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Cigarrillo electrónico: el remedio resultó peor que la enfermedad. ¿Vapear o fumar?, ese es el dilema

25/04/2014 06:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El deseo de fumar corre paralelo al de dejarlo. El cigarrillo electrónico parecía la solución, pero de repente surgieron las críticas de que era también cancerígeno. ¿Qué hacer? se aceptan todas las sugerencias

Después de décadas en las que los gobiernos han perseguido al tabaco tanto como se han aprovechado de él, pudimos haber estado ante el principio del fin del tabaco. La solución, una vez más, no la  trajo el gobierno sino el mercado: el cigarrillo electrónico.

Existían pocas dudas razonables respecto a que el tabaco es uno de los principales desencadenantes del cáncer y responsable de millones de muertes a lo largo del tiempo por todo el mundo. Y las dudas se confirman.

Su peligrosidad, a su vez,   justificó una actividad regulatoria inusitada en los estados de casi todo el mundo en forma de prohibiciones y limitaciones de todo tipo. Y se hicieron cosas peores como inundar de cigarrillos de hojas malas a África, nada más que para cubrir gastos y enganchar a los más jóvenes.

No obstante, los estados han evitado a toda costa la prohibición absoluta por una buena razón recaudatoria: casi todo el precio del tabaco son impuestos. El resultado es que a los fumadores primero el estado les vaciaba los bolsillos y luego los mataba el tabaco.

El tabaquismo está condenado a desaparecer a largo plazo, o, cuando menos, sus nocivos efectos sobre la salud y otras razones

Un interesante artículo en libremercado.com propone la tesis de que  la venta de tabaco se verá reducida de forma drástica en las próximas décadas, lo cual, sin duda, supondrá una auténtica revolución en materia sanitaria, pero también a nivel industrial y de consumo. No es ciencia ficción. Ya está pasando, y la tendencia es imparable. Este sueño, impensable hace apenas unos años, no se debe al agresivo intervencionismo estatal ni al desagradable prohibicionismo que propugnan los hipócritas moralistas de medio pelo que engrosan las filas de la sociedad imperante. No. Si el impacto negativo del tabaco baja en los próximos años no será en ningún caso gracias al Estado y a sus perversos aduladores (los empresarios), sino, muy al contrario, gracias al mercado y sus beneficiosos mecanismos de interacción libre y voluntaria. La revolución en cuestión se llamó cigarrillo electrónico (e-cig), un invento empresarial que, pese a su novedosa creación -nació hace apenas una década-, se fue extendiendo rápidamente entre los fumadores, cosechando  resultados espectaculares. La clave de su éxito era simple: ofrecía teóricamente lo mejor del tabaco -hábito, sensación de calada y el chute de la nicotina-, pero desechando la larga lista de ingredientes peligrosos que contiene el cigarrillo convencional”.

Naturalmente ahora el debate se traslada hacia la duda de si el cigarrillo electrónico puede resultar también nocivo y de hecho ya están apareciendo los primeros movimientos prohibicionistas en algunos estados.

¿Es realmente nocivo el cigarrillo electrónico? ¿Algo nocivo? ¿Nada nocivo? ¿Más nocivo que los donuts o las patatas fritas? El cigarrillo electrónico se encuentra ahora bajo la lupa en parte porque se trata de un producto nuevo e interesa saber si tiene sobre los consumidores efectos adversos. Pero también porque si es una alternativa inocua al tabaco se puede cargar el negocio recaudatorio del estado. Ahora toca por tanto extremar el celo por la salud de los ciudadanos ante esta potencial amenaza sobre la salud… y sobre los impuestos.

Lo que de todas formas parece ya claro es que, si acaso, por malo que pudiera ser el cigarrillo electrónico ni de lejos resultaría tan perjudicial para la salud como el tabaco. Cualquier joven con 28 años que lleva fumando desde los 16, el remedio para que esta chica dejase por fin el tabaco ha sido el "vapeo" Ni chicles, ni parches, ni medicamentos... Como ella, muchos adictos a la nicotina han encontrado en los cigarrillos electrónicos un sustituto perfecto. Sin embargo, a esta nueva moda le han salido detractores. Cardiólogos o neumólogos que opinan que su uso no es tan inocente como parece o se quiere hacer ver, por lo que reclaman que haya una regulación clara.

Mientras, se han abierto cada día más comercios de cigarrillos electrónicos y el "vapeo" ya se ha colado en bares y restaurantes aprovechando el limbo legal existente.

"El problema es que se trata de una moda muy reciente por lo que aún no se sabe si realmente es un buen método para dejar de fumar. Faltan estudios serios, a largo plazo, dirigidos por expertos en tabaquismo", señala Eusebio Chiner, jefe de Neumología del Hospital de Sant Joan de Alicante.

