirá mantener a un país lejos del SARS-CoV2 para luego enfrentar el problema más grave de una población desnutrida, endeudada, y sobre todo con mayor resentimiento en contra de aquellos que utilizaron su posición de poder para tomar una decisión de la que no sentirán beneficio directo. Las banderas blancas pidiendo ayuda abundan en los barrios pobres (y no tan pobres) de las ciudades. Ante esto nuestros gobernantes parecieran usar el mismo material, solo que como venda en los ojos.


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Bgortairemorejon (10 noticias)
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