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Astronomia y astrologia en el medievo occidental

23/02/2015 13:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un paseo por el medievo hacia la modernidad

 

 

 

 

Si la caida del Imperio Romano en el año 476, marca el comienzo de la Edad Media, a finales del siglo XII se producirá un cambio en torno a las ideas y al pensamiento científico a causa de las influencias escolástica y árabe.

Durante mil años la iglesia cristiana dominó la cultura y la enseñanza, que aun conservando el pensamiento de los griegos clásicos, los reforzó de aspectos místicos en una mezcla entre ciencia y creencia trazando un puente hacia la vida cotidiana.

Seguramente la Edad Media es el periodo de tiempo más oscuro que sufrieron las ciencias y las artes en la historia de la humanidad. Durante este espacio y en una sociedad que giraba en torno al hombre y la Tierra como pilares de la creación de Dios, las ideas de Ptolomeo perduraron bajo el manto protector de la Iglesia.

Este periodo que abarca desde los años 500 al 1450 de nuestra era, fue estéril en aportaciones científicas de importancia, dominando las teorías geocentristas hasta que en el siglo XV comienzan a surgir dudas sobre la posición central e inmovilidad de la Tierra.

La información utilizada durante la Edad Media era básicamente aquella que se obtenía de los Compendios que trataban de reunir el conocimiento aportado por los griegos a modo de obras enciclopédicas aunque de bastante menor calidad que los textos originales, siendo en ocasiones confusos y contradictorios. Autores latinos como Macrobio situaban a la Luna y al Sol alrededor de la Tierra, después se encontraban Venus y Mercurio y más allá Marte, Júpiter y Saturno. Calcidio en cambio apostaba por una Luna que describía una trayectoria circular en torno a la Tierra, después Mercurio y Venus, luego el Sol, Marte, Júpiter, Saturno y la esfera de las estrellas fijas.

La astrología en cambio, aglutinaba un amplio grupo de creencias y prácticas de la sociedad medieval, desde la cosmología a la alquimia pasando por la medicina o la agricultura. La Tierra anidaba en un mundo dentro de una serie concéntrica de esferas que estaba dividido en dos ámbitos distintos. Bajo la luna y hasta el centro de la Tierra, las esferas de los cuatro elementos en donde todos los cuerpos por ellos integrados eran corruptibles y cambiantes. Por encima estaban las siete esferas planetarias en la región del cielo incorruptible, la esfera de las estrellas fijas (octavo cielo), el noveno y el décimo cielo que iniciaba los movimientos de las demás. Más allá se encuentra una esfera inmóvil o cielo empíreo que contenía al mundo dentro de ella y era la morada de Dios, los ángeles y los bienaventurados.

Aristóteles había defendido que las razones de decadencia de la Tierra eran causadas por cambios en los cielos; esto unido a algo evidente como la influencia del sol sobre las estaciones o la luna sobre las mareas, suponía un respaldo al lugar de la astrología dentro de la cosmología y la física aristotélica. La influencia de los planetas sobre el hombre era causa de cierto malestar en la Edad Media, pues los errores y aciertos de ellos parecían situarse bajo el dominio de las estrellas, mientras que el hombre luchaba por la independencia de sus actos como individuo. 

Los teólogos debatían acerca del papel de la astrología en el esquema cosmológico y circulaban textos que indicaban la relación entre los objetos celestiales y los cuerpos sublunares.

 

Pero volvamos atrás en el tiempo. San Agustín (354-430 d.C.), por ejemplo, aun no tratando a la ciencia griega con desprecio, sostiene que por encima del firmamento hay agua en forma de vapor de agua tal como dice el Génesis. A pesar de la labor de los compiladores latinos, entre los siglos V y X la ciencia en Europa llega a sus niveles más bajos y el interés por el estudio del Universo es prácticamente nulo.

