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Catolicismo y Pentecostalismo se unen en lo carismático para destabilizar a Maduro

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08/12/2019 16:22 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La religión es un cuerpo político que tiene sus confederaciones de poder, alimentadas por su feligresía u militancia. Tienen una relación con el poder civil y militar y son las anclas para los Golpes de Estado

Vida Cristiana

El fascismo italiano y el nazismo alemán no representaban necesariamente los modelos ideales a seguir por una Iglesia de derecha, entre otras cosas, porque eran considerados por algunos sectores del clero como regímenes materialistas y anticatólicos. No obstante, ciertas condiciones ideológicas, entre la Iglesia Y el fascismo, expresadas en las encíclicas papales sobre el orden social anticomunista y corporativo, le abrieron espacio a variadas simpatías por estos regímenes totalitarios.

La corriente corporativa de la iglesia era el evidente rechazo al comunismo que llenaba de pavor los corazones de no pocos conservadores y devotos de la derecha. En 1926, se había fundado el Partido Socialista, y en 1930, paralelo al inicio de los gobiernos liberales, el Partido Comunista comenzaba a desarrollar sus primeras acciones. El “terror rojo” se apoderó de la Iglesia que observaba con espanto el surgimiento acelerado del comunismo toda vez que los partidos de izquierda apoyaban las reformas constitucionales de López Pumarejo como la redistribución de las tierras y la consagración institucional de prerrogativas y derechos laborales a los trabajadores, en un afán por consolidar la tesis del Estado Benefactor que estaba haciendo carrera en Estados Unidos. Entre 1931 y 1937, las asociaciones gremiales pasaron de 16 a 159.

La llamada Acción Social Católica fue otra respuesta alternativa que propuso la Iglesia colombiana para combatir a la izquierda en el terreno de la movilización de masas. El arzobispo coadjutor de Bogotá, Juan Manuel González Arbeláez, fue el principal artífice de la nueva política que desplegó una inusitada campaña por hacerse al favor de la población. Para ello se utilizaron diversas publicaciones con un tiraje total de ciento veinte mil ejemplares (44 semanarios, 60 revistas mensuales y 13 quincenales). Se repartieron radios entre los campesinos, tal como lo había hecho el Ministerio de Propaganda nazi en Alemania. La «Voz de Colombia» y más tarde la Radio Sutatenza fueron los medios de difusión de las principales ideas de la Acción Católica. La Iglesia era propietaria de 150 salas de cine y un número indeterminado de bibliotecas donde sólo se podía leer la literatura autorizada por el Papa. Al mismo tiempo, se buscaba congregar a la población en sindicatos de obreros, asociaciones femeninas, juventudes católicas (los Yocistas) y grupos de devoción.

En 1938, la Acción de González, había asegurado la adhesión de cien mil simpatizantes. En distintas ocasiones el liberalismo criticó abiertamente la Acción Católica catalogándola de movimiento militar y a los Yocistas se les culpó de haber recibido un entrenamiento paramilitar (Ruiz Vasquez, 2004). La Acción Social Católica no desvirtuó las acusaciones y los rumores que circulaban especialmente en Cundinamarca, por el contrario, reforzó lo dicho con una actitud beligerante al señalar que la Acción era un ejército listo para la batalla. La actividad de la Acción Católica durante los 30 y su renovación al finalizar el segundo mandato Alfonso López Pumarejo, selló en las páginas de la historia, el carácter contrarrevolucionario y desestabilizador del movimiento. La actividad de González Arbeláez y Félix Restrepo seguía de cerca los preceptos señalados por el Vaticano desde el siglo XIX. Sin embargo, dado que sus actividades fueron desarrolladas durante el apogeo del fascismo europeo, la coincidencia ideológica no tardó en establecerse. La expresión de varios elementos que se habían puesto en juego en Alemania e Italia se utilizó en el seno de la Iglesia colombiana:

Venezuela se incorporó a esta realidad latinoamericana en cuanto al nuevo movimiento religioso, a la par se venían acercando las sectas protestantes en todas sus tendencias y una, la Asamblea Congregada en el Nombre del Señor logró captar su propio presupuesto para la construcción de locales y difusión del evangelismo de calle, es la única en el país que respeta el orden cristiano bíblico y las ordenanzas municipales que marcan los criterios jurídicos.

