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Aspiramos a una Ley de Seguridad Vial Eficiente, Aplicable, Justa, Equitativa y Transparente, Señores Legisladores

11/06/2014 14:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Proyecto de Ley de Movilidad, Tránsito, Transporte y Seguridad Vial que se discutirá en el Congreso Nacional en sustitución de la Ley 241 y sus Leyes Complementarias no es la PANACEA dominicana

Aspiramos a una Ley de Seguridad Vial Eficiente, Aplicable, Justa, Equitativa y Transparente, Señores Legisladores.

 Ing. Mario Holguin

Presidente/FundaReD

 República Dominicana

10 de Mayo de 2014

 

El Proyecto de Ley de Movilidad, Tránsito, Transporte y Seguridad Vial que se discutirá en el Congreso Nacional en sustitución de la Ley 241 y sus Leyes Complementarias no es la PANACEA dominicana. Es un error creernos los dominicanos, que ésta será el remedio de todos los males que irresponsablemente hemos acumulados por décadas en la movilidad de nuestros ciudadanos sin hacer cumplir las leyes y las normativas establecidas. Esta nueva ley deberá ser flexible a la revisión hasta ajustarse cada vez con los cambios sociales, bajo el influjo de las tecnologías. Caracteristica ésta que señalamos que ha permitido a España avanzar y ser modelo mundial: una reforma por año.

 Nuestra sociedasd está pagando a un alto costo en vidas, salud y bienes el no temerle a la justicia y el de no respetar a las autoridades en la actividad de desplazarnos civilizadamente.

 Los expertos afirman que la “seguridad vial es el motor transformador de la sociedad”, por qué no admitirlo, sin cuyas politicas sostenibles que puedan sustentarse, a nivel global no podría ser posible lograrse los Objetivos del Milenio y los del Protocolo de Kioto.

 El mundo está en constante evolución, y con él, también la sociedad humana. Para muchas personas sería tan solo un cliché sin ningún significado más que el filosófico; unos porque no lo entienden, otros porque no les interesa. Lo cierto es que éste fenómeno es una realidad, que entenderlo y asumirlo como tal nos ayuda a interpretar las cosas que nos suceden en la vida y hasta evitar repetir errores en relación con los procesos históricos.

 Cuando me hice profesional me gradué de Ingeniero Electromecánico; el certificado de título dice “Ingeniero Eléctrico y Mecánico”; hoy día la carrera es eléctrica o es mecánica. Ya no existe la combinación de las dos disciplinas. Los facultativos de la medicina también desarrollan especialidades en un órgano específico del cuerpo o en un aspecto de la salud de manera exclusiva. Así, para los dedicados al Derecho, lo que antes era un doctorado ahora es una licenciatura.

 Todavía en la década de los 70 las necesidades del ser humano respondían a un modelo de sociedad industrializada. En la década del 80 surge con fuerza la “sociedad de la información” y en los diez años posteriores se habla de la “sociedad del conocimiento” que se encamina, según los expertos, a ser reemplazada por la “sociedad red”.

 Todo lo que esta aconteciendo responde a una gran dinámica, no son cuestiones vagas. Encierran conceptos que definen un modo de vida, de desenvolvimiento político, social, cultural y económico. Por consiguiente, los planes de desarrollo nacional que no contemplen los temas del TIC y el I+D+I estarían de hecho desfasados.

 En la República Dominicana, por ejemplo, veinte años atrás, no se acuñaban los terminus “ajustarse a los nuevos tiempos”, “per sé”, “globalización”, “seguridad vial”, “robótica”, “Internet”, “genoma humano”, “movilidad”, “competitividad”, “tramos de concentración de accidentes”, “auditoría de seguridad vial”, “navegar en la red”, “economía solidaria”, “software”, “hardware”, “integración y cohesión social”, “ley de transparencia”, “delito contra la seguridad vial”, “altas cortes”, “células madres”, “clonación”, “veeduría”, “sociedad civil”, en fin, un sinnúmero de terminologías y expresiones propias de los cambios a que está sometida la sociedad.

 Durante la post-guerra, (hablo de antes de la mitad del siglo pasado), se evidenciaron cambios en el comportamiento de la sociedad, de igual manera lo hicieran las crisis sucesivas del petróleo cerca de 30 años después, la humanidad siempre buscando nuevas alternativas para sobrevivir y sobreponerse.

