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El caso Couso, sigue adelante pese a Rajoy, el fiscal, el Pentágono y la ley de Injusticia e Impunidad

09/06/2014 05:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La ley de Justicia Universal del PP no podrá archivar el caso Couso ya que el juez Pedraz ha encontrado una vía gracias a la Convención de Ginebra, por crímenes de guerra

En los últimos diez años alrededor de doscientos reporteros han muerto realizando su trabajo en un país extranjero. Ellos dejaron atrás familias y amigos  solo para  buscar la verdad y mostrar a todos la realidad de las guerras de George W. Bush y aliados. La pregunta es ¿se les hará justicia?

Diasporaweb cuenta hoy el caso del asesinato de  José Couso, reportero de la cadena de televisión Telecinco, que conmocionó a España y EE.UU. José, 37 años de edad, dejó viuda y dos hijos. No había ido a combatir, no llevaba armas, y  estaba  contra  la Guerra de Irak y todas las guerras. Como cientos de periodistas, se arriesgó para contar la realidad, los horribles crímenes que se estaban cometiendo a miles de kilómetros de su televisión, porque sin testigos el terror no conoce límites, en nombre de la libertad.

Couso era el cámara que acompañaba a Jon Sistiaga para ilustrar las crónicas en Irak para Telecinco. Y eso no era fácil porque todas las informaciones debían pasar por una censura previa, que eliminaba todo tipo de imágenes que podían perjudicar al régimen de Sadam Hussein. Todos los periodistas tenían un “guía” irakí que hablaba su idioma, y controlaba todos sus movimientos, sus comentarios… Todo lo que el guía no creía conveniente se comunicaba al Ministerio de Información irakuí que  decidía si esos periodistas podían permanecer en el país o debían ser expulsados.

A pesar de todo José y Jon decidieron quedarse en Bagdag para vivir la guerra mejor contada de la historia, iban a aguantar. Todo lo que ocurría en Irak se transmitía a tiempo real a cualquier parte del mundo.

La verdad es que en la guerra la prensa estorbaba. Contaba lo que no debía contar, lo que algunos quieren que la gente no sepa. Por primera vez en la historia  se retransmitía en directo la conquista de un país por fuerzas de Estados Unidos. Millones de personas estaban pendientes  de la TV. La Guerra de Irak fue así.

Sistiaga y Couso llevaban un mes haciendo reportajes previos a la guerra e iban como sea. Un día antes de que finalizase el ultimátum dado por George W. Bush, presidente de Estados Unidos a Sadam Hussein decidieron dejar el hotel Al Rasheed el mejor de la ciudad, pero también el más peligroso por su cercanía a edificios oficiales que sin duda bombardeados.

Irían al Hotel Palestina, en principio un hotel mucho más seguro. Allí se alojaba toda la prensa extranjera que cubría la guerra. Españoles, americanos, italianos, mexicanos, británicos… un sinfín de periodistas llegados de todos los rincones del mundo para cubrir ese conflicto diferente.

Todos esos profesionales recibieron llamadas de familiares, amigos, jefes, compañeros de trabajo,   pidiéndoles por favor que abandonasen y  volvieran a casa antes de que estallase la guerra. O que cubrieran el conflicto desde la frontera, que no se arriesgaran a quedarse en Bagdad, la capital, que iba a ser lo que los sadamistas llamaban Um Al Maarik, la madre de todas las batallas.

Informativos Telecinco había enviado al conflicto dos equipos de televisión y un traductor. El día 18 de marzo, un día antes de que el ultimátum de los aliados finalizara, se reunieron porque muchos de ellos estaban cansados y tenían miedo; se planteaban abandonar Bagdad.

Entonces no lo sabían, pero mientras hablaban y reflexionaban sobre su estado de ánimo, estaban eligiendo entre la vida y la muerte. La fatalidad estaba haciendo sus descartes, eligiendo sus víctimas. Quién se iba, quién se quedaba, quién sobrevivía, quién moría… Eran siete personas. Cinco de ellas decidieron evacuar a Jordania y contar la guerra desde el ángulo de los refugiados. Solo José y Jon se quedaron.

