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La Asociación Nacional del Rifle (NRA) impone su ley armamentista en EE.UU

23/06/2015 06:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La reacción del control de armas tras la muerte del presidente Kennedy, su hermano Bobby y Luther King fue precisamente la contraria. Desde los años 70 se impone la NRA en pie con su influencia y dinero todo control de armas contra la Segunda Enmienda de la Constitución

La Asociación Nacional del Rifle (NRA), es una de las organizaciones no-gubernamentales más influyentes de Estados Unidos y comparativamente del mundo, dice un periódico mexicano.

Cierto. No es un grupo que aspire al poder mundial o busque conversos en otros países. Ideológicamente conservadora y derechista hasta grados  absurdos, la NRA y su influencia real bien podrían ser la envidia de organizaciones de todo tipo, liberales o conservadoras, más famosas, más internacionales. Con un aparato de propaganda comparable al de cualquier estado. Y con fondos inagotables.

Y no podría ser de otra manera. Después de todo, prácticamente tiene derecho de veto respecto de las propuestas de ley sobre armas, como muchas veces lo aprendió en forma políticamente dolorosa el presidente Barack Obama, y su influencia es tan grande que hace años eliminó legislativamente la posibilidad de que el gobierno de Washington financie estudios de salud pública relacionados con la posesión de armas y sus consecuencias.

Con unos cinco millones de miembros de una fidelidad casi, o totalmente fanática, la NRA ha sido capaz de derrotar o anular prácticamente toda iniciativa presentada en los últimos 50 años y que desde su punto de vista limite de alguna forma el derecho a que todo americano tenga y disfrute de las armas.

La actual NRA está lejos, muy lejos de aquella que respetó a la  Casa Blanca al final de los años 60, cuando hubo asesinatos de tan alto perfil como los del presidente John Kennedy, de su hermano Bobby, o del prócer negro Martin Luther King, en un tiempo de violentos cambios sociales que llevaron al Congreso a votar una ley de control de armas.

Pronto cambiaron las cosas. La reacción a esa legislación llevó a lo que algunos consideran como el nacimiento de la NRA moderna, en 1977 para ser exactos, cuando con base en el desagrado de sus miembros, un grupo de sus activistas relativamente jóvenes y muy indignados por la “intromisión gubernamental” asumió la dirección de una agrupación que hasta ese momento había sido  más o menos políticamente inocua y la transformaron en una fuerza política importante, con una interpretación muy personal de la Segunda Enmienda de la Constitución americana.

La nueva formulación consideraba de entrada que cualquier regulación o control podría afectar los derechos de los propietarios de armas y que la meta última sería la prohibición total de su posesión. La retórica se endureció, al grado que comenzaron a comparar a los agentes federales, en especial de la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) con “matones” como si fueran las tropas de asalto nazis, “con sus cascos de acero y los uniformes negros” dedicados a hostigar y disparar a ciudadanos cumplidores de la ley.

Ya para los años 90 esa retórica se convertía en “guerra cultural”, gracias al actor Charlton Heston, que electo a la Junta de Gobierno de la NRA en 1997 y presidente en 1998, comenzó a usar su posición para atacar a todo lo que le pareciera “antiamericano”, al feminismo y a los derechos de los homosexuales e inició una cruzada en la defensa de “los hombres blancos padres de  la nación”.

“¡Que el cielo ayude al caucásico protestante de clase media, temeroso de Dios y  heterosexual, propietario de un arma o aún peor, miembro de la NRA!“-  proclamó Heston- “porque estamos envueltos otra vez en una enorme guerra civil, una guerra cultural que está a punto de secuestrar el derecho innato de pensar y decir lo que está en el corazón”.

Heston hizo ese discurso específicamente en la Fundación Heritage, una organización de análisis ultraconservadora, y en alguna medida dio un nuevo marco ideológico a la derecha en el debate sobre armas: cualquier regulación de ellas es dictatorial, enemiga de las libertades y del individuo, adversa a la clase media blanca.