 

 

En el siglo VI, el Monje Cosmas nativo de Alejandría y comerciante durante una parte de su vida, escribe su libro Topografía Cristiana dedicando uno de los libros de su obra a atacar la idea de aquellos que piensan que el cielo es esférico. Cuestiona, como una Tierra esférica en el centro del Universo podría haber emergido de las aguas el tercer día de la Creación. Opina además, que es imposible que la Tierra sea el centro, ya que con su gran peso solo puede permanecer en reposo si esta en la parte más baja de él. Para él, el mundo es rectangular (dos veces más largo que ancho), con una Tierra plana rodeada de agua con una segunda Tierra donde esta el Paraíso. El Universo esta rodeado de grandes paredes verticales y techo abovedado. Para Cosmas, el Sol, la Luna y las estrellas son movidos por los ángeles y la Tierra tiene más elevación en sentido Norte y Oeste, siendo por tal motivo por el que los barcos que navegan en esas direcciones tardan más que si navegan en dirección contraria. No se le puede, desde luego, negar originalidad a sus afirmaciones aunque sean del todo absurdas.

Como había dicho antes, la ciencia y el interés por la astronomía fueron escasos durante muchos siglos, pero los trabajos de San Isidoro de Sevilla (aprox. 560-636) fueron tal vez una excepción en este desierto. Entre sus obras redactó una enciclopedia de veinte tomos a la que llamó Etimologías. En el tercer libro, escribió sobre aritmética, música, geometría y astronomía (“que estudia las leyes de los astros”). En este texto, la ciencia astronómica es la más extensa.

 

 

 

Escribe sobre el mundo, la esfera celeste, los planetas, sus movimientos, el zodiaco y las estrellas. Diferencia entre astronomía y astrología, considerando a la primera como ciencia y a la segunda como superstición. Cree que el Sol esta hecho de fuego, que es más grande que la Tierra y que la Luna. Los planetas tienen su movimiento propio a través de sus correspondientes esferas girando en sentido contrario a la esfera de las estrellas fijas, llamando a la Vía Láctea “circulo cándido”.

 El Universo tiene para él una dimensión espacial limitada y después de la ultima esfera esta el cielo superior, el más allá. No aportaba ideas nuevas y solamente describía fenómenos celestes evidentes, pero su obra mantuvo con latido el casi nulo pensamiento de occidente.

Durante esta primera etapa de la Edad Media se asentó en el pensamiento europeo una estructura del Universo basada en una interpretación literal de la Biblia. La inmovilidad terrestre implicaba que el Sol se movía en torno a la Tierra, además de dar por ciertos dogmas como que la Tierra era plana y que el océano que rodeaba la misma terminaba en un abismo sin límite.

A parte de San Isidoro de Sevilla pocos fueron los que tuvieron curiosidad durante la baja Edad Media por la estructura del Universo, con contadas excepciones como Casiodoro o el Venerable Beda. Este ultimo, Beda el Venerable (673-735), nació en el norte de Inglaterra y su Universo consta de causas y efectos que se puedan identificar. Su cielo es esférico y la Tierra es estática. Esta dividida en cinco zonas, dos de ellas templadas que son habitables. Alrededor de la Tierra se encuentran los siete cielos: el aire, el éter, el olimpo, el espacio ígneo, el firmamento con los cuerpos celestes, el cielo de los ángeles y el cielo de la Trinidad. El mundo material esta formado por los cuatro elementos de la tradición griega: tierra, agua, aire y fuego, que junto con el alma de los hombres y la luz fueron creados por Dios de la nada. Las estrellas giran alrededor de la Tierra, pero interpreta bien que las causas de las mareas son debidas a las fases de la Luna y a la atracción de ésta sobre el agua del mar.

Los horóscopos más antiguos con predicciones para la vida de una persona se remontan a la Babilonia y el antiguo Egipto. Tras el fin del mundo romano y la llegada del cristianismo a la Europa occidental, la astrología llega por un lado con libros poco sofisticados y popularmente con la adivinación a pesar de las condenas de la Iglesia. A principios de la Edad Media eran frecuentes las doctrinas astrológicas relacionadas con la influencia de los planetas y los signos del zodiaco que se plasmaron en obras de astronomía, filosofía natural y cosmología. Los escritores empleaban indistintamente “astronomía” y “astrología”. El interés por la astronomía estaba localizado en centros monásticos en donde se confeccionaban medidas de tiempo y calendarios cristianos. Como no existían tablas ni instrumentos de precisión para la confección de horóscopos, se extendieron formas más sencillas de adivinación que se basaban en los treinta días del ciclo lunar y en las posiciones del Sol y la Luna en el zodiaco.