Los electrónicos, ¿contienen otras sustancias cuyos efectos pueden ser posiblemente cancerígenos pero no han sido aún analizados a fondo?

La principal incógnita sobre sus efectos procede de los elementos que contiene. "Además de la nicotina que incorporan algunas sustancias o la glicerina, que es lo que se 'vapea', estos cigarrillos contienen otros ingredientes cuyos efectos posiblemente cancerígenos se desconocen a largo plazo", señala Chiner. Incógnitas que llevan a los usuarios a no saber realmente hasta qué punto es mejor "vapear" o dar caladas.

"Hace falta una normativa clara ya, porque esta falta de regulación que hay ahora hace que estos cigarrillos se estén vendiendo en mercadillos sin el más mínimo control". En caso de que se estime que este es un buen método para abandonar el hábito del tabaco, cree Chiner, "lo lógico es que este sujeto a la misma normativa que otros métodos, como los parches de nicotina o los chicles".

Mientras el Ministerio de Sanidad y la Unión Europea estudian si restringir o no su uso, hay algunas comunidades autónomas que ya se han adelantado, como Cataluña o Euskadi que lo han prohibido en todas sus dependencias, incluidos colegios o centros de salud.

Por su parte, quienes comercializan los cigarrillos electrónicos defienden a capa y espada que son un buen recurso para dejar de fumar. "Realmente funciona, aunque tienes que estar muy mentalizado para dejarlo", explica Sebastian, quien regenta un establecimiento. Defiende además que, aunque algunos modelos llevan nicotina, "su uso es menos cancerígeno que el de los cigarrillos".

Desde otro establecimiento de la misma ciudad también defienden su uso, "igual que están permitidos los parches de nicotina", aunque reconocen "que aún se tiene que legislar todo”.

El hecho de haber sido inventado en China añade misterio al ya enigmático cigarrillo electrónico, pero la nicotina es más o menos la misma

Es una polémica envuelta en humo, una guerra de vapores que obliga a todas las administraciones a meter mano y regular un mercado desmadrado. El vacío legal ha convertido a los cigarrillos electrónicos en un negocio en auge que ha poblado de establecimientos de venta todas las ciudades y municipios. Sin embargo, esta semana, las administraciones han dado un golpe de gracia. En Euskadi se anunciaba que se restringirá en espacios públicos y después de una semana, el Parlamento Europeo frenaba su consumo al decidir que se regulará como el tabaco si no demuestra su efecto medicinal.

Los consumidores no lo tienen tan claro. "El precio es razonable como para darle una oportunidad", cuenta Amaia de 43 años, fumadora de cajetilla diaria y recién llegada al proceloso mundo del e-cigarro: "El cigarrillo electrónico no será bueno, pero el de toda la vida es peor", argumenta, y "además está claro que reduce el mono psicológico". Iñaki confirma su teoría. "Lo he intentado todo para dejar de fumar: los parches, los chicles de nicotina... pero volvía a caer porque echaba de menos el gesto de fumar, su sabor. Y ahora he vuelto a encontrar ese placer", corrobora.

Pero el debate ha saltado a la calle. ¿Son realmente inocuos?, ¿sabemos lo que contienen?, ¿consiguen dejar de fumar? Como la pulsera energética Power balance aquella capaz de reducir el dolor, el estrés, mejorar la resistencia y aumentar el equilibrio, para algunos podrían ser solo un nuevo timo científico crecido al amparo de las firmas tabaqueras. Se oyen voces que los comparan con la homeopatía y hay quien se atreve a ir más lejos equiparándolos con otro fraude con sello pseudomédico como la baba de caracol.

Los cigarrillos electrónicos, inventados en China, llevan una resistencia que calienta un líquido para generar un vapor que se absorbe como si fuera humo. La mayoría suelen llevar nicotina, agua, aromas y otras sustancias que varían según el fabricante. Su consumo ha aumentado de forma exponencial. El año pasado solo en Estados Unidos se vendieron e-cigarros por valor de mil millones de dólares. Y muchos analistas auguraban que en diez años, el consumo de estos cigarrillos superarían al de los convencionales. En España, estudios realizados por el sector calculaban en unos 900.000 el número de vapeadores, lo que representa el 10% de los fumadores tradicionales. Pero la duda que corrido como el viento del sur, ha disipado el humo del optimismo. ¿Qué hacer?

