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En el biopronostico, en terremotos o catástrofes naturales, el sexto sentido animal se impone a los humanos

11/07/2017 04:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La teoría de que algunos animales son capaces de presentir con antelación un seísmo no es nueva, y este asunto es muy en serio. Japón, es una de las regiones más afectadas por los seísmos de gran intensidad, y la conducta de los animales se observa para predicción de los seísmos

¿Simple leyenda urbana o posibilidad científica?. El último gran seísmo que vivió China en la zona de Sichuan en mayo de 2008 que produjo más de 32.000 mil víctimas.

Diversos especialistas han comenzado a ver en el comportamiento de unas extrañas ranas de Mianyang, como una posible manera de prevenir futuras catástrofes. 

Esto de se debe a que un día antes de ocurrir el seísmo que sucedió en Mianayan, una localidad muy cercana a Wenchuan, se dio un hecho de por sí extrañísimo: decenas de miles de sapos poblaron las calles como huyendo de aquella localidad que fue el epicentro del terremoto. 

En un principio, los expertos culparon de este fenómeno al calentamiento global, sin embargo, después del seísmo, el hecho de que las ranas pudieran haber sentido la proximidad de este evento un día antes de ocurrir resultaba ser para muchos algo más que una casualidad. ¿Pero acaso los sapos u otros animales pueden presentir este tipo de fenómenos?. 

Por lo pronto, el investigador miembro del Instituto de Investigación Sismológica subordinado al Buró Sismológico de China, Zhang Guomin, ha rechazado cualquier tipo de vínculo entre los sapos y este seísmo. "Existen razones más complicadas para las anomalías animales y el agua subterránea. Un terremoto es sólo una de ellas, además del cambio climático y las condiciones meteorológicas". Ha asegurado el científico. 

En cambio el subdirector de la Red de Seísmos de China, Zhang Xiaodong, ha manifestado que "averiguar la relación existente entre los fenómenos naturales anormales y los terremotos es de hecho uno de los más importantes y difíciles temas en los estudios de pronóstico de seísmos". 

Si se lograra demostrar un nexo entre comportamientos extraños de la naturaleza con la proximidad de los terremotos, sería un gran “progreso para la investigación sísmica”; aunque lo consideró muy poco probable. "Pronosticar terremotos sigue siendo un verdadero rompecabezas para la humanidad". 

Pero la teoría de que algunos animales son capaces de presentir con antelación un seísmo no es nueva, y hay países que toman este asunto muy en serio. Una de estas naciones, es Japón, que no sólo es una potencia científica sino que también es una de las regiones más afectadas por los seísmos de gran intensidad. Pues en este país, desde hace mucho tiempo que se viene estudiando la conducta del Pez gato o Namazu como una posible manera de predecir la eventualidad o no de un seísmo. 

A decir verdad, este interés surge de una leyenda, del mito de que el Namazu, era un pez gigante que habitaba en las profundidades y que cada vez que movía su cola, se producía uno de estos movimientos telúricos. 

En la antigua Persia (actual Irán) existían hombres considerados sabios en la corte del Sha, que predecían los terremotos utilizando un sistema que incluía observar atentamente las estrellas y la luna, cavar pozos en la tierra para ver cómo se comportaba el agua que corría bajo la superficie y observar el comportamiento de los animales.

Múltiples anécdotas cuentan que los caballos patean y relinchan antes de un terremoto, los ciervos se acuestan en el suelo y luego se levantan bruscamente, las serpientes abandonan sus nidos de hibernación aunque estén en pleno invierno y salen a la superficie para luego morir congeladas sobre la nieve, se ve a las ratas confundidas y torpes; entran a las casas aunque sea de día y se encuentren habitadas e incluso se dejan  apresar fácilmente con la mano, y las palomas mensajeras tardan mucho más de lo habitual para encontrar su camino y alcanzar su destino, dando vueltas desordenadamente en el aire.

Pescadores japoneses relatan que algunos peces que normalmente habitan en aguas profundas, han sido pescados en numerosas ocasiones cerca de la superficie del océano antes de los terremotos. La mayoría de estas conductas ocurren en las 24 horas anteriores a un terremoto, incluso con una semana de antelación. Así se cuenta que en 1755 el famoso filósofo Immanuel Kant describió cómo, estando cerca de Cádiz, una gran cantidad de gusanos salieron a la vez de sus escondrijos bajo tierra. Ocho días después, Portugal sufría un devastador terremoto. El 25 de junio de 1966 la ciudad californiana de Parkfield se vio inundada por una ola de serpientes de cascabel que abandonaron en masa las colinas en las que viven normalmente; dos días después Parkfield sufría un terremoto. 