Un tipo de adivinación se denominaba “esfera de la vida y de la muerte”, llamada así por su forma circular. La usaban indistintamente médicos o curas para conocer el desenlace de una enfermedad. El valor numérico total de las letras de un paciente (la a vale 1, la b vale 2, etc) se sumaba al número del día lunar en que cayó enfermo. El total se dividía entonces entre treinta y si el resultado se encontraba en la parte de la tabla regida por la figura Cristo-Vida el paciente viviría. Si estaba en la parte Satán-Muerte el paciente moriría.

También se prestaba atención a la Luna (creciente o menguante). Así, para curar de epilepsia con asterion se indica que hay que masticar el fruto mientras la Luna este decreciendo y se encuentre en el signo de Virgo.

 

Aunque el objeto de este artículo es el medievo occidental, no se puede pasar por alto la contribución árabe a la astronomía. Ellos continuaron los trabajos de observación iniciados por los griegos intentando establecer las dimensiones y estructura del cosmos además de anotar sus observaciones durante un periodo de más de 900 años plasmados por ejemplo en las tablas toledanas, que fueron aprovechadas por los astrónomos del Renacimiento para con sus descubrimientos cambiar nuestra visión del Universo. Perfeccionaron el astrolabio e incorporaron a nuestro lenguaje términos como cenit, almanaque o el nombre de estrellas brillantes como Albireo, Aldebarán, Altair. Mizar, el Nath, etc.

 

                                                      

                                                   

 

Los astrónomos árabes realizaron nuevos catálogos de estrellas en los siglos IX y X que fueron recopilados en las Tablas Toledanas siendo el astrónomo árabe Azarquiel la máxima figura de aquella escuela astronómica del siglo XI responsable de las mismas. En el año 1085 con la conquista de la ciudad de Toledo por el rey Alfonso VI se comenzó la traducción del árabe al latín de estos textos, despertando en toda Europa el interés por las ciencias y la astronomía. En 1272 se elaboran las tablas alfonsíes bajo la tutela de Alfonso X el Sabio sustituyendo a las de Azarquiel en los centros científicos europeos. Se realizan correcciones basadas en las observaciones realizadas en Toledo entre los años 1262 y 1272. Alfonso X el Sabio detectó fallos e inconsistencia en el modelo tolemaico en donde la situación central de la Tierra no coincidía con los datos que el manejaba; pero la tradición, las creencias y el miedo vencieron a la razón y a la observación. A pesar de todo se atrevió a comentar: “si yo hubiera estado presente en la creación, le hubiera dado algunas sugerencias al Creador para que el Universo estuviese mejor concebido”.

Los trabajos de investigación y traducción de esta escuela hicieron posible que obras fundamentales de la cultura griega fueran rescatadas del olvido. España transmitió a Europa conocimientos en áreas tan diversas como la geografía, la filosofía, la medicina, la botánica o la astronomía.

Hasta que en siglo XII empiezan a llegar las traducciones de las obras griegas y árabes, una de las recopilaciones que sobreviven durante los primeros siglos de la Edad Media es la Historia Natural de Plinio. Asimismo, la matemática y la lógica de occidente se basaban en la obra de Boecio del siglo VI que hizo una recopilación similar a la de Plinio con tratados de geometría, astronomía y música.

Así pues, la traducción al latín de los textos griegos que se habían conservado en obras árabes fueron aprovechados por eruditos de toda Europa para recopilar numerosos conocimientos científicos, astrológicos y mágicos. Con la transmisión del Almagesto y de las tablas árabes, los astrólogos pudieron producir horóscopos más precisos y una nueva visión para la interpretación de las configuraciones celestiales.

 

Ya con anterioridad incluso Guillermo el Conquistador encargó a su propio astrólogo que estableciese el momento de su coronación (navidad de 1066), fecha de nacimiento para muchos de Inglaterra. La astrología se difundió tanto en el ámbito del horóscopo personal como en el de las predicciones generales. Uno de los primeros eruditos en introducir en occidente tablas astronómicas precisas fue Adelardo de Bath. Elaboró horóscopos políticos y relacionados con acciones de diferentes contendientes en la guerra civil que surgió a la muerte del rey Enrique I, reflejando la asociación de la astrología y la cultura cortesana. Escribió también un tratado sobre el astrolabio. Pero el primer astrólogo importante del siglo XII en la Corte fue Miguel Escoto, que falleció en 1230. Investigó entre otras cosas la influencia de la Luna en la menstruación o su influencia en el momento de la concepción. Así, por ejemplo, la hermana del rey Enrique III de Inglaterra se negó a consumar el matrimonio hasta que no llegara “la hora adecuada” que había calculado Escoto.