Y la defensa de esa visión,   que para algunos de sus miembros es equiparable a un decreto divino, ha llevado a la NRA a sostener posiciones que con frecuencia parecen inaceptables, pero consolidan su fuerza interna.

¿Quién se atrevería si no a defender la libre posesión de armas en plena tormenta de opinión pública tras la masacre de niños en la escuela del pueblo de Newtown, Connecticut, en diciembre 2012? ¿Quién, sino la NRA?

Y ante las aparentemente cada vez más frecuentes noticias sobre matanzas cometidas por alguna persona con problemas mentales en una escuela, o en una sala de cine o en un centro comercial, la NRA permanece impávida y con su “mantra” intacto: “las armas no matan a las personas; son las personas las que matan...”

¿Y la solución para las matanzas? Más armas en manos de la ciudadanía, por supuesto. Después de todo, si un criminal no sabe si su presunta víctima o alguien cerca está armada puede decidir robar a otro, o no robar... si un potencial asesino decide atacar una escuela la solución está en que los maestros estén armados o en que los guardias escolares lo estén.

“Lo único que detiene a un hombre malo con un arma es un hombre bueno con un arma”, afirma Wayne LaPierre, vicepresidente ejecutivo de la NRA y en gran medida su actual motor inspirador.

LaPierre lleva más de 22 años al frente de la organización y de acuerdo con sus amigos —y sus enemigos— literalmente la han transformado

De hecho, afirma Anthony D. Romero, director ejecutivo de la liberal Unión Americana de Derechos Civiles (ACLU)), un adversario que es también a veces aliado en algunos temas de derechos individuales, LaPierre “ha construido una organización con miembros y activismo que es el modelo para otras organizaciones sin fines de lucro, del mundo”.

Heston fue pensamiento y voz; LaPierre ha sido pensamiento y organización.

Los hechos hablan. Los norteamericanos, dicen la mayoría de las encuestas, favorecen el control de armas. La NRA se opone y hasta ahora ha logrado evitar una derrota y mantiene su “candado cerrado” respecto a cualquier tipo de legislación preventiva.

Y no importa que todo señale a un incremento en la frecuencia de matanzas. De acuerdo con la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), ha habido 62 atentados a tiros contra múltiples víctimas en las últimos 30 años. Siete de esos ataques ocurrieron en 2012, con un total de 151 víctimas, heridos o muertos, incluso los 20 niños y seis adultos en la escuela primaria Sandy Hook, en Connecticut, el 14 de diciembre 2012. Y la Iglesia Africana Metodista Episcopal (AME)

Los esfuerzos políticos de la NRA se benefician de su enfoque en un solo tema y la intensidad de los sentimientos que ese tema, la libertad de poseer armas, despierta en muchos ciudadanos

Las cifras no mienten. La NRA tiene ahora millones de miembros y una tesorería que le permitió en 2012 gastar unos 18 millones de dólares en apoyo de los republicanos.

Cierto que hay grupos con más recursos; los republicanos perdieron la campaña presidencial en 2012 y la NRA pareció sufrir una considerable derrota. Pero...

De entrada, la NRA donó 74 mil dólares a las campañas de 25 aspirantes demócratas y 583.646 dólares a las de 236 republicanos. De acuerdo con The Washington Post, 80% de ellos ganó su elección. En total, nueve senadores y 213 representantes de estados.

Su impacto está asegurado en gran medida por la pasión con que los miembros de la NRA apoyan a su organización y su tema, lo que de hecho se traduce en votos emitidos única y exclusivamente a partir de la opinión de un candidato respecto al tema de las armas. Hay organizaciones más grandes, más ricas, pero con una gran variedad de intereses y por tanto sus votantes están menos enfocados. En el caso de la NRA no hay eso, y tampoco timidez alguna en ejercer su influencia.

