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La complacencia destructiva de la izquierda

05/11/2016 09:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Es tiempo que la izquierda deje de ser complaciente, asuma los retos de la modernidad, acepte la existencia de una nueva demografía electoral, de dinámicas sociales para allá de la lucha de clases y, construya una propuesta que sea, al mismo tiempo, idealista y pragmática

La complacencia destructiva de la izquierda

Por Teresa Da Cunha Lopes

En los últimos 150 años de avances en las libertades políticas y de conquistas sociales, el papel de la derecha ha sido de contención y el de la izquierda de un debate constante sobre las opciones, sobre las vías para fortalecer la inclusión, sobre los caminos y los medios para reducción de las desigualdades.

Sin embargo, en la última década, la izquierda (en particular la izquierda democrática)  ha tenido una enorme dificultad para manejar una dosis saludable de realismo que le permita, por un lado, evitar las posturas extremas de los grupos de presión y, por otro lado, transcribir su idealismo (inscrito en el ADN de la izquierda)  en consensos democráticos y, en medidas progresistas y programas modernos.

Una de las razones de estas dificultades (auto limitaciones) ha sido el “pavor” a ser llamados de “centristas”, en la falsa ilusión de que los electores son masas que tienden a respaldar posiciones radicales y extremas . Otra de las razones para esta casi parálisis de los últimos años, ha consistido en la falacia de la necesidad de un líder carismático, con una retórica decimonónica, que sería la panacea para “aglomerar la izquierda” y desencadenar el “movimiento del cambio”.

Ahora bien, las dos “razones”, son visiones distorsionadas  de la realidad moderna y desconectadas de las nuevas formas de participación política, en particular de las nuevas generaciones, como  los famosos “millenials”.

Para captar el voto de estos últimos, el idealismo de izquierda presenta una enorme ventaja, siempre y cuando este “idealismo” no se se transforme en una complacencia destructiva, porque se resiste a ser acompañado de soluciones pragmáticas y del reconocimiento de la existencia de nuevos grupos con expectativas y preocupaciones muy diversas a los grupos clásicos de la vieja geografía electoral. Por ejemplo, el aumento del número de mujeres profesionistas, con independencia financiera hace obsoleto el discurso dirigido a la ama de casa. Las minorías étnicas empoderadas y reivindicativas de sus derechos (autogobierno, ejercicio directo del presupuesto, consulta directa sobre los asuntos que directamente dicen respecto a sus comunidades y a sus recursos naturales) excluyen el discurso y las prácticas “paternalistas” de los partidos clásicos, heredada de una ideología neocolonialista, en que también ha caído la izquierda. La comunidad LGBTTTI tiene todavía espacios a conquistar en la sociedad y su lucha debe hacer parte del programa de izquierda.

Si bien, “millenials”, mujeres profesionistas, comunidades originarias empoderadas, comunidad LGBTTTI  no son los únicos ejemplos, creo que son lo suficientemente descriptivos  de la necesidad urgente de rebasar la complacencia  destructiva de la estéril reivindicación, meramente discursiva de la izquierda, para aterrizar en propuestas pragmáticas que respondan a las preocupaciones reales de fortalecimiento del derecho al desarrollo libre de la personalidad, al respecto por los derechos reproductivos de las mujeres y por los derechos difusos de las comunidades.

Ahora bien, todos esos elementos pragmáticos que deben estar en el programa de la izquierda son los que efectivamente harán el cambio anhelado por la mayoría.  Pero, para realizar los cambios es necesario conquistar espacios reales de decisión política.

Es a partir de las sinergias producidas ente un idealismo de principios acompañado  de soluciones pragmáticas que se puede recuperar el centro y, por lo tanto, matemáticamente, alcanzar los números electorales para poder controlar legislaturas, gobiernos municipales, estatales y nacional.

Porque seamos sinceros, sin contro real (numérico) del congreso y del ejecutivo, lo único que resta a la izquierda es la complacencia destructiva del discurso intelectualoide de “los principios” o bien la acción en las calles. Y, esta última, en términos políticos generales,  es siempre más destructiva que productiva y difícilmente controlable.

Así que, lo necesita la izquierda, en este presente contexto, es de una enorme dosis de pragmatismo para llegar al poder y lograr los espacios de decisión que le permitan realizar los cambios necesarios.

El idealismo de izquierda tiene, tal como en el teorema de Arquimedes, que encontrar su punto de apoyo en la realidad. En lo concreto, en una propuesta política que nos despierte de la farsa de la contracultura de derecha plasmada en los movimientos “alter-right”;  que nos permita salir de la falacia de la negación política de los riesgos del cambio climático; que nos de las herramientas para huir de la “quimera del oro” de mercados financieros desregulados; hacer frente a la opresión de jornadas laborales sometidas al  evangelio de la competitividad y que nos proteja de los ataques a las libertades políticas y a los derechos sociales.

Ese punto de apoyo sobre el cual usar el idealismo de la izquierda, pero evitar que este se convierta en una complacencia destructiva y, que al revés se transforme en el más poderoso elemento de cambio para una transición a sociedades más justas, equitativas y, al mismo tiempo dinámicas, es colocar una sola pregunta : ¿es necesaria tanta desigualdad?

 Es evidente que la mayoría responderá que no. Pero, esta mayoría necesita de respuestas realistas sobre las causas de la crisis y del idealismo necesario para acreditar que vale la pena atacar esa desigualdad.

Así, que la izquierda debe responder a esta cuestión con escenarios concretos de posibilidades reales a implementar a corto, medio y largo plazo para eliminar esa desigualdad. Escenarios abiertos, flexibles, dinámicos. Escenarios prospectivos, totalmente alejados del viejo concepto de planeación. Con propuestas de políticas públicas claras, sencillas, operativas sobre las cuales estas nuevas mayorías pueden construir una opinión y plasmar esta en un voto. Escenarios que cuantifiquen los costos humanos y sociales, y que prioritariamente se basen sobre la minimización de estos y, no sobre la tentación reduccionista economicista.

Escenarios con una cuota parte de idealismo, pero alejados de dogmas.

No niego que muchas personas están enojadas, indignadas, escépticas. Es natural. Todo lo que les ha sido presentado son discursos descabellados, objetivos fragmentados y  teorías conspirativas. Es bien verdad que estas últimas son letales, son el alimento favorito de aquellos que odian a la izquierda.  Que sirven de punto de apoyo para difundir el discurso divisivo y de de odio desde la derecha que ha capitalizado el  hartazgo .

Hartazgo real porque no existe una respuesta que sea al mismo tiempo idealista y pragmática. La derecha no puede dar esa respuesta, está conceptualmente agotada. Sólo ha sobrevivido por causa del vacío que abrió la complacencia destructiva de la izquierda que no ha tomado como suyas las preocupaciones, inquietudes, expectativas y sueños de los nuevos grupos sociales.

Es tiempo que la izquierda deje de ser complaciente, asuma los retos de la modernidad, acepte la existencia de una nueva demografía electoral, de dinámicas sociales para allá de la lucha de clases y,  construya una propuesta que sea al mismo tiempo idealista y pragmática.


Sobre esta noticia

Autor:
Teresa Da Cunha Lopes (264 noticias)
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Tipo:
Opinión
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