Pero el más grande astrólogo de la Corte fue Guido Bonatti. Profesor de la Universidad de Bolonia asesoraba a numerosos Príncipes de Europa. Falto completamente de toda modestia aseguraba que  “el astrólogo conoce todas las cosas: lo que ha sucedido en el pasado y todo lo que sucederá en el futuro; todo le es revelado pues conoce la influencia de los movimientos celestes que han sido, que son y que serán, y sabe en que momento actuarán y qué efectos producirán”. 

En septiembre de 1186 se produce una conjunción de todos los planetas en el signo de Libra. La aparición de los planetas en el mismo grado de longitud eran indicios y causas de los grandes acontecimientos históricos. Se creía que las conjunciones de Júpiter, Saturno y Marte eran muy importantes, pero esta lo fue especialmente por el número de planetas implicados. Se presagiaron muchos males, como el estallido de una tormenta violenta de vapores venenosos, pero a pesar del pánico generalizado que vivió Inglaterra mientras se aproximaba la fecha lo más violento que ocurrió según las crónicas fue una granizada en Kent y alguna inundación en Gales.

El futuro astrólogo de finales de la Edad Media tenía que dominar diversas técnicas como la astronomía o las matemáticas. También tenia que dominar un complicado número de reglas para la interpretación de las configuraciones celestiales. Después del siglo XII los estudiantes adquirían las técnicas astronómicas estudiando el quadrivium, las matemáticas y estudios universitarios de humanidades.

Resulta curioso comprobar que las técnicas astrológicas eran esenciales para los estudiantes de medicina y parte destacada del currículo (en el siglo XV la Universidad de Bolonia tenia su propio profesor de astrología que impartía un curso de cuatro años de duración).

El astrólogo tenía como base principal el horóscopo o carta astral o un mapa de los cielos en un momento y lugar determinados. En este dibujo se trazaba la posición de los siete planetas conocidos (la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno) según aparecían en el zodiaco (en la zona centrada según la eclíptica). El zodiaco quedaba dividido en doce partes iguales de treinta grados que recibían el nombre de las Constelaciones (Aries, Tauro, Géminis, etc). Se denominaba normalmente división en casas o espacios y el método más común para calcular esta división comenzaba con el grado donde la eclíptica se cruzaba con el horizonte, llamado “ascendente”. El astrólogo construía las seis divisiones o casas bajo el horizonte siguiendo el orden de la salida de cada signo y las casas sobre el horizonte ordenadas de oriente a occidente, en dirección al ocaso.

Los astrolabios y cuadrantes servían para calcular la posición y distancia de los planetas. Estos instrumentos se enfocaban al Sol durante el día y a una estrella importante durante la noche, para así poder interpretar el año en curso.

Pero el más grande astrólogo de la Corte fue Guido Bonatti

Las “doce casas” se encuentran en sentido contrario al de las agujas del reloj desde la izquierda y se indican los limites de cada casa en cuanto al grado del signo del zodiaco, así como las posiciones de todos los planetas y de “caput” y “cauda draconis” (puntos donde la Luna se cruza con la eclíptica).

En un cuadrado central de la figura se usaba frecuentemente para escribir la fecha, el nombre del cliente y la pregunta que necesitaba ser contestada. Cada planeta del horóscopo tenia propiedades naturales, siendo masculino o femenino, diurno o nocturno, seco o húmedo, cálido o frío, benéfico o maléfico, etc.

