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A diez años del crimen de Jorge Matute Johns. Ese niño tan alegre

01/12/2009 12:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Amigas del barrio y sus profesoras reconstruyen su infancia y adolescencia, y su madre anuncia que iniciará una huelga de hambre si el ministro Juan Rubilar no reabre el caso

Alejandra Seguel estudia pedagogía en la Universidad de Concepción. Ella vive en el pasaje Federico Guzmán de la villa Spring Hill, en San Pedro de la Paz, y es vecina de los Matute-Johns, un matrimonio formado por Jorge y María Teresa. Alejandra está alucinada con ˝ Coke˝ , el hijo menor de los Matute, y de vez en cuando lo pide “prestado” y parte con él a la universidad. En el campus se pasea con el cochecito y quienes le salen al paso quedan asombrados con la hermosura del niñito. Le celebran su pelo ondulado, sus ojos verdes casi calipsos, su carita rosada. Ella camina feliz con la criatura.

La cercanía entre Alejandra y el niño no responde a un entusiasmo momentáneo de la muchacha. En el pasaje Federico Guzmán los vecinos se conocen: los hombres son compañeros de trabajo en Petrox –refinería de petróleo de propiedad de la Enap– y las mujeres son amigas. Las familias llegaron a la villa en 1972 y entre todos están viendo crecer a la prole. Ahí nacieron los hermanos Álex y Jorge Matute y su vecina Paula Velásquez. Julie Palma llegó de dos años y Silvia Vallejos, la hija de Alejandra, nacerá varios años después.

En distintos períodos de su vida, estas tres niñas se cruzarán con su vecinito Jorge. Jugarán y reirán con él. Crecerán juntos, se toparán en lamicro Riviera 21, se abrazarán y volverán a reír, como cuando niños. Esa risa luminosa de Jorge Matute Johns quedará impresa en sus memorias y cada vez que lo recuerden lo verán así, feliz, con la boca ancha y llena de risa. Su muerte brutal, ocurrida en 1999, las conmocionará y la impunidad del crimen las marcará de por vida.

Le robaba besos

“Me acuerdo que casi todos los días yo llegaba llorando a mi casa, porque antes de bajarse del furgón él me daba un beso y salía corriendo. Mi mamá me preguntaba: ‘qué te pasa’, y yo le decía: ‘es que el Coke me agarró a besos y yo no quiero’”, cuenta riendo Julie Palma, ingeniera química, vecina y compañera de furgón de los hermanos Matute Johns. Iban en la jornada de la tarde al colegio Sagrado Corazón, él tenía tres años menos que ella y los besos robados eran una chiquillada más de un niñito juguetón que no pasaba de los 10 años. “Desde chico fue bueno para la talla. Cuando llegaba a un lugar, inmediatamente llamaba la atención, es que era muy bonito; era un muñequito, tenía su pelo ondulado, sus ojos claritos”, relata.

A pesar de los besos “no deseados”, Julie nunca abandonó su papel de protectora de su amiguito. Era un encargo de María Teresa, y ella lo cumplía con disciplina. “Le gustaba que lo protegiera, por eso estaba, entre comillas, enamorado de mí; lo miraba durante los recreos, y cuando teníamos que subir al furgón estaba pendiente de él”.

“Nos conocimos desde que éramos enanos, vivíamos casi al frente, yo era amiga de Álex y como ellos andaban juntos, el Coke venía de “agregado”, dice risueña la sicóloga Paula Velásquez. “Mi recuerdo es en el patio de la casa de la tía María Teresa, jugando a las cosas típicas: la tiña, la escondida, al papá y la mamá... Como el Coke era el más chico de los tres le tocaba ser el hijo”, cuenta.

Como hermanos. Así veía Paula a Álex y a Jorge. “Era un vínculo de piel, una cosa muy tierna. Por eso, cuando me hablas de él, me transporto inmediatamente a esa época en que lo pasábamos chancho y no había otra preocupación que no fuera jugar”.

El pasaje Federico Guzmán fue el lugar de aventuras para los 15 niños de la cuadra. La pequeña calle de la villa Spring Hill era el gran patio de la parvada de chiquillos y ahí jugaban al bate, una especie de béisbol, pero con raqueta; a la matanza, a las comiditas servidas por las niñas; al paquito libre, a las escondidas... y ahí, en cada partida, estaba Jorge Matute, el pequeño más alegre del pasaje.

“Era despierto, vivaracho y tenía muy buen humor”, recuerda Julie. “Era alegre y bueno para la talla. Tenía esa cosa lúdica de la risa. Con él no pasabas penas”, resume Paula.

¿Vamos a la tocata?