El día 8 de abril amaneció como cualquier otro día. Sistiaga y Couso se habían quedado dormidos. Era un día importante, los americanos entrarían en Bagdad, la guerra acabaría pronto y podrían volver a casa. Un día antes un periodista español que cubría el conflicto desde el bando americano como brigadista en la Tercera División de Infantería del Ejército yanqui, había muerto víctima de un misil iraquí tierra-tierra que destruyó el campamento norteamericano a pocos kilómetros de la capital.

En el conflicto fue bombardeado el edificio de la cadena Al Jazira, la sede de la CNN árabe y Abu Dahbi TV. Ninguna guerra se parece a otra y Jon Sistiaga se preguntaban como no se les pudo ocurrir que había también la posibilidad de que el Hotel Palestina fuese bombardeado, al fin y al cabo eran prensa, prensa molesta.

La mañana del 8 de abril el avión A-10 Thunderbolt,   conocido como ”matatanques” entró en Bagdad, y Jon y José no pudieron grabar la el vuelo de los “matatanques” sobrevolando la ciudad. Taras Protsyuk un cámara ucraniano que trabajaba para la agencia Reuters se alojaba en la habitación de arriba, y había grabado la impactante presencia del avión. Jon quedó de acuerdo con Protsyuk en que iría a su habitación hacer una copia en unos minutos mientras Couso estaba en el balcón con la cámara preparada visando hacia los puentes del Tigris. El puente Al Yumuría estaba lleno de tanques y marines norteamericanos..

“Están apuntando hacia aquí, nos están mirando”, dijo Sistiaga pero Couso ni se inmutó. ¿Por qué desconfiar de los norteamericanos?". Jon se fue a la otra habitación. Un ruido abrumador lo dejó conmocionado. Algo había impactado contra el hotel. Se asomó al balcón y vio a muchas personas que desde la calle señalaban hacia donde José estaba. Sistiaga corrió hacia él mientras escuchaba los gritos de Safa su guía iraquí y Ferdinando Pellegrini de la RAI italiana.

Jon se encontró a José boca arriba rodeado de cristales del balcón, pequeños trozos de metralla, bañado en sangre… “Ha sido el tanque - dijo- ha sido el tanque..” Tenía la barbilla destrozada y no paraba de sangrar; había perdido prácticamente la pierna derecha y tenía la clavícula rota.

Utilizaron el colchón como camilla improvisada. Y en el ascensor se encontraron con los compañeros de Taras Protsyuk, el cámara de Reuters, que lo llevaban como podían.  Tenía el cuerpo destrozado; sus compañeros gritaban y corrían intentando llevarlo al hospital más cercano, pero ya no se podría salvar.

Cuando consiguieron bajar a José hasta la calle un coche les estaba esperando. Lo llevaron hasta el hospital San Rafael, desde donde mandaron a Taras y a Couso al hospital Ibn al Nafis. José fue operado de urgencia por el doctor Faisal, cirujano jefe. Al salir de la operación el doctor Faisal le contó a Jon como había sido el final de Couso.

Hacía las 5, el sargento Shawn Gibson casado y con cuatro hijos había pedido permiso a su superior para disparar contra el hotel Palestina. La unidad de blindados A-46 Armor que se encontraba en el puente Al Yumuría pertenecía a la compañía Alfa, conocida por el resto de los soldados de la Tercera Infantería como “the assasins“, los asesinos.

El ministro Gallardón no tenía todas las cartas en la mano como creía el PP para agradar a los aforados chinos

La versión de Gibson fue que descubrió a un ojeador, un iraquí con prismáticos que bien podía estar dando instrucciones a los fedayines que se encontraban en el otro lado del puente. Pero era imposible que viera el destello de unos prismáticos y no viera las cámaras de televisión que desde todas las ventanas de ese edificio enfocaban hacia los tanques. Las coordenadas del hotel estaban en manos de la Inteligencia Militar norteamericana. Todos los medios de comunicación internacionales en Irak hospedados habían mandado sus posiciones a sus respectivos ministerios para que se los hicieran llegar al Pentágono.

Después de tres días frenéticos Jon consiguió que los propios americanos que habían asesinado a su amigo y, sacasen de Bagdad su cuerpo encerrado en una bolsa en un helicóptero de la unidad de rescate Mef Casevac Team.