Los signos del zodiaco se clasifican según los sexos, estaciones, elementos (fuego, tierra, aire o agua) y los signos cardinales (fijos y mutables). Todos los planetas gobiernan sobre dos signos (sus casas), excepto el Sol y la Luna que gobiernan solo uno. Cuando un planeta estaba presente en un signo sobre el que gobernaba, su influencia era más poderosa, pero si se encontraba en los signos opuestos en el horóscopo su influencia era más débil. La influencia de un planeta en el horóscopo dependía de las “dignidades” que adquiría al ser situado en su propia casa: exaltación, triplicidad, cara o término. El número de puntos que cada dignidad otorgaba queda reflejado encima de un práctico diagrama. En la parte superior del diagrama se aprecian las propiedades de cada signo. Piscis, por ejemplo, pertenece al grupo de los signos clasificados como de agua, fríos, húmedos, septentrionales y femeninos. Así por ejemplo la conjunción de planetas de 1186 de la que he hablado anteriormente situados en Libra (signo del aire) despertó el temor a terribles vientos y la de 1524 en el signo de Piscis (signo de agua) motivó predicciones de inundaciones. Otro caso curioso se produjo cuando la peste de mediados del siglo XIV devastó Eurasia matando a millones de personas, el monarca Felipe VI pidió a la Universidad de Paris que diera su opinión sobre los motivos de la misma. Aunque numerosos astrólogos culpaban al eclipse lunar total del 18 de marzo de 1347, la facultad opinó que la triple conjunción de Marte, Júpiter y Saturno en Acuario en marzo de 1345 era la responsable de “la perniciosa corrupción del aire”.

Existía una típica descripción de los asuntos que trata cada casa:

 

  1. La forma y figura de la persona (nativo) y las cualidades de su alma.

  2. Posesiones

  3. Hermanos

  4. Padres

  5. Hijos

  6. Enfermedades

  7. Matrimonio

  8. Muerte

  9. Viajes y fe religiosa

  10. Amistad

  11. Amigos

  12. Enemigos

     

    Las casas primera, cuarta, séptima y décima se denominaban casas cardinales o angulares; la segunda, quinta, octava y undécima sucedentes; y la tercera, sexta, novena y duodécima, cadentes. Los planetas situados en el primer grupo tenían una influencia elevada y los situados en el ultimo su influencia era reducida. En principio, lo más importante en la predicción astrológica dependía de la posición de los planetas unos respecto a los otros; lo más importante eran las relaciones angulares entre planetas (aspectos). Una conjunción tenía lugar cuando los planetas parecían ocupar el mismo espacio en el cielo (0º), en oposición estaban separados (180º), en cuadratura (90º), en sextil (60º) y en trino (120º). Cada aspecto tiene un significado concreto negativo o positivo dentro del horóscopo y destacaban especialmente las conjunciones y oposiciones entre planetas.

     

    También eran importantes las relaciones entre el Sol y los planetas. Si un planeta se encontraba a menos de 17 minutos del Sol (cada grado del horóscopo tenia 60 minutos), estaba en el “corazón”. A menos de 8, 5º estaba en “combusto” y a menos de 17º “bajo los rayos” y todos tenían un significado diferente.

    Los trabajos y estudios de Aristóteles comienzan a ser conocidos por los europeos durante los siglos XII y XIII. Gerardo de Cramona (1114-1187), fue un estudioso que tradujo cerca de 70 libros, entre ellos el Almagesto de Ptolomeo y muchas obras de Aristóteles desconocidas hasta entonces. La visión de Aristóteles era la de un mundo ordenado y claramente diferenciado en partes, una región sublunar cambiante y corruptible y una región celeste inmutable. Para Aristóteles el mundo era eterno, como no había principio no podía tener fin. Esto suponía un enfrentamiento teológico en cuanto a la creación del mundo, ya fuese la visión cristiana o musulmana. Por ello Santo Tomas de Aquino (1225-1274) o Maimónides (1135-1204) resolvieron esta situación rechazando este postulado bajo la base de la fe.

    Durante gran parte de la Edad Media el Universo estaba configurado por esferas sólidas y cristalinas que transportaban a los cuerpos celestes, ocupando el lugar natural que le correspondía ya que según el modelo aristotélico no podían estar en otro sitio. En el siglo XIII, para muchos existían tres esferas exteriores a las que ocupaban los planetas. La externa era invisible e inmóvil morada de los ángeles y bienaventurados, la esfera central era transparente y cristalina (llamada primium mobile y origen de todos los movimientos del Universo y motor de todas las demás esferas), mientras que la tercera que era la más interna era considerada como el firmamento donde se situaban las estrellas fijas.

