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Los castores, o los pequeños hombres del bosque

10/10/2012 16:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Con sus dientes cortan en un cuarto de hora un tronco de árbol de 10 centímetros de grueso, con las manos manejan palos, piedras, lodo, y cualquier material que necesiten usar en la fabricación de sus diques y viviendas

Hace unos cuatrocientos años había, en América del Norte, mas castores que hombres. Y según los cálculos realizados por especialistas no había menos de 60 millones.

Para poder tomar sus pieles , los tramperos y traficantes abrieron las primeras trochas. Hacia el año 1800 apenas quedaban castores en la mayor parte de Nueva Inglaterra.

En el año 1928 habían desaparecido casi por completo del territorio de los Estados Unidos al este del Misisipi y del sur del Canadá.

Desde entonces a nuestros días a ido aumentando considerablemente su número, debido a las medidas adoptadas para su conservación, al abandono de granjas improductivas, que suelen favorecer mucho a su propósito para que establezcan en esos lugares sus madrigueras, y a la nula demanda que tienen hoy sus pieles en el comercio.

De aquí que hoy se tenga una noción mas clara del papel que desempeña el castor en la naturaleza. En muchas regiones resulta mas provechoso dejarlo en libertad, ya que su pericia como ingeniero se debe a que bastantes tierras sean tan fértiles.

Cuando los castores abandonan uno de sus diques, este se deteriora poco a poco hasta que acaba por ceder, se desagua el sector y crece, con fuerza, toda la vegetación en la rica tierra que dejaron las aguas.

En opinión de los ecólogos este mismo fenómeno, que viene repitiéndose desde el último período glaciar, es uno de los factores de la fertilidad de no pocas tierras. Un especialista, que se interesó por la historia del castor en Vermont, atribuye la decadencia de la agricultura y los crecientes estragos de las riadas a que el castor haya desaparecido de aquella región desde hace casi un siglo.

A la costumbre de construir diques, de almacenar provisiones, y por lo afectuosos que son en su vida familiar, debieron los castores el sobrenombre de “pequeños hombres del bosque”, con que los designaron los aborígenes norteamericanos.

Las herramientas de que los ha dotado la naturaleza son cuatro fuertes dientes incisivos semejantes a cinceles y un par de manos tan ágiles como diestras.

Con sus dientes cortan en un cuarto de hora un tronco de árbol de 10 centímetros de grueso, con las manos manejan palos, piedras, lodo, y cualquier material que necesiten usar en la fabricación de sus diques y viviendas.

En el año 1928 habían desaparecido casi por completo del territorio de los Estados Unidos

Otro es el caso si el castor escoge bien el sitio donde construye sus diques, porque entonces, lejos de ser perjudicial, resulta muy útil para el hombres. Para lograr que de esta forma suceda, concurren en los Estados Unidos el servicio de conservación de la fauna, el servicio forestal y varios otros organismos oficiales que cuidan de trasladar castores a los sitios convenientes.

Por ejemplo, cuando en regiones apartadas y poco accesibles del Oeste del país, es necesario moderar el caudal de un río o de algún arroyo en parajes cercanos a su nacimiento, trasladan castores en avión y los sueltan en paracaídas, encerrados en jaulas cuyos barrotes se abren solos cuando tocan tierra.

Para evitar que las aguas lleven lodo a los embalses de agua potable, tanto el Estado como las empresas particulares de fuerza hidroeléctrica utilizan hoy los castores aguas arriba de sus presas.

Esto contribuye a regularizar la entrada de agua en el embalse, y muchas veces transforman pobres tierras en fértiles valles. Para la mayoría de los animales silvestres son una maravilla los embalses formados por los diques de los castores .

El alce encuentra alimento en las plantas acuáticas que en ese lugar crecen. Venados, osos y antes disfrutan la vegetación de sus orillas. Ratas almizcleras, visones y nutrias nadan en sus aguas, y hasta los peces salen ganando con la regularidad que el dique presta a la corriente.

Conocer a los castores lleva a admirar su inteligencia. A un naturalista se le ocurrió ponerlos a prueba. Con este fin abrió en el dique un boquete de regulares dimensiones.

Tres castores jóvenes acudieron al lugar para reparar el daño, mas, como notaron que el trabajo era superior a sus fuerzas, uno de ellos fue en busca de un castor mas fuerte y experimentado.

Para poder tomar sus pieles, los tramperos y traficantes abrieron las primeras trochas. Hacia el año 1800 apenas quedaban castores en la mayor parte de Nueva Inglaterra

Buceó el castor , trajo del fondo una piedra grande y la metió en el boquete y en ese lugar la contuvo, mientras tanto los otros tres castores la aseguraron con barro y palos.


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Autor:
Ghamm (546 noticias)
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Reportaje
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