Sistiaga trataba de imaginarse la figura de José en el interior de aquella bolsa hermética amarilla. Se sentía culpable por haber aceptado cubrir esa guerra. Jamás podría olvidar tanta humanidad junta. Couso había sido su mejor compañero de trabajo. Y hasta  habló a gritos, por encima del ruido intenso de las aspas del helicóptero, jurando que lucharía por encontrar a los responsables de su muerte.

La Secretaría de Estado norteamericana negó siempre su relación con estos hechos. El ejército de Estados Unidos cambió muchas veces en 10 años su versión para justificar los ataques

“El propio general Collin Powell (entonces secretario de Estado de Estados Unidos) atribuyó estos crímenes a un ”lamentable error”, mientras el Pentágono justificó el ataque diciendo que los tanques de Estados Unidos estaban siendo atacados desde el hotel y tuvieron que defenderse.

Posteriormente, ante más de 200 periodistas internacionales alojados en el hotel y decenas de televisiones vieron, fotografiaron y grabaron el ataque del carro de combate contra el edificio, imágenes que demostraban taxativamente este hecho y el Pentágono optó por argumentar - también falsamente – que en el Hotel Palestina se alojaba una unidad de observación y dirección de tiro del ejercito iraquí”.

Enrique Santiago y Javier Couso entregaron estos pormenores del litigio en dos encuentros con autoridades norteamericanas de la embajada americana en Madrid. Uno, en la cafetería del Círculo de Bellas Artes, y el otro, en el legendario Bar El Chicote de la Gran Vía, famoso la década de los 30 por haber sido frecuentado por Hemingway y los corresponsales de guerra en los días del asedio de la ciudad por las fuerzas del general Franco, y gente del cine y la farándula. Estos personajes aparcaban allí delante sus vehículos militares para  beber y conversar durante horas libres o de la noche hasta que el amanecer los regresaba a sus puestos. Ahora se denomina Museo Chicote.

El juez Pedraz, quien se encarga de la investigación del Caso Couso, ha ordenado hasta tres veces la busca y captura de los militares norteamericanos responsables del ataque del tanque al Hotel Palestina. Claro que se ha encontrado con “dificultades”. Este mismo año se tuvo que trasladar a Irak para comprobar si desde el lugar donde Gibson realizó el disparo se distinguía la terraza de la habitación de Couso y Sistiaga. Los peritos, que también se trasladaron a Bagdad, y tras examinar las imágenes grabadas por el propio juez en su viaje, concluyeron que desde el lugar dónde disparó, el tanque se podía distinguir perfectamente que José Couso portaba una gran cámara de televisión, lo mismo que otros. La familia de José Couso lleva once años pidiendo justicia, en especial su hermano Javier quien ha hecho varias intervenciones en los medios de comunicación, incluso en algunos de Estados Unidos. Y dejó el enlace de la primera parte del documental llamado “Irak“, sus archivos confidenciales, emitido por RTVE dónde se explican muchas de las atrocidades que perpetraron los militares yanquis.

La reforma de la justicia universal, que teóricamente archivaría el “Caso Couso”, la sacó adelante el PP gracias a la reforma del ministro Alberto Ruiz-Gallardón.

El Pleno del Congreso de los Diputados aprobó hace meses con los votos (180 votos a favor y 137 en contra) del PP la proposición de modificación de la Ley Orgánica del Poder Judicial que limita los casos de justicia universal en los que pueden intervenir los jueces españoles. La oposición  mostró su rechazo a esta iniciativa que ahora debe ser aprobada en el Senado,   que ha superado el trámite del Congreso y ha evitado que se pronunciaran órganos consultivos como el Consejo de Estado y el Consejo General del Poder Judicial. Pero supone que solo se puedan investigar y enjuiciar en España delitos graves cometidos fuera del territorio nacional como los de genocidio y lesa humanidad cuando la causa se dirija contra españoles o extranjeros que hayan adquirido la nacionalidad española con posterioridad a la comisión del hecho o cuya extradición hubiera sido denegada por las autoridades españolas. Ello cuando se haya interpuesto querella por el agraviado por el Ministerio Fiscal. El PP considera que la actual normativa crea falsas expectativas pues el resultado de las investigaciones en la mayoría de los casos van al archivo.