 Recuerdo, precisamente, cuando se iniciaron en nuestro país los primeros trabajos de energía no convencional como fuentes alternas para independizarnos de los carburantes. Fui parte de ese proceso que parecía utópico. En verdad, era difícil de creer que pudiera implementarse las fuentes renovables. Sin embargo, al paso de los años, en República Dominicana tenemos un parque eólico y otros en proyecto, reconociendo en otro orden que existen condiciones para la producción a gran escala de energía solar y biomasa, aplicables incluso a los medios de transporte, al sistema de control y gestión del tráfico, enntre otros ambitos; estos progresos han sido resultado de las políticas energéticas de los gobiernos del Partido de la Libreación Dominicana.

 Retornando al pasado, la llegada a la Luna no fue un acontecimiento fortuito, fue producto de años de persistencia por lograrlo y de cuantiosas inversiones económicas y en vidas, rompiendo barreras, lo que significó una vez alcanzado el objetivo la apertura de nuevos conocimientos para la humanidad. Hoy ya se programan viajes comerciales espaciales a tan lejos destinos. Existe el turismo espacial y hasta existen empresas inmoviliarias vendiendo terreno lunar.

 Otro escenario fue la crisis generada por los eventos del 11 de septiembre, para remontarnos a tiempos recientes, trajo cambios significativos en la sociedad mundial, no solo modificó la vida a los norteamericanos, trastornó el comportamiento y la visión humana.

Pero, lo que si podemos resaltar sin temor a equivocarnos, es que la sociedad se refuerza ante las crisis, porque se pone a pruebas su institnto de supervivencia. Este un concepto que debo repetir toda vez que sea necesario, porque el ser humano es el elemento fundamental de toda sociedad para la cual trabajan los gobernantes, porque en la sociedad está el pueblo que los elige.

 En material de seguridad en el tráfico, en los años 80, Europa empezaba a entender un proceso que afectaría el desarrollo de la sociedad. A la sazón, Francia realiza un estudio que determina el grado porcentual en que intervienen los factores de riesgo en la circulación vehicular de acuerdo al inusitado crecimiento de la industria automovilística, la población y el comercio. Para entonces no existía o era muy poco conocido el término “seguridad vial”. Pues, sobretodo, se exigía el fomento del intercambio comercial transfronterizo como una necesidad. Esto quería decir, que preservar la vida de los usuarios de las vías públicas debía ser de primer plano en las políticas europeas. Se unificaron los Estados luego de un proceso de evaluación y entendimiento entre estas naciones, anunciándole la guerra a la inseguridad en carretera bajo el lema de que los indicadores eran inaceptables y la meta seria “Objetivo Cero”. Concepto que se acuña en esta época.

 Todavía se esta lejos de esta meta en el orden regional, sin embargo, tenemos que señalar que en Suecia solo se reportó una víctima mortal en el 2013 correspondiente a un niño de 7 años.

 Si nos remontamos a la época de los 80 nueva vez coincidían importantes transformaciones políticas y sociales que precipitadas por la revolución científico-tecnológica que ocupaba la atención mundial, sucedieron la Perestroika y la caída del muro de Berlín, dando oportunidad al desarrollo de un Nuevo esquema comercial y a la aplicación de nuevas políticas globales participativas, dando lugar al advenimiento de un Nuevo Orden Internacional.

 A principio de los 90 era un escándalo en America Latina, las cifras de muertes y lesionados en accidentes de tránsito, en especial en un país como Brasil, cuya población rompe ciertos moldes en número y en comportamiento, con un desarrollo en la industria del automóvil también fuera de serie en la región.

 Por vez primera en el mundo subdesarrollado de occidente se empieza a importantizar la seguridad vial con el Presidente Cardoso de Brasil; ahora es una actitud contagiosa en los demás países occidentales, de la que vivimos a espaldas en República Dominicana en ese ámbito, según muestran los indicadores.

 Pese a los esfuerzos que se están haciendo hoy día, no bastan para impedir la escalada hacia la alza de los índices de siniestralidad en nuestro país.

 República Dominicana, considerada una nación pobre, de medianos ingresos; sin embargo, producimos 83 veces más muertes en las carreteras por cada 10, 000 vehículos que los países ricos en su conjunto. La tendencia es el crecimiento de las víctimas cada año por esta causa. Cambiar el escenario no quiere decir que tengamos que esperar ser un país rico. Solo se require cambiar la mentalidad de los políticos primero, y la de los ciudadanos, después.

 Ahora, cabe mensionar que es con los trabajos de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud conjuntamente con algunos organismos no gubernamentales, que a principio de la primera década de este siglo, se identifica y se considera el tema de la seguridad vial como crucial, y por tanto se declara la seguridad vial en crisis. Se comenzaron desde entonces las iniciativas para su mejoramiento. En ese marco, surge la Década de Acción Global para reducir el impacto trágico de los indicadores de siniestralidad viaria y sus secuelas, en mayo del 2011. Estoy hablando de ayer, en sentido figurado, cuando Moscú fue el escenario para reclamar fin a esta forma de exterminio de la humanidad un año antes.