 Pero lejos de estas historias, el hecho concreto que concitó la atención del pueblo y luego la de los científicos, fue cuando en 1923 días antes que ocurriera el gran terremoto de Tokio, se vio un gran número de peces Namazu chapoteando de manera anormal en la laguna de Mukojima, en Tokio. Después del seísmo mucha gente recordó la leyenda y vinculó a esta especie de pez con el terremoto. A partir de esos días, muchos entendidos comenzaron a percibir que la idea de predecir los terremotos manteniendo a los Namazu en peceras y observando si su comportamiento era normal, era una buena idea. 

Otro caso emblemático es el acontecido en el año 2005, en el tsunami (maremoto) del Océano Índico en el Parque Nacional de Yala, en la castigada costa oeste de Sri Lanka. En este caso no se encontró entre los restos del tsunami ningún animal salvaje muerto y la gente lo atribuyó a que todos lograron ponerse a salvo en el interior del parque. 

Recientemente, un pequeño vídeo captado con un móvil en una localidad de California, registraba cómo un perrito que estaba durmiendo despertaba de su sueño y salía huyendo despavorido, unos minutos antes de registrarse un seísmo. Todos estos “casos” llevan a múltiples preguntas: si este perro lo hizo ¿por qué muchos otros no lo hicieron?. ¿Percibieron los animales de Haicheng y Sri Lanka el peligro a miles de kilómetros de distancia?. ¿Qué señal les llegó para que tuvieran tiempo de ponerse a salvo?.

Muchas teorías han intentado explicar esos comportamientos y las causas o mecanismos por lo que los animales podrían haber sentido y dado señales de los terremotos antes que los humanos. 

Esta idea extraña del pez Namazu ha sido expresada en numerosos trabajos artísticos japoneses, probablemente proviene de la observación de la conducta natural que tienen los peces-gato antes de los terremotos. Estos peces habitan en los ríos muy fangosos y en el fondo de los lagos, y normalmente tienen una vida muy pasiva, usualmente no se mueven mucho, pero justo su inquietud puede ser la señal. Cuando los Namazu saltan, se mueven nerviosos, casi  brincan y llegan incluso a saltar fuera del agua para caer y morir en tierra firme o en medio del barro, es que el terremoto está cerca. El estudio de este pez en Japón arroja una de las evidencias científicas más contundentes, documentada en varias ocasiones, el pez presenta una hipersensibilidad a la estimulación debida a diversos cambios eléctricos que ocurren justo antes del seísmo. Aunque parece que otras muchas especies de peces también comparten esta sensibilidad, y los científicos los buscan, los clasifican y los estudian comparativamente como precursores de los terremotos.

En el tema del sexto sentido del reino animal hay divergencias de opinión científica y de experiencias. Pero todos están de acuerdo de que "hay algo"

 

Si fuera cierto que los animales tiene una capacidad especial para percibir los seísmos y que se comportan de forma inusual ante ellos, ¿por qué no utilizar esta fuente de información para la predicción?. 

Las aves se congregaron en bandadas y volaron hacia el interior de las llanuras que cubren la mayor parte de los 1.300 kilómetros cuadrados del Parque Nacional de Yala en Sri Lanka, los elefantes emprendieron una retirada hacia las montañas, y búfalos y ciervos siguieron los pasos de los paquidermos. Mientras

todo esto ocurría, los turistas, paseando por la costa, ni se imaginaron que en ese momento, a pocos kilómetros de allí y bajo las aguas del Índico, se acababa de producir el mayor terremoto registrado en Asia desde hacía 40 años. La gran mayoría de los humanos que se salvaron fueron justamente avisados por los indígenas que se dieron cuenta de que se acercaba un tsunami. Y lo notaron “los más viejos del lugar” por las conductas extrañas de los animales salvajes, del elefante asiático al leopardo y hasta de los cuervos, al igual que todos, huían despavoridos hacia el centro de la isla. Parecía ciencia—ficción. 

Asimismo existen diversos testimonios que aseguran que perros, gatos e incluso hormigas muestran comportamientos extraños ante la proximidad de una catástrofe natural. En todo caso, considerar como cierto este hecho dejaría sobre la mesa una discusión mucho más subjetiva sobre ese tan conocido sexto sentido que parecen tener los animales y no los humanos. Es simplemente imposible saber si todo eso es cierto y mucho menos explicar el por qué. 