    Los ajustes efectuados sobre el modelo de Aristóteles para adaptarlo a los preceptos de la fe permitió un largo reinado de estas ideas geocentricas a lo largo de este periodo.

    Ya desde mediados del siglo XII, las escuelas del norte de Francia junto con las escuelas de traductores de Toledo y del sur de Italia, proyectan estas ideas conjuntamente con la astronomía de Ptolomeo. El sistema de Ptolomeo resultaba complejo y hasta inverosímil es cierto; pero era esta misma dificultad lo que para muchos resultaba “garantía de veracidad”. El artificio geométrico creado por el, resultaba conveniente para explicar las observaciones, pero poseía dos problemas de importancia. El primero era que el sistema de los epiciclos y deferentes estaban en contradicción con el principio aristotélico según el cual, todo movimiento circular exige un centro fijo sólido alrededor del cual girar. El segundo problema era la explicación que ofrecía Ptolomeo al tema de la precesión, que requería que la esfera de estrellas estuviera animada por dos movimientos diferentes al mismo tiempo, cosa no permitida por el esquema de Aristóteles quien argumentaba que “dos atributos contradictorios no pueden pertenecer a la misma sustancia a la vez”. A pesar de todo, el sistema de Ptolomeo era más preciso a la hora de predecir observaciones, lo que supuso un distanciamiento del sistema de esferas concéntricas.

    Además de todo esto y como ya he comentado en páginas anteriores, en 1252 Alfonso X el Sabio ordena elaborar a astrónomos árabes, hebreos y cristianos en Toledo, las que serian las cartas estelares más precisas de su tiempo difundiéndose por toda Europa con gran rapidez.

     

     

     

    Pero volvamos a la astrología. El arte de la astrología estaba dividido en dos ramas principales: la mundana y la judicial. La primera se ocupaba de las influencias celestes sobre acontecimientos naturales (clima, horóscopos determinados, conjunciones, eclipses y oposiciones). En muchas Cortes de la Europa Medieval, los gobernantes recibían consejo astrológico de los médicos y los clérigos. Esta practica solía ser condenada por gran parte de los cortesanos y teólogos, pero solía ser una practica generalizada. Aun se conservan numerosos documentos exquisitamente decorados de la época. Es una realidad evidente, que la astrología se impregna en todas las clases sociales, aventurando desde la muerte del rey o una guerra o vaticinando epidemias o cualquier otro desastre.

    Por otro lado, la astrología judicial se centraba en el individuo y proporcionaba datos sobre la vida de una persona. Esto era una clara amenaza al concepto de libertad individual, pero los astrólogos argumentaban que el “conocimiento de antemano de aquello que iba a ocurrir mitigaba su impacto y permitía a los hombres prepararse para el desastre”.

    Se daban datos sobre el transcurso de su vida y lo más terrible, el momento y forma de su muerte. En cada apartado de la vida del nativo destaca un planeta diferente. Por ejemplo, en el matrimonio destaca Venus mientras que sobre la fe hay que observar a Mercurio. Sobre los descendentes, el astrólogo era capaz de predecir el número, sexo y fallecimiento.

    Aunque practicar astrología no era un delito, a veces esta se relacionaba con la magia (como la necromancia que implica a espíritus o demonios). Otra práctica peligrosa era predecir la muerte de un Rey, pues no debía conocerse ni la fecha ni la forma de la misma. Por ejemplo, la duquesa de Gloucester junto a otros dos clérigos fueron acusados de conspiración por usar la astrología con el fin de provocar la muerte del monarca. Thomas Southwell, uno de los clérigos, murió en prisión. El otro, Roger Bolingbroke, fue ejecutado. La duquesa fue condenada a cadena perpetua.

    Pero volvamos al aspecto astronómico. Muchos fueron los pensadores y las ideas que se divulgaron en el siglo XIII. Roger Bacon (aprox. 1214-1294), se revela contra los pensamientos establecidos y contra Aristóteles, defendiendo la necesidad de experimentar y de aplicar razonamientos matemáticos para cuestiones científicas. Coincide en su visión sobre el Universo, pero aporta algo diferente: “la Tierra es un punto insignificante en el centro de un vasto cielo”. Basándose en el astrónomo árabe Al-Fargani (siglo IX), afirma que la estrella más pequeña es mayor que la Tierra, relacionando su tamaño con su magnitud.