De hecho, ejerce un seguimiento cuidadoso de lo que hace cada legislador, a nivel local y federal y tiene la reputación de no negociar.

La NRA puede lo mismo concentrar sus esfuerzos legislativos en evitar que el gobierno financie estudios de salud pública sobre la posesión de armas que en limitar tanto los poderes de la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego que está literalmente castrada e impedida hasta de divulgar su base de datos sobre poseedores de armas o hacer más de una inspección al año por armería.

Más aún, aunque la ATF es la agencia policial más antigua de Estados Unidos, su tamaño no excede al del Departamento de Policía de la ciudad de Phoenix y cuando las instituciones de seguridad interna, comenzando por el Departamento de Seguridad Nacional, crecen en tamaño y presupuesto, la ATF sigue igual o peor que hace 20 años y para hacer mayor la evidencia de que está bajo la “bota” de la NRA, encabezada desde hace seis años por un director interino.

En cambio, las leyes favorables al comercio y posesión de armas parecen proliferar a pesar de que el sentimiento público está en la esquina opuesta. Por ahora, y por mucho tiempo, no parece que haya ninguna organización capaz de una hazaña similar

La vida o muerte de una persona depende del capricho de un desequilibrado mental que ha comprado un arma en una feria

Cuando hace poco más de un año un desequilibrado mental atacó a la congresista demócrata Gabrielle Giffords durante un acto electoral en la ciudad de Tucson, Arizona,   la opinión pública y  la clase política del país quedaron temblando al conocer los detalles: el agresor, sin empleo fijo y desequilibrado, había podido tranquilamente  adquirir una pistola semiautomática y abundantes municiones y no mató a la congresista de milagro.

Tras el atentado contra Giffords, una coalición de legisladores decidió dar un paso al frente para presentar una iniciativa contra el tráfico de armas dentro y fuera de Estados Unidos, a fin de tratar de poner un alto al poder de una industria que ha crecido y prosperado bajo el cobijo de la Segunda Enmienda y con la codicia de una industria que se ha militarizado, para pasar de la producción de pistolas y rifles de cacería a las armas de asalto que hoy inundan el mercado y abastecen a las células del narcotráfico y el crimen organizado en ambos lados de la frontera y en Centroamérica.

“Las armas de asalto están destruyendo familias enteras en México y EE.UU. mientras nuestros políticos permanecen impasibles y los cárteles de la droga se siguen abasteciendo en las armerías norteamericanas, porque en Latinoamérica no se fabrican armas.”, clamó Dennis Henigan, presidente en funciones de la Campaña Brady, la más importante organización contra la violencia armada, en los últimos tiempos.

Para tener una idea de la dimensión del problema a nivel doméstico, Henigan citó el más reciente informe de la Oficina para el Control del Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) sobre el total de armas que se han “perdido” en EE.UU. hasta el 2010,   durante dos años y medio.

Según este informe más de 62.000 armas desaparecieron de los inventarios de comerciantes del ramo en EE.UU. Es decir, 56 armas por día, que fueron a parar al mercado negro, porque es obvio que esta gente no perdió esas armas como consta en su inventario. Los comerciantes las vendieron clandestinamente para engrosar sus arcas y, claro, alimentaron al mercado negro”, aseguró Paul Hemke, hasta hace poco presidente de la Campaña Brady, revelando las dimensiones de epidemia que ha alcanzado el problema.

A pesar de que todos los estados de la Unión operan bajo las mismas leyes federales que controlan la compra-venta de armas, algunas legislaturas estatales han implementado iniciativas de ley para tratar de regular mejor este mercado y, sobre todo, para evitar el tráfico de armas que siguen nutriendo al crimen organizado.