El Papa Pío XI señaló para todas las Acciones Católicas de América Latina, la conveniencia y el imperativo de ejercer influencia cuando los intereses católicos fueran lesionados, dirigiendo y buscando la manera de no dejarse aprovechar por interés privados o de partidos. Lo que concebía Pio XI como colaboración laica a la misión apostólica no tuvo razón de ser en Colombia donde la Acción Social Católica se convirtió en un aparato contestatario del partido liberal y sus representantes se inscribieron fervientemente en el partido conservador.

Según Fernán Gonzales (1986) no hubo un esfuerzo por formar líderes laicos que pudieran ser autónomos en la vida social y política sin enajenarse al liberalismo y al comunismo, creando una especie de terreno propio de la Iglesia que evitara la contaminación y la confrontación con otras ideologías.

El énfasis dado a la lucha anticomunista por encima de una respuesta católica a los problemas de los obreros tal como lo instituía el Papa, no impidió que la Acción Católica Colombiana tuviera dimensiones sociales y desarrollara una verdadera política sectorial.

Tal información se daba hacia la Gran Colombia, (Venezuela y Colombia), tal como se aprecia en los estatutos internacionales. Acuérdense que somos Hispánicos y nuestra forma de gobierno venían de España, directamente de Cádiz y Cataluña, para conformar en estas provincias el Legado de Emancipación, Latinoamérica es de los portugueses y llegamos hasta la Cuenca del Caribe, es decir Cuba con todas esas pequeñas islas.

La radicalización y la violencia latente que expresó la Acción Católica en nuestro país, además de su alianza con el Partido Conservador, le imprimieron un carácter atípico con respecto a los demás casos latinoamericanos. La actitud amenazante de la Acción Católica y la línea corporativista en el seno de la iglesia estuvo reforzada por otras dos vertientes ideológicas: la tradicional y la franquista.

En la Iglesia colombiana comenzaron a dibujarse, en la década de las 30 tres líneas ideológicas todas ellas enmarcadas dentro de la derecha y el conservatismo.

La primera, como ya se vio, siguió fielmente los postulados ínsitos a las encíclicas papales, especialmente en lo relacionado al corporativismo y a una acción social católica.

La segunda línea ideológica, tradicional por naturaleza, seguía fielmente la postura antiliberal del siglo XIX que habían adoptado las comunidades religiosas como respuesta a las políticas anticlericales de los presidentes liberales, especialmente, durante los gobiernos de Mosquera en el cual se habían expulsado a los Jesuitas y desafiado el fuero sacerdotal y en el mandato de José Hilarlo López con la expulsión del arzobispo de Bogotá. La Iglesia sólo encontró protección en el régimen conservador que se inició con Rafael Núñez y se prolongó por más de 30 años (González, 1986). La alianza Iglesia-conservatismo se afianzó en la Constitución de 1886 donde se estipularon todas las prerrogativas para el catolicismo apostólico y romano como religión oficial. Un año más tarde, el Estado firmo con el Papa el Concordato para afianzar el poder de la Iglesia como baluarte insustituible de la sociedad.

No basta ser buen presidente, es necesario manejar los cuadros políticos desde una visión religiosa

 

El partido conservador, una minoría política, buscó entronizar a la Iglesia con el fin de recibir su apoyo por cuanto esta institución aglutinaba a la casi totalidad de la población en torno a los preceptos cristianos (González, 1986). De esta manera, el Estado quedó sujeto a las jerarquías eclesiásticas al tiempo que se preservaba el poder ideológico y político de la Iglesia sobre los colombianos, protegiendo la educación confesional y manteniendo la injerencia sobre los nacimientos, los matrimonios y las defunciones. El matrimonio entre el partido conservador y la Iglesia, le reportaba al primero el sustento de masas que no poseía y al segundo le significaba la protección a sus jugosas prerrogativas. Con el tiempo, el poder de la Iglesia llegó a ser tan decisorio en la vida política del país, que los candidatos presidenciales no eran escogidos en las urnas sino señalados por la alta cúpula clerical. El acto electoral se convirtió así, durante la hegemonía conservadora, en una simple refrendación de los designios de la Iglesia. Esta tenía dominio directo sobre la vida social y las relaciones políticas. Por último, la tercera línea ideológica se caracterizó por defender el franquismo y tomar partido por los Nacionalistas durante la Guerra Civil Española (González, 1986). Esta tendencia tomó fuerza en la década de los 30 y siguió fiel a su conducta incluso después de la victoria del Generalísimo Franco, en los años 40.