 Consideramos la seguridad vial un nuevo desafío para la sociedad y el Estado dominicano.

 Siendo conciente de que todo esrelativo y nada absoluto, no debemos dejar de ser objetivo. Así como han surgido áreas especializadas de desempeño que mencionamos anteriormente, producto del estado evolutivo a que de forma constante se somete la sociedad humana, la República Dominicana no debe sustraerse a lo que esta sucediendo en el orden mundial en lo referente al tránsito, el transporte y la seguridad vial, considerados hoy día como factores fundamentales del desarrollo humano y consecuentemente de la sociedad y del mundo económico y político.

 Es a través de las legislaciones que se pueden revisar y evaluar los hechos que nos suceden y que nos convulsionan, que afectan el día a día al ser social y las metas mínimas por las que lucha, como es la de alcanzar su tranquilidad emocional, progreso y bienestar.

 Para estos tiempos se habla en todas partes de políticas públicas eficientes, entre éstas, las relativas a la movilidad segura y a la seguridad vial sostenible, que reducirían las altas tasas de morbilidad y mortalidad a causa de los accidentes o siniestros de tránsito.

 Tenemos que enterder los dominicanos que los tiempos no son los mismos. Implementar políticas hoy dñia cuyo eje temático sea la competitividad sin incorporar la seguridad vial es un error. Asimismo lo es pretender ignorar que la seguridad vial es un factor que impide avanzar en la lucha contra la pobreza, hasta ser parte de los programas gubernamentales de ahorro de energía y combustible, además de la seguridad ciudadana, fortalecimientos de las políticas de desarrollo de la juventud y de la mujer.

 Preciso señalar al Dr. Leonel Fernández, cuando expresa que: “el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación puede ser decisivo para lograr los objetivos de desarrollo que se ha trazado Naciones Unidas para después del año 2015”.

“Las nuevas tecnologías han transformado completamente todos los ámbitos de las relaciones entre los humanos a escala planetaria, y la tendencia es a afianzarse cada vez más”. Termina la cita.

 Si no se incluye el tema de la seguridad vial a partir del 2015 en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la erradicación de la pobreza sera ésta una utopía, porque el uso aberrante de las tecnologías durante la conducción está enpobreciendo cada vez más a las familias y a los gobiernos. Paradógicamente, es con el uso de las nuevas técnologías que se combate la inseguridad en la circulación, con la aplicación de las debidas regulaciones.

 La seguridad vial es hoy en día un eje transversal básico en los temas sociales fundamentales, contenidos en los programas de gobierno, por demás. Con la condición de ser sostenible y sustentable.

El desarrollo en infraestructuras viales ha ido acorde con el desarrollo económico al que podemos aspirar en la República Dominicana

 Si la movilidad, el tránsito y el transporte fueran realmente eficientes, en definitiva no existiera la problemática de la accidentalidad o por lo menos, a menor escala. Es tan grave éste aspecto que lleva nombres catastróficos, tales como: tsunami silencioso, violencia vial, siniestralidad viaria, etc. calificado de pandémico o de epidémico por los organismos internacionales de la salud.

 De manera que ya el tema trasciende al punto de que si buscamos el término seguridad vial en Internet estaría referido 542 millones de veces en el idioma ingles, mientras que en español lo encontramos en menos de 6 millones. Lo que demuestra el grado de importancia en término lingüístico.

 Por otro lado, no podemos perder de vista que lo antagónico a la seguridad vial es la inseguridad vial, lo cual no debe verse como un simple fenómeno social, es multicausal. Por tanto, las soluciones han de ser multisectoriales. Porque como es de compleja la mente humana es de complejo el tema. Sin soluciones efectivas a este fenómeno, al paso del tiempo se convierte en inmanejable; incide y afecta todas las actividades productivas de la Nación; profundiza la brecha de la pobreza y la desigualdad. Por tanto, consideramos que se constituye en un freno del desarrollo de los pueblos, pese a que tiende a ser contradictoriamente más grave cuanto mayor sean las actividades económicas y comerciales del conglomerado. De ahí su carácter multicausal y multisectorial y su constante y permanente revision.

 Esto implica que los gobiernos estén obligados a emprender planes eficientes, eficaces y efectivos de mitigación de los indicadores de siniestralidad viaria, mediante la implementación de políticas de Estado de seguridad vial.