    En este mismo siglo, Pietro d’Abano (1250-1316), propone que las estrellas no están sujetas a una esfera sino “que vagan libremente por el espacio”.

    El hecho de que personas cultas de la época conociesen las ideas de Ptolomeo, no significa en absoluto, que personas con cierta influencia las conocieran. Por ejemplo Dante Alighieri (1265-1321), describe en la Divina Comedia la visión del mundo que imperaba en la época. El infierno es una cavidad cónica que llega al centro de la Tierra, el purgatorio en una gran montaña que sale del océano en un punto opuesto a Jerusalén (centro de la tierra sólida) o que hay diez esferas desde la Luna hasta el “empireo inmobile”, morada de la divinidad.

    Pero surgen otras ideas interesantes en el siglo XIV, impulsadas por Jean Buridian (1300-1358) y Nicolás de Oresme (1323-1382), que sugieren la posibilidad de la rotación de la Tierra alrededor de su eje como contrapartida a la rotación de la esfera de estrellas fijas; aunque para ser justos las primeras referencias a esta posibilidad aparecen a finales del siglo XIII de la mano del franciscano Francisco de Meyronnes. De todas formas, Buridian afirma que “las observaciones directas al cielo no pueden servir para saber si son los cielos los que se mueven o es la Tierra la que rota”. Su fe hizo (así se lo exigía) que ambos, a pesar de todo, sostuvieran la inmovilidad de la Tierra. Pero fue una pena, pues su razonamiento planteaba un Universo más armonioso y evitaba la esfera exterior de las estrellas. Buridian argumenta que una flecha lanzada hacia arriba cae en el mismo lugar, aunque los múltiples cambios que se producen en la Tierra hacen variar el centro de gravedad terrestre. Como ese centro debe coincidir con el del Universo, eso no es posible “si la Tierra es capaz de moverse”.

    Oresme, discípulo de Buridian y obispo de Lisieux, explica que el equilibrio y movimiento de las esferas es debido al impulso inicial que Dios comunicó a las mismas. Defiende que es imposible argumentar que no sea la Tierra la que gire solamente por la observación (pero si girase de Oeste a Este ¿no debería existir un fuerte viento en sentido contrario?). Oresme propone la idea “que tanto el aire como el agua son arrastrados en la rotación de la Tierra”. Estos argumentos racionales a favor de la rotación terrestre serian utilizados más tarde por Tycho Brahe contra Copérnico, según el cual “un cuerpo material puede tener únicamente un movimiento, que para la Tierra es rectilíneo y hacia abajo”.

    La idea de rotación terrestre tenía la ventaja de la sencillez, del movimiento celeste de este a oeste y permitía eliminar la novena esfera; pero Oresme vuelve como ya he comentado antes, de forma sorprendente a la cosmología geocéntrica, pues ante todo es obispo. Oresme defiende su rechazo a la rotación terrestre pues piensa que “sus razonamientos no prueban su movimiento sino que demuestran que es imposible probar lo contrario”.

    Y mientras vemos sorprendentemente un aparente estancamiento en la astronomía, la astrología aumenta su popularidad gracias a las cartas natales, llegando hasta nuestros días distintos tipos de horóscopos, como las cartas horarias. Las cartas horarias alcanzaron gran popularidad entre los astrólogos árabes, los cuales se inspiraron en fuentes hindúes.

    Este tipo de astrología se basaba en dar respuestas a preguntas concretas. Para ello se trazaba una figura para el momento en que la pregunta era formulada. Otro tipo de astrología era la electiva, mediante la cual se analizaban y estudiaban las posiciones planetarias y se determinaba el momento propicio y adecuado para emprender una actividad o tomar una decisión.

    Los clientes visitaban al astrólogo en su casa, en donde se sinceraban con el. Sus problemas, sus dudas, sus operaciones comerciales, la búsqueda de algún objeto valioso o sus temores ante alguna guerra, eran representados en los cielos de donde el astrólogo extraía su respuesta.