La iniciativa ha sido defendida por el diputado del PP José Miguel Castillo, que ha señalado que es legal que se haya tramitado como proposición del PP por el procedimiento de urgencia con lectura única -sin debate en comisión-, ya que es una posibilidad prevista en el reglamento y que ha usado el PSOE "decenas de veces". Así es la actual Justicia Univesal de la democracia española. Eso supone la ley de impunidad universal que deja fuera casos de lesa criminalidad y el archivo de la investigación del genocidio del Tíbet, el Holocausto y “cosas adyacentes para ellos” como la muerte del cámara de televisión José Couso en la guerra de Irak y han considerado de dudosa constitucionalidad su efecto retroactivo a causas en curso.

El asesinato de José Couso en la guerra de Irak y el juramento de su compañero Sistiaga de dedicar sus días a llevar a juicio a los marines culpables, fue recibido con un amago de sonrisa en los círculos PePeros, siempre tras el parapeto de la constitucionalidad y de la ley Gallardón.

El juez Santiago Pedraz ha logrado permiso para seguir el procedimiento del caso a pesar de tremendas zancadillas y “ juego sucio” de peperos y fiscales

Pero en este caso no van a conseguir paralizar la investigación por el asesinato en Bagdad (2003) del cámara de Telecinco José Couso  a manos de militares de EEUU. El juez Pedraz rechazó archivar este procedimiento al considerar que la limitación de la justicia universal aprobada por el Congreso de los Diputados contravendría la cuarta Convención de Ginebra, que obliga a "perseguir los delitos contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto armado".

Y el Pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, dio la razón al juez  Pedraz que continua con la instrucción de este crimen de guerra. Los 16 magistrados presentes en la reunión han rechazado el recurso presentado por la Fiscalía en el que pedía que el juez instructor cerrara la causa y la elevara a este órgano superior para su archivo. Pero la querella de Pedraz contra los militares responsables del asesinato de Couso, introducida por su familia en la Audiencia Nacional de España al mes de cometido el crimen, es por “delito contra personas internacionalmente protegidas” por las Convenciones de Ginebra de 1949 sobre Derecho Internacional Humanitario (DIH), reconocido por el Art. 611 del Código Penal español, como un delito de asesinato tipificado en el articulo 139 del mismo texto legal. Se trata de crímenes de guerra.

El juez  Santiago Pedraz renovó en octubre de 2011 las órdenes internacionales de búsqueda y captura libradas por primera vez en 2005 contra el sargento Thomas Gibson, comandante del carro de combate y autor del disparo; el capitán Philip Wolford, jefe de la unidad de carros de combate que autorizó a Gibson la operación. Y otros altos mandos del ejército norteamericano incluye en la búsqueda y captura al teniente coronel Philip De Camps, quien dio el visto bueno a la operación, al comandante Wolford en su condición de jefe de la brigada acorazada en que operaban los carros de combate. Y a los dos superiores en la cadena de mando de Estados Unidos, el general Bufort Blount y el coronel David Perkins altos jefes del Pentágono.

El magistrado fijó además una fianza de un millón de euros a estos tres imputados por responsabilidades civiles, ordenando el embargo de sus bienes en caso de no depositarse la fianza. Están imputados, en el mismo auto de procesamiento de octubre 2011,  

Las “dificultades” que ha tenido aluden a una década de oposición legal de la Fiscalía General del Estado, bajo todos los gobiernos, desde José María Aznar (PP, 1996-2004), José Luis González Zapatero (PSOE, 2004-2011) y Mariano Rajoy (PP, 2011-????). “Con el gobierno de Mariano Rajoy, la Fiscalía mantiene la misma actitud de ignorancia del proceso, cuando no de oposición al mismo”, dice Enrique Santiago.

El gobierno, la Fiscalía y ciertos sectores judiciales obedecen ciegamente a la Embajada de Estados Unidos. Decenas de mensajes de la Embajada de Estados Unidos en Madrid al Departamento de Estado de Estados Unidos que sacó a la luz WikiLeaks en diciembre 2010 describen la coordinación con las autoridades políticas españolas para hacer abortar el “Caso Couso”.

 


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