Entre dichas legislaturas figura la de Pennsylvania que, irónicamente, se ha convertido en el estado con mayor número de armas “perdidas” en un par de años. Ahí hay una guerra abierta entre las autoridades municipales, que quieren obligar a las armerías a reportar las armas “perdidas o robadas”, y los de siempre la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA), que es la fuerza detrás de campañas positivas de los ayuntamiento para boicotear todas y cada una de las iniciativas de ley a nivel estatal o federal para controlar el tráfico de armas dentro y fuera de Estados Unidos. La NRA no quiere ningún control.

Cada cierto tiempo después de un tiroteo con muertes en la escuela o iglesia surge el debate del control de armas. Desde hace 50 años siempre lo gana la NRA

Hoy, son 10 los estados que están a la cabeza del inventario de armas perdidas para que no vayan derechas a parar al mercado negro, según el informe elaborado por la organización “Alcaldes contra el armamento ilegal en EE.UU”. Se trata de Virginia, Mississippi, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Kentucky, Alabama, Georgia, Indiana, Nevada, Pennsylvania.

También el Distrito de Columbia ha intentado por todos los medios regular la compra-venta y el tráfico de todo tipo de armas. Sin embargo, se ha tenido que plegar a los fallos de la Suprema Corte que, en junio de 2010, emitió un dictamen histórico: “Los gobiernos de los estados y ciudades del país no pueden limitar o prohibir a los ciudadanos poseer y portar armas de fuego, un derecho que garantiza la Segunda Enmienda de la Constitución del país”.

Tras esta decisión judicial, una de las más importantes victorias para la NRA, el control de armas se ha convertido en una misión casi imposible, mientras las estadísticas de violencia suben y los relatos de muertes por armas de fuego alimentan los periódicos sensaconalistas, muchos con anuncios pagados por la NRA. Según estadísticas del Centro de Políticas para la Prevención de la Violencia, entre 2000 y 2008 murieron en EE.UU. 272.590 personas por arma de fuego. Es decir, un promedio de 30.288 muertes por año.

Por otro lado, el caos de los controles, lo aprovecha, la industria de las armas ha dado un golpe de timón espectacular en su estrategia, a mayor promoción mayor volumen de negocios. Según la directora legislativa de la organización Violence Policy Center, Kristen Rand, hoy 11 de los 15 más importantes fabricantes de armas en EE.UU. han dado un giro a sus negocios para aumentar la producción de armas de asalto de alto poder para la exportación.

Todos los carteles de la droga de América Latina compran sus armas en EE.UU.

“Hoy hay un enorme mercado para este tipo de armas entre los traficantes de drogas en México”, dijo Kristen Rand. Agregó que la inmensa mayoría de las armas de tipo militar que han dado tanto poder a los cárteles de la droga se venden aquí“.

Aprovechando una  final del Super Bowl, los alcaldes de Nueva York y Boston, Michael Bloomberg y Thomas Menino, invirtieron más de 4 millones dólares en un anuncio para promover reformas a las leyes y normas que regulen la venta de armas dentro de EE.UU, y dejaron claro la complejidad de un asunto donde la posesión de armas que consagra la Segunda Enmienda sigue siendo una poderosa herramienta de la industria armamentista para combatir cualquier intento por controlarla o regularla.

“Nosotros apoyamos la Segunda Enmienda y defendemos el derecho de los ciudadanos a poseer armas, pero estamos decididos a combatir las lagunas legales que permiten que estas armas vayan a parar a manos de criminales”, aseguró el alcalde neoyorquino, uno de los más importantes promotores de legislaciones a favor de frenar el tráfico ilegal de armas que hoy por hoy se ha convertido en una epidemia incontrolada.

Los fabricantes de armas de EE.UU. están adulando agresivamente a menores de edad, en un intento de aumentar su base de clientes. La industria gasta millones en organizar competiciones, editar revistas y desarrollar juegos para niños.

En lugar de promocionar sus armas directamente al público demasiado joven para adquirirlas, los principales fabricantes han creado varias fundaciones y revistas que alientan la afición de los niños por el tiro, las competiciones con armas de fuego, haciendo hincapié en que el dominio de las armas enseña “ciudadanía”, "responsabilidad" y "habilidades para la vida".