 

 Tal postura no fue ni mucho menos gratuita, sino que obedeció a la influencia directa de los hechos de la guerra española sobre los presbíteros colombianos. El clero asumió como suyo el papel beligerante en contra de los republicanos, que en repetidas ocasiones habían llevado a cabo políticas de laicización de la sociedad, especialmente durante el gobierno de Azaña. Las leyes de 1932 abrogaron la instrucción religiosa en España y disolvieron las órdenes religiosas que representaban peligro para el Estado. La Compañía de Jesús fue liquidada y sus propiedades confiscadas. Los Jesuitas eran para el gobierno de la República una congregación poco deseable y sí muy peligrosa por su influencia en la educación y su poder económico. Los Jesuitas decidieron exilarse de manera voluntaria, pero la salida de los sacerdotes de la Compañía de Jesús se señaló en el mundo entero como la «expulsión» de la Congregación del territorio español.

 

Venezuela recibía de Colombia toda la documentación jurídica, política y eclesiástica porque era la sede latina e hispánica para tal fin. No por casualidad se piensa intervenir a nuestro país militarmente desde Colombia, tiene sus razones de ser histórico, lo que sucede es que el diputado Juan Guaido es un inerte que desconoce verdades del mundo político y pasado. A su vez, el presidente Nicolás Maduro Moros desconoce los agravantes cernidos sobre Venezuela, donde ya EEUU ha admitido y deja las premisas necesarias para una injerencia civil como militar para poner orden en la economía popular del pueblo que esta en manos de una gama de corruptos que llega hasta el sistema financiero nacional.

 

Lo más triste es que hay grupos insertados en el gobierno bolivarianos que quebrantan y fracturan la unidad del Estado fomentada por su precursor, Hugo Chávez Frías, como lo es el Grupo Viaducto y, quienes nos criamos en Mérida y el eje Táchira- Valera, sabemos lo que representan, lo demás es triste como juegan con la ingenuidad del presidente Maduro, por esa vía llegamos hasta el gobernador Héctor Rodríguez y los administradores de las cajas CLAPS.

 

En Colombia, donde los Jesuitas también habían sido considerados como un peligro inminente para la estabilidad de los gobiernos liberales del siglo XIX, la relación con lo que sucedía en España no fue difícil de establecer. Así como la República española en cabeza de Azaña «perseguía» al clero violando el Concordato y fomentando la intolerancia religiosa en Colombia, la legislación laica del gobierno de Alfonso López Pumarejo se percibió como una intromisión indebida en las potestades propias de la Iglesia. La separación natural entre el Estado y la Iglesia, es llevada a cabo por los gobiernos liberales en España y Colombia, ponía en entredicho el poder atávico de los religiosos. En esa medida, la Iglesia hacía una analogía a la vez simple y directa entre la República española y los gobiernos liberales, por un lado, y los nacionalistas y los conservadores, por el otro. Esta idea predominante, cobró más fuerza cuando diferentes religiosos españoles buscaron refugio en América Latina y expusieron a diestra y siniestra la persecución de que eran objeto en su tierra (De Roux, 1981).