Hoy día estas supuestas señales se están tomando muy en serio, sobre todo en oriente, por sismólogos, geólogos, biofísicos y biólogos. Se denomina “biopronóstico”, a la investigación de los fenómenos que tienen lugar en el interior de la tierra y su relación con los indicios que presienten, detectan y alteran el comportamiento normal de los animales.

Uno de los casos más representativos del uso de los animales en la predicción de un terremoto, y también uno de los grandes aciertos, fue el ocurrido en 1975 cuando funcionarios de la población china de Haicheng decidieron evacuar la ciudad tras observar que los animales empezaban a comportarse de manera inusual. Al poco tiempo, un terremoto de 7, 3 grados sacudió Haicheng destruyendo el 90% de los edificios. Cerca de 90.000 vidas humanas se salvaron gracias a esta evacuación. Desde entonces, los chinos han introducido la observación del comportamiento animal como parte de sus sistemas de predicción. Las teorías científicas que se han dado para estas “señales animales” generalmente caen dentro de cinco categorías: vibraciones de ultrasonido, fluctuaciones del campo magnético, cambios del campo eléctrico, iones piezoeléctricos transportados por el aire y cambios en el cerebro. Por alguna de estas vías los animales son capaces de percibir las variaciones que provocan los movimientos en el interior de la cabeza: eléctricas, magnéticas, sonoras, visuales y olfativas. Así, recientemente, los científicos de Beijing, una ciudad bastante sísmica, han establecido una estación de detección de terremotos en la Reserva Natural de Beijing en la que viven más de 10.000 pájaros y animales en 240 hectáreas de espacio. En este proyecto se están utilizando como sensores caballos, burros, serpientes, tortugas, ranas, peces, ciervos y pájaros, entre otros animales. Se han establecido siete puntos de observación en el parque, cada uno dirigido por un cuidador del zoológico, quien registra el comportamiento diario de los animales para el departamento sismográfico. Además, el parque está situado en una fractura de la tierra, por lo que es un lugar ideal para supervisar y detectar animales salvajes. Porque no fueron solamente animales domésticos los que huían en Haichen.

Los loros tienen la reputación de agitarse ante fenómenos raros o ante seísmos. Un ejemplo de su eficacia fue el recién pasado terremoto de 5, 1 grados en la escala de Richter que sacudió el distrito de Wen’an en la provincia de Hebei y llegó a sentirse en Beijing y Tianjin. Antes y durante el terremoto los trabajadores de la Reserva Natural de Beijing observaron comportamientos extraños y nerviosismo en los loros. En general, y según el departamento sismológico, antes de un movimiento sísmico las reacciones anormales pueden observarse entre unos 130 animales de la reserva. Los sismólogos del proyecto han asegurado que controlando estos comportamientos se pueden prevenir mejor los terremotos.

Otro ejemplo se dio en la región autónoma de Guangxi, famosa por su abundancia en serpientes. Allí utilizan desde hace bastante tiempo a esos reptiles para detectar mejor los seísmos. De hecho, el Buró de Sismología de Nanning, la capital regional, colocó cámaras de vídeo en granjas de serpientes. Los sismólogos del proyecto han asegurado que el control de estos comportamientos puede ayudar a prevenir mejor los movimientos telúricos. Se han recogido resultados estadísticamente significativos en cuanto a la frecuencia de comportamientos extraños en animales antes de un terremoto. Sin embargo, el investigador jefe del Instituto de Investigación Sismológica que depende del Buró Sismológico de China, Zhang Guomin, ha rechazado cualquier tipo de vínculo entre la conducta animal anormal y la sismología.

 

James Berkland, un geólogo retirado de California asegura por el contrario que él puede predecir un terremoto con un 75% de certeza simplemente con contar el número de mascotas perdidas que aparecen en los periódico y compararlos con los ciclos de la luna y las mareas. Berklan, que lleva años recopilando datos estadísticos de la cantidad de perros y gatos perdidos, afirma que éstos aumentan significativamente incluso hasta dos semanas antes de un terremoto. Su teoría se basa en que la variación gravitacional debida a los ciclos lunares crea lo que denomina “ventanas sísmicas”. Cuando, además de esto, las estadísticas de mascotas perdidas suben, entonces es el momento de alertar que un terremoto está a punto de suceder. Esa teoría no está aceptada, según su autor, principalmente por el paradigma actual que ve cualquier intento de predicción de seísmos casi como el trabajo de un aficionado al tarot. De hecho, el pasado terremoto de Chile fue predicho científicamente y publicado en 2009 en una prestigiosa revista que las autoridades no tomaron para nada en cuenta. Una división incomprensible entre la ciencia y las decisiones políticas. El caso es que Berkland fue suspendido de su cargo por impulsar esta idea pese a que predijo basado en sus teorías el terremoto de Loma Prieta ocurrido en 1989 en Carolina del Norte. 