Son muchos los expertos que reclaman imponer al producto restricciones equiparables al tabaco. Los neumólogos son sus primeros detractores. La Sociedad de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) considera "poco rigurosas" las medidas adoptadas sobre el cigarrillo electrónico "ante el desconocimiento real de los efectos" de estos dispositivos sobre la salud y las considera un paso atrás en la normalización de la ley del tabaco. Esta sociedad científica lamenta que las medidas legislativas no equiparen el cigarrillo electrónico al tabaco convencional, ya que se permite su consumo en bares y restaurantes, aunque se prohíbe en centros educativos y sanitarios y de la administración y en el transporte público.

Según explica el doctor Segismundo Solano, coordinador del área de tabaquismo de la Separ, aún no se conocen cómo actúan en el organismo y, en concreto, en las vías aéreas los ingredientes de este cigarrillo, por lo que "la legislación debería ser más restrictiva y prudente". Los neumólogos creen que hay que considerar las sustancias que contiene el líquido del cigarrillo electrónico y también las que se producen a consecuencia de su calentamiento y aparecen en el vapor.

Aunque la implantación de estos dispositivos en España es reciente, la Agencia Americana del Medicamento (FDA) considera que hay evidencias suficientes para prohibir los cigarrillos electrónicos en todos los lugares públicos cerrados, como sucede con el tabaco. "Estos cigarrillos contienen sustancias potencialmente nocivas, tal y como ha puesto de manifiesto los análisis de la agencia sanitaria estadounidense", señala Antoni Mateu, director de Salud Pública de la Generalitat de Catalunya, una de las primeras comunidades en poner freno al vapeo. Mateu es tajante. "Estos cigarrillos emiten nicotina y algunos elementos cancerígenos como el formaldehído o las nitrosaminas".

De esto ya alertó en 2009 la FDA y lo refleja también el Informe del CNPT sobre los cigarrillos electrónicos: "Algunas marcas liberaban cantidades detectables de nitrosaminas, compuesto cancerígeno que también se encuentra en el humo de los cigarrillos convencionales y muchos de ellos liberan un compuesto químico llamado dietilenglicol (se usa como anticongelante en los coches) y por lo que no puede afirmarse alegremente de que solo liberan vapor de agua. Tampoco hay que olvidar que algunos tienen nicotina, que es una sustancia adictiva", critica dicho informe.

Pero no todas las opiniones son coincidentes. Bertrand Dautzenberg, director de la oficina francesa de prevención contra el tabaquismo asegura "se están obsesionando por la peligrosidad de ese producto cuando es un problema microscópico. Fumar tabaco es como ir en sentido contrario a toda velocidad por la autopista, mientras que el cigarrillo electrónico es como ir a 140 cuando el límite está establecido en 130 kilómetros. Si todo el mundo siguiera esta vía habría menos accidentes, algo que es más difícil de medir en términos epidemiológicos. Pero, si tenemos en cuenta ese símil sobre la autopista, vemos que la disminución del riesgo es colosal".

El consenso no parece posible. Si los efectos sobre el vapeador activo son casi una incógnita, mucho menos se sabe qué puede ocurrir con el pasivo. Este grupo de gente, libre de humo desde la entrada en vigor de la ley de 2011, se expone al e-humo en lugares cerrados sin saber si es o no perjudicial para su salud. "Piensa que el primer estudio del humo ambiental del tabaco que establece sus peligros es de 2006, muy reciente. Todavía tendrán que pasar muchos años para demostrar que es perjudicial también para el que está al lado del vapeador, recalca el doctor Francisco Camarelles, secretario de la Junta Directiva del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT).

Las medidas aprobadas por la Eurocámara están enfocadas a la reducción del consumo de tabaco entre menores ya que el 70% de los actuales fumadores se enganchó antes de cumplir los 18 años. Un artículo publicado en 2013 en el British Medical Journal advirtió de que estos cigarrillos pueden suponer para las tabacaleras una magnífica vía para retener el hábito de fumar entre los que quieren desengancharse, volver a resocializar el consumo de tabaco en espacios cerrados e incluso hacer más atractivo el fumar para los más jóvenes.

Una tesis que corrobora el neumólogo de Basurto Esteban Ruiz de Gordejuela. "El porcentaje de estudiantes de Secundaria que ya han probado alguna vez el cigarrillo electrónico ha pasado del 4, 7% en 2011 al 10% en 2012. En el mismo periodo, el tanto por ciento de universitarios que admitieron haber hecho uso del cigarrillo electrónico también se disparó", indica.

A juicio de este experto, "el cigarrillo electrónico es una entrada a la adicción a la nicotina, que es la base de los dos productos, el electrónico y el convencional. No solo nos preocupa que se incorporen al cigarrillo electrónico, sino que esto sea una puerta de entrada al consumo de tabaco convencional. Esto sí lo conocemos y por eso los profesionales sanitarios estamos preocupados".


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