"¿Quién sabe? Quizá encuentres un Bushmaster AR-15 bajo su árbol alguna fría mañana de Navidad!", reza un anuncio de la revista 'Junior Shooters' ('Jóvenes Tiradores') financiada por las compañías del sector y que anima a los niños a pedir a sus padres que les regalen armas, como ha ocurrido con el asesino de la iglesia Africana Metodista Episcopal (AME).

Entretanto, el contenido de 'Junior Shooters' es implacablemente optimista, presentando una buena combinación de imágenes de chicos vestidos como vaqueros y  chicas saludables y atractivas típicamente americanas, sonrientes con sus armas en las manos, posando ante las cámaras.

'The New York Times' ha obtenido una serie de estudios financiados por los fabricantes, consistente de miles de respuestas de los niños consultados acerca de los sentimientos que les despiertan las armas de fuego.

“Al referirse al sistema escolar es importante enmarcar los deportes de tiro más como un mecanismo para enseñar otras habilidades de la vida, que un objetivo de por sí", dice un informe. "No hay nada alarmista o siniestro. Es realista", dijo Steve Sanetti, el presidente de la Fundación Nacional de Deportes de Tiro, una entidad sin fines de lucro con un presupuesto de 26 millones de dólares, financiada por fabricantes de armas.

A medida de que crezca la popularidad de los videojuegos como 'Call of Duty', los niños no querrán disparar solo rifles de caza. En cambio, las competiciones que incluyen tiro de fusiles semiautomáticos AR-15 (un pariente cercano de la M16 utilizado por los militares de EE.UU. que puede disparar hasta 800 balas por minuto y cuyo acceso a los menores quiere restringir Barack Obama). Pero esas prácticas se han extendido por todo el país.

"Es una herramienta. No difiere de un coche o de un bate de béisbol. No es diferente de tiro de calibre  .22 o de una escopeta. La diferencia está en cómo lo queramos ver", aseguró el editor de 'Junior Shooters', Andy Fink, cuando se le preguntó acerca de la popularidad de los fusiles semiautomáticos entre los niños.

Stephen Carlson, profesor de Ciencias Ambientales de la Universidad de Minnesota, quien ha respaldado siempre ampliamente la caza, en su investigación se muestra alarmado por el cambio de enfoque de medios pagados por fabricantes de armas y tiene una simple pregunta: "¿Para qué estamos preparando a nuestros niños?"

LaPierre y la NRA piden que las leyes actuales sean reforzadas y que en las escuelas haya guardias armados para proteger a los estudiantes, profesores y administrativos, así como que el gobierno reconstruya “otro sistema regulador de salud mental que no interfiera con la Constitución”.

El tiroteo en la histórica iglesia Africana Metodista Episcopal (AME) Emanuel, de Charleston (Carolina del Sur), una de las congregaciones negras más antiguas del país, cuando los feligreses participaban  en una lectura de textos sagrados. En el tiroteo murieron nueve personas  por disparos del joven blanco Dylan Roof, de 21 años, lo cual ha revivido en EEUU el fantasma del racismo y, el debate sobre el control de las armas que ha motivado una intervención del presidente Barack Obama.

El sospechoso, estuvo sentado junto a las víctimas durante una hora antes del tiroteo. Entre los nueve muertos, está el pastor de la iglesia y senador  demócrata Clement Pinckney. Según confesó el asesino: "Tengo que hacerlo (...). Habéis violado a nuestras mujeres y estáis tomando nuestro país".

En una de esas fotos, tomada del perfil de Facebook del joven, se le ve vestido con una chaqueta que tiene, aparentemente, una bandera del sistema de segregación racial sudafricano del "apartheid" y otra de Rodesia, antigua colonia británica que estuvo gobernada por la minoría blanca hasta convertirse en el actual Zimbabwe en 1980.