Con el triunfo de Franco, la iglesia se convirtió, para el nuevo régimen, en uno de los aparatos ideológicos primordiales. El trípode sobre el cual se sostenía el Franquismo estaba conformado por la Falange, los sindicatos institucionales y la Iglesia. Desde ese preciso momento esta última recibió todas las garantías y libertades amparada por el Estado autoritario. Con esta nueva dinámica vinieron a Colombia, entre 1945 y 1952, varias misiones españolas, especialmente de Franciscanos, que llevaron a cabo una «evangelización» al norte del departamento del Valle del Cauca y al occidente del departamento del Tolima, en los momentos más álgidos de la violencia (De Roux, 1981). La prédica religiosa se realizó en zonas en donde se llevaron a cabo las peores masacres como en Ceilán y Betania (municipio de Bugalagrande) y se basaba en una diatriba contra los liberales y una oda ditirámbica en honor Franco. Entre los campesinos liberales existía la convicción de que aquellos padres españoles colaboraban en la organización de la represión estatal conservadora sirviendo de enlace con los directorios del partido en cada municipio, repartiendo armas entre los conservadores. Que la Iglesia colombiana poseyera armas no era de extrañarse para aquella época por los antecedentes acaecidos con la Acción Social Católica. De igual manera durante el gobierno de Pedro Nel Ospina el Ministro de Gobierno afirmó que una congregación tenía a su haber más de 200 rifles. Mucho más tarde, el 9 de abril de 1948, en el Bogotazo, la muchedumbre que pretendía llegar al palacio presidencial para vengar el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán fue recibida a bala: desde el campanario de la Catedral Primada en la plaza de Bolívar en un esfuerzo por mantener el orden (Ruiz Vasquez, 2004).

Ahora, ¿Porque no tocan fuertemente a Leopoldo López y Henrique Capriles Randosky, como a su vez, existe un acercamiento con Claudio Fermín?

La repuesta la tiene el Grupo Cisneros. Y la cercanía de ellos con algunos conclaves católicos y Evangélico que vienen trazando estrategias para demoler al presidente Maduro Moros del poder. Ahora bien, Tarek Eiasami, tiene un poder más favorecedor hoy, con su grupo Hezbola que toda la triangulación Armada y de Milicianos que hay en Venezuela.

De allí, el acercamiento del presidente con los Grupos Evangélicos y células católicas que le favorecerían y no le pasaría, lo sucedido con Evo Morales, quien no llego a compromisos con los pentecostales, Baptistas y cuadros de sus fuerzas en Bolivia, solo se acerco al pueblo, un gran presidente, pero, con eso no se gana elecciones y olvido a Álvaro García Linera, era su oportunidad. Sí en Venezuela, el presidente Chávez fuese dejado a Maduro, como presidente una etapa anterior antes de enfermarse y se fuese fortalecido con las Asambleas Evangélicas, otra realidad cantara y ya el Ferrocarril estuviese cumpliendo su cometido.

Fernando Ochoa Antich, Ministro de la Defensa de CAP, sabía todo lo que ocurría dentro de la Escuela Militar y la escudería que allí se formó, Chávez era el guía y Arias Cárdenas el hombre fuerte para controlar el Zulia y las zonas petroleras, el hombre planificador, todo estaba bien organizado para derrotar la izquierda Democrática Internacional Alemana.

Así que, niños inocentes, no existen.

Las líneas corporativistas y franquistas de la Iglesia surgieron además durante la década de los 30, como una respuesta a la llegada y consolidación del liberalismo en el poder al que se le atribuía el anticlericalismo recalcitrante y un desusado empeño por desplazar a la Iglesia. Desde sus inicios, los gobiernos liberales de Enrique Olaya Herrera (1930-1934) y Alfonso López Pumarejo (1934-1938) buscaron mantener unas sanas relaciones de equilibrio con la Iglesia y así legitimar los nuevos regímenes después de la larga hegemonía conservadora. De hecho, tanto Olaya como López lograron un peculiar apoyo a la Iglesia al evitar tocar las prerrogativas eclesiásticas con el ánimo de mostrar que los presbíteros podían continuar libremente, sin temor alguno, actividades durante los gobiernos liberales. No obstante, al corto tiempo, una fuerte ola anticlerical se contrapuso al sector más reaccionario de la Iglesia que señalaba a los liberales como ateos, herejes y comunistas.

El matrimonio de conveniencia, entre los Estados liberales y la Iglesia no se extendió por mucho tiempo y la separación sobrevino debido a diferentes factores (De Roux, 1981).

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño

 

 

 


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Emiro Vera Suárez (1299 noticias)
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