 La Ley de Tránsito Terrestre y Transporte que en estos momentos se discute en el Congreso Nacional, denominada: “Ley de Movilidad, Tránsito, Transportey Seguridad Vial”. Con ella se procurará un nuevo orden en la movilidad y en la seguridad de los usuarios de las vías reconociendo de que se trata de un proyecto muy complejo y que afecta muchos intereses.

 Cometeríamos un grave error ahora que existen asomos de voluntad política a readecuar la Ley 241 en nuestro país, que data del 1967, no aprovechar al máximo el momento, asumiendo que tenemos una Constitución promulgada en enero de 2010 y una Estrategia Nacional de Desarrollo estrenándose también, de no separar temas que son puramente de seguridad vial de los de tránsito, seria craso error; actitud que no contribuiría a fortalecer el contenido de lo que sería la nueva Ley de Seguridad Vial, por ende, ha de tomarse en cuenta, con certero criterio político, social y cultural, en primer orden, la preservación de la vida humana, una prioridad en el mundo.

 Por ello, volvemos a citar unas expresiones del Presidente Fernández, cuando dijo en España que: “la aplicación de políticas de austeridad para afrontar la crisis no debe ir a contrapelo, de políticas orientadas al crecimiento económico y la generación de empleos porque por encima de todo está la gente. No somos irresponsables”. Agregó el el hoy ex Mandatario. “Entendemos la necesidad de que haya sostenibilidad financiera, estabilidad fiscal, pero por encima de todo está la gente, y para que la gente tenga prosperidad y bienestar tiene que haber crecimiento de la economía y generación de empleos” (DL 03-07-12). Estas expresiones guardan una relación profunda con el fenómeno generador de la inseguridad vial. Si no, olvidemos la existencia del “moto concho”, del “carro de concho”, “las voladoras”, que todavía persisten en nuestro país como cultura, así como otros medios “informales” de transporte y movilidad. Es necesario asociar estos últimos términos (tránsito, transporte y movilidad) con la seguridad vial, que, aunque consustanciales; el último, preserva la vida humana cuando transita o cuando se transporta, y los primeros, permiten, regulan y controlan su circulación.

 Cada cosa en su lugar. Los políticos de avanzada lo saben, también los desarrolladores de infraestructuras seguras cuando hacen primar en sus diseños y cálculos el concepto de movilidad segura. Y lo saben también los servidores de salud pública, en especial en los centros traumatológicos del país.

 En otro sentido, en la República Dominicana se deben tomar algunas reflexiones referenciales y ejemplos de aplicación de buenas prácitcas de políticas públicas.

 España se ha convertido en el modelo a seguir a nivel mundial en los últimos 8 años hasta para los países anglosajones y de su propia región continental.

 Hace algún tiempo, lo cual debe tomarse como jurisprudencia, el Tribunal Supremo de España, invalidó una demanda de inconstitucionalidad a favor del ex presidente Zapatero, por éste haber decretado reducción temporal en la velocidad máxima de 10 km/hr a raíz de la crisis económica europea del 2010 para ahorrar combustible, resultando una sustancial disminución en las tasas de mortalidad y morbilidad en carreteras.

 Durante meses los diversos sectores sociales y empresariales participaron en la discusión antes de tomar la decisión del Real Decreto, sin embargo, se presentó esa controversia.

 España exhibe un plan estratégico de seguridad vial envidiable que hasta los partidos políticos lo defienden a capa y espada elogiando la gestión del gobierno anterior aún siendo de la oposición. Eso demuestra que la seguridad vial como principio de Estado, no de gobierno en particular, tiende a arrojar resultados tangibles en beneficio de la sociedad y sus estamentos. España constituye un referente mundial en el desarrollo del tema en cuestión.

 ¿Cuales razones son las que allí mueven a los candidatos presidenciales a iniciar sus campañas políticas reuniéndose primero con las organizaciones no lucrativas de víctimas de accidentes de tránsito?

 Es algo que debiera despertar en nosotros curiosidad al tiempo de determinar si la seguridad vial representa un desafío del Estado y de los pueblos que contribuiría al desarrollo de la sociedad.

 ¿Por qué la República Dominicana no busca las experiencias de otras Naciones que han avanzado en esta materia?

 ¿Por qué no se estudian las recomendaciones de los organismos internacionales bilaterales y multilaterales?

 ¿Por qué el Estado Dominicano no se acoge a los resultados de las declaraciones internacionales y cartas de acción emanadas en Cumbres de Estadistas y Congresos en Seguridad Vial, así como de la Declaración de Acción Mundial para la Seguridad Vial que promueve Naciones Unidas?