Otra iniciativa occidental importante es la del científico David Jay Brown, quien trabajaba un día en su laboratorio de neurociencia en California cuando observó cómo tres conejos, muy tranquilos habitualmente, comenzaba a saltar y dar vueltas agitándose en sus jaulas durante aproximadamente 5 minutos. Un temblor de 5.2 sacudió todo el lugar al poco tiempo. Esta experiencia le llevó a desarrollar un estudio, a través de una encuesta telefónica a personas con mascotas, sobre la aparición de conductas anormales en esos animales antes de un terremoto. El 15% de los entrevistados afirmaron haber observado una conducta extraña en animales ante un fenómeno extraño. Esas conductas anormales indican que los animales estaban particularmente asustados, agitados, excitados, confundidos y desorientados con pánico, y que habían enloquecido. El momento temporal en el que se observaron estas conductas variaba desde algunos segundos hasta incluso una semana antes del seísmo. 

Lamentablemente a los científicos occidentales aún les cuesta bastante aceptar como posible hipótesis de trabajo estas señales del comportamiento anormal de ciertos animales como apoyo para un sistema de diagnóstico eficiente de terremotos. La mayoría de los geólogos y sismólogos tradicionales de occidente lo ven como algo folklórico, más cercano a la imaginación y al pensamiento mágico, que a la ciencia. El que un animal pueda ser un posible predictor de los seísmos no está admitido en todas partes. El sistema nacional de predicción de terremotos de EE.UU. no tiene un acierto homologado que esté por encima del azar. 

Afortunadamente no todos los científicos occidentales comparten esta tesis que, por cierto, como cualquier prejuicio, es una actitud poco científica. En ciencia se necesitan evidencias, y los prejuicios pueden bloquearlas. Los comportamientos anormales de ciertos animales antes de los seísmos, son susceptibles de ser estudiados científicamente. Y deberían serlo. Dada la magnitud de la catástrofe humanitaria, económica y social que implica un terremoto y un posible posterior tsunami de la magnitud de los recién acontecidos en Asia, es lógico investigar cualquier método de predicción que tenga cierta esperanza de ayudar. Además, todas las alternativas no son excluyentes sino, por el contrario, complementarias. 

Si bien es cierto que países que los utilizan, como China o Japón, aún están en pañales en cuanto a un sistema de predicción infalible o sospechoso. Así, como el sabio persa miraba las estrellas, la luna, el agua y los animales para predecir terremotos, nosotros podemos hacer uso de todas nuestras tecnologías y nuestra ciencia para ello. Es curioso que no demos crédito a la observación del comportamiento animal cuando las modernas estaciones de monitoreo en tierra y en mar lo que hacen en el fondo es observar y medir los comportamientos de la naturaleza para predecir un seísmo y alertar a la población.

Además, las tecnologías también pueden fallar y, dada la magnitud de un posible fallo, confiar todas nuestras decisiones exclusivamente a la información que nos da la técnica no es muy sensato. De hecho, las autoridades chilenas confiaron tanto en ellas que no dieron la alerta del tsunami y cuando el mar retrocedió, la gente no huyó ¡incluso, se dice que algunos aprovecharon para ir a recoger marisco!. Cientos de personas murieron por estos errores. 

De acuerdo a algunos científicos, lo único que podría lograr la especie humana respecto a los terremotos en general, es su predicción a corto y a largo plazo escuchando “la voz del subsuelo”, tal como lo hacen algunos animales, mediante el desarrollo del “oído eléctrico”, de altísima sensibilidad, que logra captar y amplificar las señales acústicas provenientes del interior de la tierra. Teniendo todo esto en cuenta, estudiar el comportamiento anormal de los animales frente a un fenómeno extraño no es una idea descabellada. La observación experimental de animales, tanto domésticos como salvajes, que se realiza en China podría ser perfectamente aplicable en un país sísmico como Chile. El costo no sería alto y el tener cierto grado de predicción por encima del azar, valdría la pena como complemento a los demás sistemas de predicción. Habrá que ver si realmente este método es útil, y de serlo, qué especies y qué señales particulares son las más hábiles para la predicción.

Eso ha prometido hacer el subdirector de la Red de Seísmos de China, Zhang Xiaodong, quien ha manifestado que "averiguar la relación existente entre los fenómenos naturales anormales y los terremotos es uno de los más importantes y difíciles retos en el estudio de este tema. Pero tendremos que hacerlo".

 

 

 

 


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