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César Barros Montero

24/08/2009 03:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Conversación de empresarios jóvenes, amigos de mi hijo mayor

La pulpería financieraAug. 23 , 2009 1 Comments

Conversación de empresarios jóvenes, amigos de mi hijo mayor. "Me enteré que mi banco, junto con mi principal cliente, se pusieron de acuerdo -sin contarme, por supuesto- para que las facturas que yo emito fueran "confirmadas", es decir, aseguradas sus fechas y montos de pago. El banco a cambio, le pasó la mitad del spread que me cobra a mi cliente pagador: la confirmación -o confirming en el coa bancario- sirvió para asociar a mi proveedor de crédito (banco) con mi cliente comprador, para que se fueran "a medias" en contra mía…".

Las preguntas fueron muchas: ¿Era lícito? A lo mejor no, pero claramente era legal: si el joven empresario le cedía su factura al banco, y el banco a posteriori llegaba a un acuerdo con el pagador de la factura, acuerdo que era de mutuo beneficio para ambos, era de lo más legal que existe. Y no tenían por qué contarle. ¿Lo permite la Super de Bancos? "Por supuesto que sí, dijo otro que trabajaba en la banca. Nada sucede sin que lo sepa la Sbif… no se mueve una hoja -de papel por supuesto- en la banca, sin que se entere la Sbif…". "Lo que pasa -le dijo otro- es que eres lo más mamón que hay. Tienes que ir al banco, o a tu cliente, alegar. Si no te hacen caso, súper simple: te cambias de cliente o de banco…". Los argumentos de este representante de "la mano invisible" fueron recibidos con rechiflas y burlas. Duro: porque era yo.

Me explicaron con más detalle: el novel empresario tenía sólo ese cliente. Era una gran empresa, que le daba la masa crítica. Y como era aún poco conocido, sería imposible que se cambiara de comprador así como así. Por lo tanto, mandar a cambiar a su cliente estaba fuera de lugar por ahora: quizá en algunos años más.

En cuanto a cambiarse de banco, era la misma cosa: fue ese banco -gracias al "pituto" provisto por un tío- el único que lo pudo acoger. Además, en los primeros pagos de sus facturas, le constituyeron un encaje, o reserva de dinero, para asegurar eventuales descuentos o demoras en el pago que le hiciera su cliente pagador de la factura. El banco tenía razón: usualmente los pagos de las facturas eran por menor monto de lo indicado en la factura, y en fechas posteriores a las indicadas por la ídem. Y el banco tenía que asegurarse que los dineros anticipados al empresario salieran limpios de todo peligro. Para cambiarse de banco, entonces, el joven debería juntar dos requisitos. Por un lado, necesitaría un "nuevo pituto" para lograr que otro banco lo atendiera. Y por otro, juntar dinero suficiente como para liberar el famoso encaje, depositado en el banco anterior.

Conversación de empresarios jóvenes, amigos de mi hijo mayor. "Me enteré que mi banco,

Aparecieron otras historias, menos elegantes: una gran tienda obligaba a sus clientes a dejar la copia cedible de la factura en las oficinas del comprador, a fin de que éste no pudiera hacer factoring con ella. Pero le abría una alternativa: hacerlo directamente en la gran tienda, en una fórmula que se llama "el pronto pago" a una tasa, eso sí, muy superior a la de los bancos. Es el mismo marco conceptual de la pulpería de principios del siglo XX en las salitreras. El partidario de "la mano invisible" tuvo dificultades para explicar que el problema de fondo, en todos esos casos, era la falta de competencia. Si para lograr créditos por parte de un empresario o emprendedor hubiera muchos bancos dispuestos a atenderlo (sin la necesidad de un "pituto", cambiarse de un banco abusivo no sería problema. Y, con ese solo recurso, desaparecería, además, el abuso. Lo mismo en el segundo caso, si hubiera muchos compradores de sus productos, ante cualquier abuso votaría con los pies, se cambiaría de cliente, y adiós abuso. Sin necesidad de superintendencias ni de mayor regulación. "A lo mejor -les dije- es justamente el exceso de regulación bancaria lo que hace que existan pocos bancos y pocas instituciones de crédito".

LA REGULACIÓN FINANCIERA INADECUADA HACE QUE LA B

anca delegue en casas comerciales, distribuidores y otra miríada de empresas, el financiamiento a la pyme y a los emprendedores. Los bancos se dedican a prestar a grandes instituciones, y a un costo mucho mayor esas instituciones distribuyen lo mejor que pueden a quienes los bancos -por una regulación antigua y deficiente- se lo niegan: y que son las pymes y los emprendedores.

Una nueva mirada a la regulación financiera, y a lo mejor una separación de roles entre el que compra o vende, y el que presta, sería adecuada, para evitar conflictos de interés como los descritos. Pero algo tan complejo difícilmente se va a abordar en un gobierno que se despide. Y como son "reformas duras", siempre se observará que "no es el momento adecuado".


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Autor:
Fidelam (4709 noticias)
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Nota de prensa
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