 La metrópolis dominicana no es la de los años 60 y 70, que un agente de tráfico, “el españolito”, con un altoparlante aconsejaba a los usuarios de las vías no violar la ley y cuidar sus vidas y la de los demás recorriendo las calles cientos de veces al día.

 Éramos un territorio aldeano con un campo vehicular de 200, 000 unidades a nivel nacional.

 Los motoristas eran contados con los dedos de las manos, no había sindicatos de motoristas. UNACHOSIN se doblegaba; el pasaje costaba uno o dos puntos (una moneda de 5 u otra de 10 centavos). Las actividades económicas y comerciales eran limitativas y de poco alcance, cuando sólo exportábamos azucar.

 A los aeropuertos nos acompañaban los familiares y vecinos para despedirnos a un buen viaje. De regreso, nos identificabamos con un inucitado aplauso cuando el avión tocaba tierra dominicana. Era común que se nos preguntara en tierras lejanas donde quedaba Santo Domingo. Nosotros siempre orgullosos enseñoriados haciamos gala de que eramos primados en muchas cosas, pero nadie en el mundo lo sabia.

 Ya no es lo mismo. Ya no se pasan los platos de comida entre vicinos. Éramos incautos. Seguimos evolucionando todos los días. Ahora hay médicos cardiólogos e internistas, nefrólogos, ingenieros eléctricos, en electrónica, en informática, en robótica, desarrolladores de softwer; expertos en estrategias; unos y otros no interfieren en cosas que no son de su competencia.

 En la sociedad de hoy, reiteramos, tiende a primar lo cognitivo, la creatividad, el conocimiento, la información y la especialización.

 Ya se precisa pensar que miles de millones de pesos dominicanos se pierden al año en atenciones a los accidentados en calles, avenidas y carreteras; en reposición por daños a propiedades por esta misma causa, casi desbordando la capacidad de financiamiento en otras áreas prioritarias. Sin lugar a dudas, sí se desborda la capacidad de asombro nuestra por la indiferencia e insensibilidad que mostramos cuando suceden de manera cotidiana estos hechos trágicos en nuestra red viaria. Material para los investigadores de la conducta humana que podrán determiner si se trata todo esto de indiferencia o resiliencia en nuestra sociedad.

 Perder la oportunidad de comenzar a enderezar entuertos al modificar una ley de cerca de medio siglo en vigencia, seria lamentable no entender su obsolescencia y su atraso. La Ley 241 sobre Tránsito Terrestre en la República Dominicana contiene temas que no son de su competencia en la actualidad. Estos temas son materia de área más especializada denominada Seguridad Vial, que debiera ser manejada por un órgano especializado para proponer, formular, programar, diseñar, elaborar, actualizar, promover y ejecutar políticas públicas de seguridad vial sistemáticamente, con cierta autonomía y autoridad.

 Vigilar y revisar las ineficiencias de otras actividades, como las del tránsito y el transporte, que en conjunto deben de ser corregidas con la integración de otros sectores disciplinarios y productivos de la vida nacional, ejerciendo una verdadera democracia participativa en las soluciones de problemas nacionales, sería entendible ser parte de sus oblicaciones.

 Los últimos años de vida democrática de la República Dominicana han transcurrido mostrando señales interesantes de transformación en el orden jurídico y económico, algo que las generaciones futuras evaluarán positivamente.

 El desarrollo en infraestructuras viales ha ido acorde con el desarrollo económico al que podemos aspirar en la República Dominicana actualmente con una adecuada inversión.

 La reforma a la Constitución marcó un hito de institucionalidad orientando al país hacia un nuevo orden en el ámbito jurídico y político que empieza a evidenciarse.

 En este proceso de readecuación de nuestros principios constitucionales se reafirmó el respecto al libre tránsito cuando cada vez crece más la población y el parque vehicular a nivel nacional; en unos años tendremos unidades con caja negra como los aviones, que recogen informaciones valiosas hasta cinco segundos antes del accidente, como ya vienen integrados los GPS y los sistemas de frenos emergentes ABS. También llegará pronto el momento de implementar un sistema inteligente de licencias llamado “scoring” y hasta el automóvil autónomo.

 En ese sentido, nueva vez toca a nuestros legisladores y legisladoras la gran responsabilidad histórica de producir una ley depurada, que si bien en su momento el dispositivo 241-67 fuera muy completo, abarcador y progresista, no menos cierto es que hoy resulta obsoleto, desfasado y monopólico.


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Autor:
Mario Holguín (205 noticias)
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