El jefe de la Policía de Charleston, Greg Mullen, aseguró en una conferencia de prensa que está convencido de que fue un "crimen de odio" y el Departamento de Justicia ha abierto una investigación para determinar si, efectivamente, la masacre tuvo motivos raciales, lo cual es obvio. Aunque al parecer el policía no mencionó el control de armas, pues sin ellas el joven no hubiera podido disparar a su antojo, ni posiblemente ensayar o entrenarse en el manejo de las armas.

Obama sí debió notarlo cuando en sus palabras de condolencia dijo: “pero, más allá de los motivos del ataque, lo que "sí sabemos, una vez más, es que personas inocentes fueron asesinadas en parte porque alguien que quería hacer daño no tuvo problemas en conseguir un arma".

De acuerdo con los medios, Roof recibió de su padre un arma como regalo en su último cumpleaños

"Seamos claros siguió Obama. En algún momento, como país tendremos que considerar el hecho de que este tipo de violencia masiva no sucede en otras naciones avanzadas.”

El presidente dijo que conocía al pastor fallecido y a otros miembros de la iglesia, expresó su profunda "tristeza" e "indignación" por el tiroteo y calificó esta "tragedia" de "particularmente desgarradora" porque ocurrió en una iglesia negra. Lo que plantea preguntas sobre la "parte más oscura" de la historia de EE.UU.

"Y está en nuestro poder hacer algo al respecto", agregó Obama, quien ha reconocido que una de las mayores frustraciones de su mandato ha sido el fracaso de sus esfuerzos para lograr un mayor control de la venta y posesión de armas en el país.

El mandatario insistió en la necesidad de "enfrentarse" al asunto, como sociedad, para "ser capaces de cambiar" la forma de pensar sobre la violencia causada por las armas de fuego.

"He tenido que hacer declaraciones como ésta demasiadas veces", subrayó Obama, cuya indignación recordó a la que mostró, también desde la Casa Blanca, tras el tiroteo en una escuela de Newtown, el 14 de diciembre de 2012, uno de los "peores" días de su mandato, como él mismo ha reconocido.

Estas noticias de tiroteos se repite puntualmente en Estados Unidos y si Obama no hace nada seguirán repitiéndose, aunque el próximo presidente de EE.UU. sea Hillary Clinton, quien no quiso declarar. Bastará con cambiar el nombre del lugar del tiroteo ritual (el campus de una universidad, una escuela de niños, un supermercado o -como esta vez-, una iglesia negra, el número de víctimas, el nombre del supuesto asesino, los presuntos motivos, el arma empleada) y el formulario a llenar en la Agencia de noticias servirá. No tendrá que alterarse la consabida Segunda Enmienda de la Constitución, esgrimida por la NRA (Asociación Nacional del Rifle) y se dará a los medios tranquilamente. Aquí no pasa nada. Hasta otra.

El debate sobre las armas se reabrió en 2012 en Estados Unidos una vez más a raíz de dos sucesos de ese año: la matanza en un cine de Aurora (Colorado), donde hubo 12 muertos y 58 heridos; y la ocurrida en la escuela Sandy Hook de Newtown (Connecticut), donde fueron asesinados a tiros 20 niños y 6 mujeres.

El Gobierno de Obama impulsó entonces un conjunto de medidas para reformar la legislación de control de armas, pero al contrario que después del asesinato de los Kennedy, Luther King el Congreso no aprobó siquiera la que generaba más consenso: un sistema de verificación de antecedentes para impedir que las armas llegaran a los criminales o a las personas con problemas de salud mental.

Sin embargo, Obama reconoce que sabe que "la política de hoy hace que sea menos probable que vayamos a ver una legislación seria sobre seguridad con las armas. He dicho otras veces que es muy improbable que este Congreso vaya a actuar al respecto".

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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