Vancouver, es una de esas ciudades que invita a sentirla y apropiarte de ellas al menos durante esos días de visita y, quizás, añorarla al regresar a casa.
No es casualidad que aparezca en la lista de las mejores ciudades para vivir. Forbes y The Economist la mantienen siempre entre los primeros cinco lugares. La tercera ciudad más grande de Canadá conjuga el ambiente dinámico y cosmopolita de sus barrios con un bello entorno natural que inspira. Mientras camino en sus calles siento cómo el viento fresco roza mi rostro. El sitio donde la llama olímpica ondeó durante los Juegos de Invierno 2010, me saca una sonrisa, pues hoy es un punto de reunión, algunas personas comen su lunch en las bancas que rodean el ahora monumento y los jóvenes vienen a jugar con sus patinetas y patines.
Una figura gigante de una orca adorna también este paseo por el puerto y centro de convenciones. A la orilla de la bahía puedo ver los aeroplanos acuáticos despegar y acuatizar: es un transporte tradicional en muchos sitios de Canadá. A una cuadra el hotel The Fairmont Pacific Rim, con magníficas vistas de las montañas de North Shore, el Stanley Park y la zona de Coal Harbour, es también un punto de actividad y de negocios de esta ciudad. Mi siguiente destino es Stanley Park, un lugar mágico para tomar el lunch. El restaurante The Teahouse, cuyos chefs utilizan únicamente ingredientes locales, cuenta con vista panorámica de la bahía y está rodeado de árboles milenarios. Los lugareños recomiendan pasar la tarde por aquí, ya que se tienen esplendorosas puestas de sol.
La gente sale de las oficinas a hacer un día de campo en el parque, que tiene 405 hectáreas. Se trata del parque urbano más grande de Norteamérica, cercado por un rompeolas de 11 kilómetros. Cálida metrópoli El exterior se disfruta aún más aquí que en ninguna otra ciudad canadiense, pues tienen el mejor clima del país con una temperatura promedio de 20 grados centígrados; por eso no es raro encontrar que sea la elección de muchos migrantes: japoneses, coreanos, chinos, rusos, ingleses, indios, italianos, griegos, quienes han creado un verdadero mosaico cultural. Nuestro guía nos lleva del parque al corazón de la ciudad. En Gastown, uno de los grandes atractivos es su reloj de vapor, localizado en una glorieta entre las calles Cambie y Water. Data de 1977 y es el único en el mundo en su tipo.
Se disfruta caminar por sus calles y callejones empedrados, bordeados por edificios victorianos; son de llamar la atención sus restaurantes, librerías y tiendas de arte donde se encuentra una amplia muestra de pinturas y esculturas de los nativos canadienses. Pegado a este, se encuentra el Barrio Chino. Faros, lámparas de papel y tela roja, y los letreros con los caracteres chinos junto con los dragones dorados que adornan los semáforos, nos hacen sentir que hemos cambiado de país. Este es el tercero en importancia después de los barrios chinos de San Francisco y Nueva York. No hay que perderse de visitar el mercado, donde se pueden adquirir frutas y verduras, jengibre, granos y variedades de arroz, así como salmones, langostas, cangrejos azules y calamares que sobreviven en peceras y cubetas de plástico con hielo. Alta gastronomía Nuestro paseo nos lleva hasta Yaletown, que tiene una gran cantidad de restaurantes, bares, cafés con terrazas, galerías, salones de belleza y spas. Este es el momento de tomar un refrigerio y descansar mientras vemos pasar a la gente que ha salido de sus trabajos. Así hacemos tiempo para llegar a las
8:00 pm a Raincity Grill, sitio donde uno encuentra la definición perfecta de la “Cocina Pacific Northwest”. Cabe mencionar que allí el servicio lo proporcionan meseros profesionales y no de oportunidad; su servicio es impecable y la comida, también.
Raincity Grill ofrece una muestra culinaria inigualable. Es pionero del concepto del “Menú de las 100 Millas”, ofreciendo solamente ingredientes orgánicos de producción local. La Isla Granville No hay como tomar un taxi acuático para visitar la Isla de Granville donde se encuentra el Mercado Público, una escuela de arte y un centro artesanal. En el interior del mercado se encuentra la tienda de Edible British Columbia, desde este punto sale un tour guiado por el mercado, la guía explica las regiones de donde provienen los alimentos, el movimiento del mercado y nos invita a conocer y saborear las delicias de la gastronomía y sus productos locales. Este mercado público acomoda una extraordinaria diversidad de comerciantes: hortalizas, carnicerías, pastelerías, pescaderías, importadores, productos autóctonos de diversas etnias, puestos de dulces y locales que venden comida ya preparada, entre muchos otros. Justo afuera del mercado se encuentra una tienda de vinos locales, una microcervecería, un molino de café orgánico y tiendas de artesanías.
De hecho, hay una serie de talleres donde se pueden ver a los artistas locales trabajando su obra, ya sea pintura, escultura, vidrio soplado y diseños de moda. No hay que perderse de conocer la tienda de escobas: tiene modelos mejores que la Nimbus de Harry Potter. Realmente, es posible pasar un día entero por aquí, degustando y comprando. Para comer, hay que visitar Sandbar Seafood Restaurant y probar el hot pot de mariscos, con curry y leche de coco, así como la cerveza producida de forma local. Sin duda, Vancouver, que ha sido catalogado como uno de los mejores sitios para vivir en el mundo, me deja un dulce sabor de boca y pienso que es aún mejor que lo que muchos describen como primer mundo, pues es sofisticada, con una conciencia comunitaria (allí el bien común es prioridad), altamente ecológica, gourmet, deportiva y rodeada de una naturaleza sorprendente.
Autor: El Mundo (4837 noticias)
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