“Me acuerdo que los sábados se hacían unas tocatas en la casa de la tía María Teresa. Coke se había hecho amigo de mi hermano Igor, y tocaban juntos. Ellos deben haber tenido 12 y 7 años. Al principio, no tenían mucha implementación, así es que sólo hacíanmímica. Las tocatas empezaban como a las seis de la tarde y la tía nos preparaba juguitos y participaba con nosotros”, relata Julie .

Los juegos en el pasaje, los recitales sabatinos y la vida en el Colegio Salesiano de Concepción eran los tres ejes que estructuraban la vida de Jorge Matute Johns. Él y su hermano Álex son recordados como alumnos estudiosos. Sonia Aguilera, su profesora jefa en octavo básico, lo revive: “Lo recuerdo inquieto, juguetón, respetuoso. Era buen alumno y bastante buenmozo, pero creo que la palabra “juguetón” lo define bastante bien”. América Pineda, su maestra de artes visuales y de religión entre quinto y octavo básico, cuenta: “Era hábil y rendía bien en todas las asignaturas”.

Julie Palma coincide con lamirada de las profesoras. “Era maduro y eso se notaba en los estudios. Álex y Coke no salían de la casa hasta que no terminaban las tareas; siempre tenían los primeros lugares en el colegio. Eran notas de madurez que los otros no teníamos”.

–Si tuvieran que elegir una imagen de su alumno, ¿con cuál se quedarían?

América: Lo veo corriendo por los patios del colegio, acaloradito, con la cara rojita, con la camisa abierta y la corbata medio corrida.

Sonia: Lo recuerdo dando vueltas dentro de la sala, con su mechón para el lado y su delantal un poco desgreñado. Pero una vez que se sentaba, se integraba inmediatamente a las actividades.

América no olvida las condiciones de liderazgo de su alumno: “Era bueno para organizar juegos y todo el tiempo andaba rodeado de niños”.

El 20 de noviembre se cumple una década desde que el joven de 23 años desapareció en la discotheque La Cucaracha

Aunque tomaron caminos distintos en la adolescencia –él la música, ella los scouts–, Paula seguía conectada afectivamente con su amigo. “En ese tiempo lo molestaba, le decía: ‘Te sabí bonito... te aprovechái de eso”. De verdad que era precioso. Él me decía: ‘ya, voy a crecer...’, y yo le respondía: ‘ya, te voy a esperar’”. Teníamos esos diálogos, pero era un juego entre amigos. Era muy de piel, muy de abrazos. Tú sentías que estabas abrazando a un hermano y que él sentía lo mismo”.

En esa misma época en que Jorge y sus amigos organizaban las tocatas en el patio de su casa, una pequeña vecina comenzaba a infiltrarse en sus vidas. Era Silvia Vallejos Seguel, la hija de Alejandra, la muchacha que en la segunda mitad de la década del 70 se lucía con Jorge en los patios de la Universidad de Concepción. “Como era más chica, me cuidaban y me incorporaban a sus juegos. Yo tenía 4 o 5 años, recuerdo que en su patio había un columpio y que todos llegábamos ahí. Me sentía muy a gusto en esa casa porque la tía Teresa era muy cariñosa. Para el Coke, yo era la hija de la tía Alejandra y me integraba bastante por la cercanía que había entre las familias. Él me cuidaba y era bien protector”, cuenta Silvia, hoy profesora de educación básica.

Sus pedaleos balbuceantes en una bicicleta aro 26 fueron tutelados por su protector. “También recuerdo que Coke y Álex me daban impulso en el columpio, pero hasta cierto punto nomás”.

–¿Qué otros recuerdos tienes de él?

–Estaba siempre metido en la música. Me acuerdo que una vez venía en el bus y que todo el mundo se miraba raro, porque se escuchaba como el sonido de una batería en el asiento de atrás. Y era él: venía con unos audífonos conectados a un personal y tocaba como si estuviese en un concierto.

Esa larga noche

La noche del 20 de noviembre de 1999 María Teresa Johns estaba en la casa de su vecina Alejandra Seguel cuando la llamó su hijo Jorge para pedirle permiso para salir. Él atravesó la calle, tocó la puerta, su mamá le pasó algo de dinero, fue a dejar a su polola y se marchó a la discotheque La Cucaracha. “Al día siguiente la tía llamó desesperada. Quería saber si Coke había llamado para preguntar por ella”, revive Silvia.