    Un excelente ejemplo de lo anteriormente expuesto sería Richard Trewythian. Era médico y prestamista además de astrólogo, teniendo entre sus clientes a numerosos artesanos y hasta a un abad. Por ejemplo predijo para el año 1448 sangre, guerra, peste, muerte y terror, lo cual no causó mucha sorpresa en el turbulento siglo XV. Construyó igualmente un horóscopo para un eclipse y lo que ocurriría antes de que el Sol entrara en Aries. Como podéis imaginar las crónicas medievales solían presagiar catástrofes ante estos acontecimientos o la llegada de cometas. Pero dos horóscopos encontrados, construidos para un Abad, llaman especialmente la atención. Estos horóscopos estaban relacionados con un robo de una capa de oro. Por increíble que parezca Trewythian fue capaz de describir las características físicas del ladrón: “es de complexión rolliza, con pelo castaño y grasiento y a menudo tiene granos en la cara. Tiene la barba rala y los ojos pequeños; su cuerpo es tosco y encorvado. Es un sembrador de malas hierbas y de discordia entre los hombres”. Por supuesto el astrólogo no confía en que la pieza se recupere. Y así será, a pesar de su sorprendente “cámara de vigilancia medieval”.

    Los herbarios y lapidarios astrológicos describían plantas y piedras que recibían su forma y su naturaleza de los planetas, de los signos zodiacales y a veces de estrellas fijas. Tanto las piedras como las plantas deben ser usadas en momentos precisos para intensificar su poder natural, coincidiendo con la influencia de un planeta o una constelación.

    La astrología natural y otras artes ocultistas tuvieron una gran difusión a través del popular e influyente Secretum Secretorum, texto que pretendía ser una carta del filosofo Aristóteles a Alejandro Magno y que abogaba por ser una astrología erudita. Las plantas que carecen de luz son gobernadas por Saturno, pero aquellas que florecen pero que no dan fruto están dominadas por Marte; también existían formulas para vencer la voluntad de las personas (con semillas de androsman).

    Los practicantes de medicina se vieron atraídos por el prestigio de unir su profesión al estudio de los cielos. El hombre se componía de cuatro cualidades: caliente, frío, húmedo y seco que se combinaban con los cuatro elementos primarios: aire, tierra, fuego y agua. Estos dotaban al carácter de un temperamento sanguíneo, colérico, flemático o melancólico.

    La salud dependía del equilibrio de los humores y la enfermedad era el resultado de la diferencia de uno de ellos. Como todos conocemos, uno de los métodos que se usaba para cualquier trastorno en el equilibrio de los humores era la sangría, para la que se aconsejaban ciertos días lunares. La Luna también tiene influencia en las plantas, la labranza y el clima.

    En este oscuro mundo de extraña mezcla entre lo esotérico y la siembra de las primeras semillas astronómicas, el filosofo Nicolás de Cusa (1401-1464), asegura que cada estrella del firmamento tiene sus habitantes como los tiene la Tierra. Asegura que el Universo sin ser infinito no tiene fronteras y al ser así, ningún cuerpo puede ser el centro.

    Este fue seguramente, el principio del fin. Otros llagarían más tarde, como Copernico, que dotaría a la Tierra y a los planetas movimientos de traslación alrededor del Sol en movimientos circulares, que Kepler transformó en elípticos gracias a las anotaciones del excéntrico Tycho, mientras Galileo observaba impaciente a través de su telescopio, quien sabe si tal vez, lo que siglos más tarde acaecería. Pero esa fue otra historia y este no es el momento de contarla.

     

     

                                                                                          

     

     

     

     

    Bibliografía:

     

     

  • Historias del Universo. Telmo Fernández de Castro.

  • Astrología Medieval. Sophie Page.

  • Astronomía y tradición medieval. George Saliba.

  • ¿Qué sabemos del Universo? Juan Pérez Mercader.

  • Horóscopos e historia. J. North.

  • Astrología, ciencia y sociedad. P. Curry.

  • Guía visual de astrología. Varios autores. País Aguilar.

  • Los astrónomos árabes realizaron nuevos catálogos de estrellas en los siglos IX y X

    Visión medieval del mundo. Biblioteca digital ILCE.  

     


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Astroluisalonso (14 noticias)
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Opinión
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