Julie recuerda: “Mi hermano mayor llegó en la mañana y vio a Álex parado afuera de su casa. Él le preguntó si había visto a Coke; le dijo que había ido a una fiesta y que no había vuelto. Álex estuvo todo el día parado en el pasaje, esperando que el Coke se bajara de la micro. Al otro día, la tía María Teresa llamó a mi papá y le pidió que la acompañara a Carabineros a dejar la constancia”.

“Se perdió un viernes, el sábado hice mi cumpleaños y el domingo me di cuenta de que algo estaba pasando. Me fueron a avisar que estaba desaparecido. Esa noche salimos en cuadrillas a buscarlo”, reconstruye Paula.

Como tantos otros amigos y amigas de Jorge y de su familia, Julie y Paula salieron noche tras noche a rastrear las calles de Concepción. Estuvieron así durante un año, y después cada pista que surgía, la pesquisaban. No importaba dónde. Silvia, al igual que otras vecinas, tomó lamisión de acompañar a María Teresa por las noches. Cada sábado y durante cinco años marcharon junto a la madre de Jorge en el centro de Concepción, repartieron cintas verdes con el mensaje “No me olviden, Coke” y descansaron un poco –sólo un poco–cuando su cuerpo apareció en el camino a Santa Juana, el 12 de febrero del año 2004.

Julie: “Se han escuchado tantas cosas; tantas veces hemos creído estar cerca de la verdad. Para mí lo significativo es que él ya no está. Queremos que haya justicia, pero nada va a devolverlo; necesitamos saber qué le pasó, cómo fueron sus últimos momentos. Muchas veces conversé con la tía y ella me decía que quería saber si la había necesitado, si la había llamado. Eso es lo que me interesa”.

Paula: “Siendo alguien indirecto en apellido y sangre, pero muy cercano en lo afectivo, puedo decir que es como que te extrajeran algo que es propio de ti... Sime preguntas qué espero, lo que le he dicho a la tía María Teresa: que ella esté bien, que esté tranquila. ¿Que se vaya a saber la verdad? Difícil. Se han dicho tantas cosas; creo que las personas que lo hicieron van a morir con eso, aunque siempre está la esperanza de que efectivamente se resuelva”.

Silvia: Es un dolor tremendo y da mucha rabia ver que todavía no se sepa nada. Siento una gran impotencia de no poder hacer nada, de que nadie quiera escuchar ni entregue las herramientas para resolverlo. Todos hablan, después olvidan, vuelven a hablar, pero Coke desapareció hace diez años y estamos igual que el primer día”.

"Si antes del 20 no se hace nada voy a iniciar una huelga de hambre"

las declaraciones de cristián araos –hermano de uno de los primeros imputados en la muerte de Jorge Matute– donde denunciaba que detrás del crimen existía una red de narcotráfico que implicaba a personalidades políticas, policiales y judiciales, generó tal expectativa que el juez Juan rubilar reabrió el caso el 25 de septiembre pasado, pero a los pocos días lo sobreseyó temporalmente, por considerar que araos “no aportó ningún antecedente nuevo”.

Para María Teresa Johns la actitud del ministro es inaceptable. aquí da sus argumentos: “cuando fui a Yumbel y hablé con la Presidenta Bachelet, le pedí que me ayudara a reabrir el caso. Tengo la esperanza de que ella haga algo antes del 20 de noviembre, porque hay todo un país que está inquieto. Quiero que haya justicia para mi hijo; por último, necesito saber por qué lo hicieron y qué dijocoke en ese momento. Tengo una pena y una herida muy grandes enmi alma. Siempre que hay una luz de esperanza, esa luz se apaga porque, lamentablemente, caímos en las manos de este ministro. Siento que él se ha ensañado conmigo. Una persona que quiere quedar bien con un país, investiga, hace las diligencias que se le piden y dice: ‘hice lo que tenía que hacer’. Pero él lo ha denegado todo. Ahora la Presidenta me prometió los peritos que analizaron el cuerpo de Víctor Jara, para determinar la causa exacta de la muerte de mi hijo. Pero para que eso ocurra el ministro Rubilar tiene que dar un sí. Cuando hablé con el ministro de Justicia en Santiago, le dije que, aunque apelemos, va a ser un rotundo no. Si no se hace nada antes de que se cumplan los 10 años de la muerte de coke, voy a iniciar una huelga de hambre, y estoy segura de que mucha gente va a estar a mi lado. y no le voy a abrir las puertas a nadie que quiera pedirme que no lo haga, porque he rogado de todas las maneras y no me han escuchado. lo único que le pido a la gente de mi país es queme entienda; a lo mejor muchos pensarán hasta cuándo va a seguir con lo mismo, pero es un hijo el que me mataron y eso no puede quedar en la impunidad”.


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Fidelam (4709 noticias)
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